Lo que sí y lo que no de Irene Montero

España es, según se dice, uno de los mejores países del mundo para nacer mujer. Sin embargo, nuestra sociedad continúa cargada de automatismos discriminatorios

Criticar a Irene Montero, igual que desmontar a VOX, es muy fácil, lo difícil es rescatar de entre sus apasionadas e intransigentes pataletas juveniles, o de entre sus más pueriles totalitarismos (que además son peligrosos) algo que valga la pena. Sin embargo, lo hay.

Se cuestiona muchísimo a nuestra aniñada ministra y a su ministerio, pero, más que por el alcance de sus propuestas o acciones se debe a que hemos llegado al doloroso punto (al menos para mí) en el que los españoles no nos entendemos con nuestros gobernantes porque son más jóvenes que nosotros…

Teóricamente todos somos feministas, o al menos la gran mayoría que, afortunadamente, maneja unos mínimos de sentido común. A los que dicen que no lo son habría que preguntarles qué problema tienen con la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer, normalmente ninguno, de manera que también son feministas. Es tan simple y tan justo como la defensa de las mismas condiciones legales y profesionales para las mujeres… Lo que ocurre es que en la práctica todos somos (en mayor o menor grado) machistas y esto incluye a Irene Montero, por la dificultad que supone sustraerse a la inercia de 300.000 años (según los últimos hallazgos sobre el Hombre_y la mujer_en la tierra) de conductas similares al machismo (aunque no se hubiera inventado). Baste un ligero análisis: si juzgáramos a Podemos bajo la idiosincrasia ultra feminista de Podemos Pablo Iglesias caería inmediatamente.

España es, según se dice, uno de los mejores países del mundo para nacer mujer. Sin embargo, nuestra sociedad continúa cargada de automatismos discriminatorios (si alguien no los ve, me temo que va rezagado en la materia) y de comportamientos sociales, que dejan a la mujer en una posición de sutil desventaja (a veces flagrante).

Es entonces donde irrumpen Irene Montero y sus secuaces, sedientos de feminismo (como si lo hubieran inventado ellos) como vampiros neófitos, para desmantelar nuestra idiosincrasia, nuestras costumbres y nuestro código penal, y así acabar con las desigualdades desde sus cimientos y prenderles fuego en aquelárrica hoguera. Y miren, no me parece mal.

Muchas voces se preguntan para qué sirve el Ministerio de Igualdad (y todos los gastos de acarrea); se preguntan qué es lo que ha hecho el equipo de Montero, ya que la mayor parte de sus leyes han fracasado antes de nacer debido a la ineptitud a la hora de redactarse, presentarse, o directamente porque son imposibles de aprobar. Los españoles se preguntan a qué se dedica Irene Montero además de tipificar como delitos de odio las miradas de los varones heterosexuales ya declarados culpables, sin previo juicio del pecado original (esto es tan religioso) de ser más lascivos y agresivos que las mujeres.

“¿Hay alguna historia de amor que no haya empezado con miradas, bromas e insinuaciones? Digo de amor, no de sexo, pero si es de sexo tampoco pasa nada…” escribe Sánchez Dragó con incredulidad y sorna.

Sin embargo, más allá de su puritanismo coñazo* de neo monjita sin perspectiva ni tiempo para juzgar la historia, Irene Montero, con sus mohines histriónicos da en el punto de flotación de gran parte de los problemas de la ciudadanía. Desde su egolatría de hija única, nuestra ministra pone el foco, y ¡eso es magnífico!, sobre las desigualdades más prosaicas y enraizadas con las que vivimos “tan a gusto”.

Dice, por poner un ejemplo reciente, que “más de la mitad de las españolas ha sufrido algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida” … Y se la comen; lo cierto es que, a mis 43 años, como mujer sincera y amante de la verdad, cuando hablo con otras mujeres veraces, todas (y no exagero) cuentan con algún que otro mal recuerdo en sus vivencias, tanto en el terreno sexual como en cuanto a episodios de violencia. Y hablo de mujeres formadas rodeadas de hombres formados… imaginen en ambientes menos “académicos”.

Por eso, y por más exageradas que resulten sus campañas para eliminar el sexismo de las señales de tráfico o para salvar a las gallinas vírgenes de los gallos hipersexuales y maleducados… me parece genial que quiera regular por ley el reparto de tareas entre hombres y mujeres, así como el desarrollo de un sistema nacional de cuidados, porque_ lo siento Macarena Olona_ son “una carga de la que hay que aliviar” situada normalmente sobre los hombros de las mujeres.

A mí, que Montero busque un marco estatal para paliar la desigualdad flagrante entre el deporte femenino y el masculino (en la misma categoría) me parece bien. Yo aplaudo su lucha por una Ley integral de trata de personas, explotación sexual y reproductiva. ¿Y quién no?

El Ministerio de Igualdad se ha dirigido a 98 empresas e instituciones para reprobar supuestos comportamientos machistas en 2019, practicó 60 requerimientos en campañas de publicidad, 12 requerimientos por propaganda machista, 13 reclamaciones a medios de comunicación y páginas webs y otras 13 reclamaciones por «otros contenidos y actividades» machistas.

Irene Montero no me resulta simpática, ni graciosa, pero habla muy alto y muy rápido, está muy empoderada (desde luego su papel se lo ha creído) y lucha por estupideces, sí, algunas tan estúpidas que las normalizábamos y las teníamos por buenas.

*¿Lo ven? He aquí un automatismo machista de una periodista feminista, formada y cuidadosa…