Opinión

A AMLO le crecen los raperos

Los políticos, antes prometían guiarse por su conciencia; hoy juran seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Algunos ganarían con seguir lo que les recomiendan los cantantes. A Andrés Manuel López Obrador, que hace unos días llamaba a los mexicanos a abrazarse con candor pese al Covid-19 porque es bueno abrazarse, le acaba de sacar los colores un músico urbano puertorriqueño. Se llama René Pérez Joglar, le dicen Residente, ganó 27 premios Grammy con el grupo Calle 13 y en su cuenta de Twitter le siguen seis millones de personas. Le recrimina que sea un irresponsable y toma la voz de millones de personas de todo el mundo indignadas por la actitud de sus gobiernos ante lo evidente.

AMLO es uno de esos mandatarios peluchables a los que uno se los cree de primeras: Andrés Manuel, el buen anciano. Atendí a su discurso del otro día como si mirara dos trenes chocándose. Llamaba a los mexicanos a abrazarse, pues «hay que abrazarse mucho» para vencer a la pandemia. En ese acto también tomó brazos a una niña y a mí me recordaba a Fraga cuando se bañó en Palomares. Hace un par de días, con las funerarias de Europa desbordadas y su propio país en fase 2 contra la pandemia, se apareció junto a su mujer en un restaurante –por qué no–, y animó a los mexicanos a salir a cenar, a disfrutar de la hostelería y les animó a que, contra la pandemia, se cuidaran: menos azúcar, menos sal y «menos tequila. Yo ya les diré cuándo no deben salir», concluyó. En ese momento, habló Residente con un tuit demoledor: «La vida vale más que la economía». La izquierda mexicana y sus politólogos cargaron contra él, no ya con el argumento de que no se podía saber lo que podía pasar –pues ya se sabe– sino acusándolo de querer entorpecer la lucha de AMLO contra la pobreza en el país. Aquí se viene la guerra del rap. Otro cantante apodado Danger AK ha compuesto una canción que llama a la rebeldía contra el confinamiento y a apoyar al presidente, pues quedarse en casa, decía en su letra, «es un lujo de ricos» y no seguir al presidente supone una deslealtad. Yo como va de cantantes la cosa, pienso que esta no me la sé, pero si me la tarareas, te la canto.

Recordé entonces otros casos, otras frases de otros políticos que han alcanzado el pico del absurdo justo antes del pico de la pandemia y han llamado a salir a la calle cuando existían razones para sospechar que era una locura. AMLO no está solo. En su balada de los abrazos y la ruleta rusa de la carga viral le acompañan los coros de otros. Fernando Simón, por ejemplo, animó a su hijo a acudir al 8-M cuando Sanidad había advertido de que el virus se transmitía a dos metros. Cuando a las mujeres que dudaban si ir a la manifestación, Carmen Calvo les dijo que tenían que asistir porque les iba «la vida en ello». Bolsonaro en Brasil sigue comparando al virus con «una pequeña gripe» y el Gobierno nicaragüense montó una manifestación para abrazarse contra el Covid-19. Qué podía salir mal.