Oxígeno en Marte

La ciencia ficción ha dejado de ser un género literario para pasar a ser una realidad y acabar siendo un viaje a ninguna parte para salvarnos de nosotros mismos.

La NASA obtiene oxígeno en Marte y muchos ya piensan en montarse allí unas crónicas marcianas con chaletazos y piscifactorías para los domingos con la family. El hombre llegó al Planeta Rojo con la imaginación antes que, con la ayuda de la ciencia, pero ahora que tenemos allí esa avanzadilla de vehículos robotizados, lo primero en lo que se piensa no es en los fantasiosos relatos que leímos durante la adolescencia, sino en el coste que tendrá allí el suelo y cuánto valdrá urbanizarlo y desmineralizarlo. Desconozco si en el interior de cada hombre reside un alma, de lo que no hay duda es que hay un ladrillero.

El mundo ha pasado de ser un globo inabarcable a un orbe del reducido tamaño de una pelota de tenis. La ciencia ensanchará el conocimiento, pero achica la geografía. Lo cierto es que ahora, por expansión del hombre o reducción de nuestro mundo, la Tierra se está llenando de humos y malos humos. Y, probablemente estos segundos son más cruciales que los primeros. Por mucho que un Biden henchido de optimismo asegure que reducirá las emisiones de CO2 de su país a la mitad al final de esta década, que es precisamente lo que siempre se repite cuando se comienza una, lo cierto es que en la trasera de Estados Unidos tiene un juego de contaminaciones ideológicas que resulta más peligroso que regalarle un Zippo a un pirómano.

El último libro de Anne Applebaum, «El ocaso de la democracia», arranca con una cita oportuna de Julien Benda: «Nuestra época es de hecho la época de la organización de los odios políticos». El chaval, aunque escribió la frase en 1927, no iba nada mal encaminado. Hay gente que viene dotada de una claridad meridiana. Y eso que aún no existía Twitter. Pero lo clavó. Hubo un momento en la Historia en que la política servía para lo mismo que los barcos: para acercar orillas alejadas. Pero desde hace un tiempo le han dado el mismo uso que a un hisopo, solo que, en vez de utilizarlo para esparcir agua bendita, lo emplean para difundir enemistades, recelos, malos rollos y otras gaitas que impiden aproximar posturas.

La exploración espacial comenzó empujada por el anhelo de saber más y ahora se ha convertido un viaje perentorio para salvar la humanidad antes de que la basura supere cuotas tibetanas y que acabemos enzarzados en unas disputas y tensiones partidistas, aunque según el share de pantalla cada día interesan menos. La ciencia ficción ha dejado de ser un género literario para pasar a ser una realidad y acabar siendo un viaje a ninguna parte para salvarnos de nosotros mismos.