Okupación
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Tenemos alcaldes, políticos okupas, que favorecen ese «movimiento». Incluso se ofrecen talleres pagados con dinero público donde se enseña a «liberar espacios»: esto es, a okupar la propiedad privada de otros y a salir impunes de un acto que, antaño, era delictivo pero que hoy es ampliamente comprendido y amparado por la ley, que pone el derecho a okupar por encima del derecho a la propiedad privada. Este último, ya no es un derecho sino una especie de afrenta intolerable en un Estado, y una mentalidad, que glorifica «lo público» por oposición a «lo privado» (considerado un privilegio insultante). Así, la propiedad privada ha pasado a convertirse en «un robo». Mientras el auténtico «robo», la okupación, la fomentan autoridades antisistema como método fácil de «convertir lo privado en público». Engañan a las masas con propaganda falsa. Prometen «justicia distributiva» aunque, en realidad, les estén quitando a los ciudadanos lo poco que tienen. Pero, como lo público «no es de nadie», nadie «se ocupa» de ello, tan solo «lo okupa». Vienen entonces el deterioro, las pintadas, la suciedad, fealdad… que proliferan en «espacios okupados», que suelen ser casas de ciudadanos que han trabajado con gran esfuerzo para conseguir una propiedad. Entre ellos, también pequeños inversores que contaban con ese bien para su vejez, y ven cómo se lo arrebatan con la complicidad y beneplácito de las «autoridades»… En el siglo XIX, en EEUU, donde no existía una aristocracia de estilo europeo, fue la burguesía industrial o terrateniente quien impuso sus principios de libertad y responsabilidad individual (cada uno es el forjador de su propio destino, sea este feliz o desgraciado), de pragmatismo positivista y de fe en las virtudes del trabajo. De este modo, impulsó la transformación de las ciudades norteamericanas en espacios regulados por el orden, contrapuestos al modelo europeo, que por entonces era insalubre, hacinado y problemático. Después de la Primera Guerra Mundial, la burguesía también se consolidó en las instituciones europeas, haciéndose cargo de aquellos organismos que aplicaban justicia, orden y ley… Mientras que, actualmente, los antisistema gobiernan el sistema. Una sociedad es el reflejo de su ley. Por eso hemos involucionado hacia modelos de deterioro, basura e inseguridad jurídica. Lo propio de quienes ostentan la autoridad política hoy, de quienes decretan leyes y deciden lo que es legal o está prohibido.