El volcán, Carmen y Pandora

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Cada día que pasa, prácticamente todos los españoles, dedicamos, al menos un instante, a pensar en los compatriotas de la isla de La Palma que ahora sufre las penalidades telúricas del volcán de Cumbre Vieja, con sus cráteres, y sus flujos de lava que lo arrasan todo, las casas antes habitadas y el trabajo de décadas de sus pobladores. En una muy reciente Tercera de ABC, la escritora Carmen Rocamora comentaba el suceso, tan extraordinario y de tantas facetas en carne viva. Y con un enfoque poético, comparaba la gran erupción volcánica con el episodio mitológico griego de la célebre caja de Pandora; que Zeus prohibió abrir a la joven, anunciándole todas las graves consecuencias en caso de desobediencia.

A pesar de todo, la orden del más alto de los dioses del Olimpo no fue tenida en cuenta: Pandora acabó levantando la tapa de la caja, y de ella salieron las miasmas más inimaginables, una emergencia de calamidades para los humanos. Aunque en el fondo –como sucede en el caso del volcán–, pervivió la esperanza. Así las cosas, seguro que cuando cese de salir la lava, emergerán soluciones salvadoras, que desde la solidaridad unánime serán origen de la revivencia de la Isla entera.

Estoy muy de acuerdo con Carmen Rocamora: hay que pensar en el futuro, y poner los medios para hacer que en la más bonita de nuestras Islas Canarias se sienta la fuerza de la fraternidad. La poesía lo tiene claro: ha de anticiparse un futuro que ahora ensoñamos, que vaya haciéndose nueva y luminosa realidad. Cese el volcán en su rugido profundo, y resuene la naturaleza apaciguada en las Islas. Lo hemos visto no pocas veces, y de nuevo habrá un retorno a los afanes de una entrañable vida renovada.