La «lubianka» ideológica de Iglesias

No hay nada peor que los historiadores serviles que anteponen su ideología al rigor académico

Cristina BejaranoLa Razón

La última ocurrencia del líder de Podemos es convertir el edificio de la Real Casa de Correos, actual sede del gobierno de la comunidad de Madrid, en un «centro de investigación sobre la memoria democrática». Es un disparate. A Pablo Iglesias solo le interesa la división y el enfrentamiento, porque sirven muy bien a sus intereses partidistas. Esto de reescribir la historia es característico del comunismo.

Hay que recordarle a Pablo Iglesias que la «memoria» no es Historia, sino una visión subjetiva, falta de rigor científico, de un acontecimiento o un periodo. No creo que incluya en su «centro de investigación» las brutales atrocidades cometidas por la izquierda durante la Guerra Civil. La lista es enorme y las checas son un fiel reflejo del concepto de democracia que tenían aquellos defensores de la libertad y la democracia. Decenas de miles de personas fueron torturadas, violadas y asesinadas durante la terrible represión roja. El rigor hay que aplicarlo a la represión y las atrocidades cometidas por ambos bandos.

Es bueno que se conozcan los expedientes de los condenados, a cualquier pena, por delitos políticos, una vez finalizada la Guerra Civil. Esto no le interesa a Iglesias y los suyos, algunos hijos de familias que formaron parte del bando vencedor y que ahora quieren limpiar su mala conciencia. Es bueno saber si las condenas eran arbitrarias o se había cometidos graves crímenes contra la humanidad.

No hay nada mejor que el rigor histórico para conocer lo sucedido. El problema es que esto no le interesa a Iglesias que quiere organizar su «lubianka» ideológica para imponer un relato sustentado en la mentira y la manipulación. Nunca he tenido el menor inconveniente en criticar los brutales excesos cometidos por las fuerzas nacionales en el marco de una terrible Guerra Civil, pero también por los republicanos. No quiero un centro de la desmemoria para limpiar la mala conciencia y las falsedades de estos pijo-progres carcomidos por el resentimiento.

No quiero una España permanentemente divida entre rojos y azules como sucedió durante la idealizada Segunda República. Estas dos Españas que han marcado nuestra Edad Contemporánea desde las Cortes de Cádiz me parecen un horror. Hay demasiado profesional de la «memoria» y faltan historiadores rigurosos dispuestos a estudiar ese largo periodo que comienza el 14 de abril y que finaliza con la muerte de Franco. No hay nada peor que los historiadores serviles que anteponen su ideología al rigor académico para lograr el aplauso fácil, las subvenciones y las cátedras.