Que se mueran los feos

Sánchez no ha hecho nada para llegar victorioso de EEUU pero regresa galán

ALBA VIGARAYEFE

Pedro Sánchez ha encontrado su lugar como mejor reclamo turístico de España. Oigan, otros ni eso. Los guapos, los guapos a rabiar, son españoles, es con lo que se han quedado los medios de EEUU. Belarra hablando de los fondos buitre, la oposición derechona haciendo bromas con la estética del presidente. Pero, a ver, eso es envidia, muy mal karma chicos, que no os sienta la chaqueta «slim fit» igual que al presidente, que a Pablo Iglesias le salía chepa. Si Pedro Sánchez fuera mujer, algo que podrá cambiarse si se acoge a su propia Ley de Igualdad, hablar de su belleza sería considerado machista, pero ahora que se nos revela con ideología no binaria y ecosexual no ha lugar. Sánchez ha hecho un cruce de piernas a lo Sharon Stone con sus no bragas y ha dejado al público con sus instintos básicos fijándose en el parecido a Supermán cuando aquí creíamos que era Pedrín el de Roberto Alcázar por lo de la Memoria Democrática. Según uno de esos reputados estudios que uno no sabe si creerse, pero que animan el estío, los guapos (y las guapas, Arrimadas, entérate) tienen de partida un diez por ciento de ventaja en las elecciones, un extremo que tiene en cuenta Tezanos, para que luego le acusen de mal sociólogo. El CIS toma los resultados y le añade un diez por ciento. Es que es de cajón. No nos extrañe. Hay cantantes que sueltan gallos y triunfan por su cara bonita y actores petardo que rompen taquillas con solo asomar la nariz. La política espectáculo tendría que llegar a esto. El juicio de la belleza por encima de los actos como en una encrucijada platónica en la que Sánchez sale de la cueva y aparece esculpido. Que se mueran los feos, cantaban Los Sirex, porque eran los que ligaban con su labia a falta de hermosura. Eso vienen a decir los medios. Sánchez no ha hecho nada, nada es nada, para salir victorioso de un viaje errático, y sin embargo regresa como un galán por el que no pasa el tiempo, como Máximo Valverde, que también se tiñe. Reconozcamos el mérito. Sánchez es guapo. No ha hecho nada para conseguirlo. Mientras tanto, Joe Biden se mira al espejo cada día. Y no hay manera. Que se opere.