El país sin autoestima

¿Somos ingenuos los españoles, pasotas, estamos dominados por la correspondiente anhedonia a los tiempos horripilantes del coronavirus?

España comienza a parecerse a Zimbabue, pero no en el manejo de la pandemia (ellos lo llevan muchísimo mejor) sino en el apaño que se hace aquí de los allegados del gobierno y el reparto de los puestos de relevancia. Y más aún por nuestra reacción.

Hasta su deposición en 2017 el presidente Robert Mugabe estaba preparando a su esposa Grace Mugabe para ser la próxima presidente de Zimbabue una vez que él renunciara; Sanchez, que se encuentra cómodo y lejos de una renuncia (no en vano va por su tercera subida de sueldo), después de varios sorprendentes ascensos laborales en la persona de Begoña Gómez, ahora le regala una Cátedra en la Universidad Complutense de Madrid.

Nuestro presidente, alardeando del espíritu socialista de la regeneración, se propuso acabar radicalmente con el paro desde su llegada (más hoy, en un momento de dramatismo económico y laboral como 2020). ¡Gracias Presidente! No esperábamos menos de un laborista… Lo que no sabíamos es que su idea de justicia conformaría un Gobierno mastodóntico adosado a una retahíla de enchufados y correligionarios o al rescate de amigos o familiares, sin demasiada ventura.

¿Somos ingenuos los españoles, pasotas, estamos dominados por la correspondiente anhedonia a los tiempos horripilantes del coronavirus? Lo que está claro es que nos comportamos de manera muy contradictoria.

Por un lado, el puritanismo castrador y pavoroso, de las Brujas de Salem donde todos estamos a una cerilla de ir a la hoguera en cualquier momento, como ilustra lo de las inofensivas e incluso apocaditas palabras de Fernando Simón, el nuevo machista en la pira. ¿Han visto el famoso video de las “enfermeras infecciosas”? Porque el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, independientemente de las controversias que genera cada día su gestión del Covid 19, no ha dicho nada incorrecto, ni misógino, ni denigrador de las mujeres. Y miren, que dimita, pero por negligencia, que no sea por la espiral de cinismo y la hipocresía que dominan la vida pública, donde hablamos de lo mismo de siempre: de tontos. ¡El verdadero escándalo!

Por otro lado, mientras tenemos al Profesor Chiflado, excusándose compulsivamente (-"Perdóneme aire, perdóneme viento") para que no le administren el garrote vil, nuestro Presidente no muestra el más mínimo rubor en regalar a su mujer la nueva cátedra en la Complutense sin tener, no ya un doctorado, tesis, estancias de investigación, ponencias, congresos a sus espaldas… ¡Sin tener una licenciatura ni a la mitad! Por lo visto, la primera dama presenta un único título no oficial obtenido en un centro de enseñanzas que no exigía como requisito ni la Selectividad y que impartía, entre otros, «formación para socorristas», «clases de técnicas de supervivencia», «oratoria», «técnicas de lectura rápida» y «formación de empleados».

Esto, que sería escandaloso en una serie de HBO, en House of Cards, es, por el contrario, en la realidad de una España noqueada por los abusos constantes, un fenómeno de lo más verosímil, porque estamos acostumbrados a que el gobierno haga con nosotros lo que le dé la gana.

¿Escandaloso? ¡Claro que es escandaloso! Inmoral, desvergonzado… Y no lo de las enfermeras de papá Pinocho, con los zapatos artesanos tostándose en la hoguera.

El asunto ha provocado cierta incomodidad (aislada y fácilmente sofocable) en la comunidad educativa, donde algunos profesores, incluyendo catedráticos, han mostrado su malestar con este presunto trato de favor a la esposa del presidente del Gobierno.

Aunque se trata de una cátedra extraordinaria y no funcionarial, ¡faltaría mas! estas se otorgan a alguien con un también “extraordinario” currículum académico, o en su defecto a un profesional de “extraordinario” prestigio que quiere conectarse con la universidad. En definitiva, que la persona nombrada ha de proyectar el suficiente reconocimiento y dejar claro que no se trata de un chiringuito para regocijo de algún enchufado; por eso estos docentes cuestionan a la elegida, que no tiene méritos ni un bagaje científico a sus espaldas (ni puede que el COU) para justificar que sea la directora de este nuevo proyecto investigador, a no ser que la meritocracia haya sido sustituida en el gobierno Sánchez por ¿cómo lo llamamos?

Veamos, ¿qué méritos profesionales puede presentar Begoña Gómez? ¿por qué no se ha abierto un concurso para que personas que tienen una trayectoria investigadora tras años y años de duro trabajo puedan acceder al puesto? ¿dónde se ha visto, en qué universidad o centro asociado se emiten titulaciones en las que los profesores o coordinadores poseen una inferior (o ninguna) a la exigida a los alumnos para cursarlas?

A la tercera pregunta, al menos, tenemos respuesta: ¡desde ya en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)! y (la cátedra) se llama: Transformación Social Competitiva, o mejor, en palabras de la propia mujer de Pedro Sánchez, «resetear el capitalismo» y hacer que los empresarios se conviertan en «activistas».