Alarma en la escuela

Con esta nueva ley unilateral que pretende manejar el alma, la sexualidad y el corazón de los niños educándolos moral y cívicamente según la doctrina laicista y la ideología de género, el conflicto está garantizado.

FOTO: EUROPA PRESS

La ideología de género está a punto de invadir e infestar la escuela. La aplicación de la nueva ley de Educación está provocando alarma en las aulas. El propósito de adoctrinar a los niños desde la más tierna infancia y a los adolescentes aplicando dicha ideología, que las grandes religiones consideran perniciosa y que el Gobierno quiere imponer como seña de progresismo, amenaza con provocar en España un conflicto de imprevisibles consecuencias. Junto con la nueva asignatura troncal de educación cívica, que recuerda la de Formación del Espíritu Nacional del franquismo, los más críticos ven en esta importante iniciativa política de la izquierda un propósito totalitario.

Por supuesto, en el nuevo proyecto educativo, el estudio de la Religión –siquiera como historia de las Religiones– quedará eliminado o arrinconado en el aula, reducido a la marginación y a la insignificancia. Esa fue la primera decisión de la ministra Celáa al iniciar el borrador. Para estos aprendices de brujo España, esta vez sí, ha dejado de ser católica. Definitivamente. Sobran las biblias y las cruces, empezando por la cruz de Cuelgamuros. Rige en el presente mundo oficial una exacerbada mentalidad laicista, cargada de una supina ignorancia y adobada con la susodicha ideología de género, que para muchos pensadores, no sólo católicos, es la gran peste moral del siglo XXI.

Hubo un momento, en tiempo de la Transición, en el que se desarrollaron conversaciones secretas, con nocturnidad y buena fe, entre representantes de la Iglesia católica y del PSOE para alcanzar un pacto educativo. Estuvo a punto de lograrse. Habría sido un acontecimiento histórico. Al final fracasó por unas cosas o por otras y no ha vuelto a intentarse, que se sepa. El Partido Socialista aún no ha resuelto su política religiosa, uno de los problemas que sigue arrastrando desde sus orígenes y que tan funesto ha resultado y sigue resultando para la convivencia democrática en España. Desde Zapatero –y no digamos con Pedro Sánchez– eso ahora es pedir peras al olmo. Y sin un gran pacto ético entre la España católica y la España laica no puede haber una buena, razonable y consistente ley de Educación, pactada como Dios manda. Ahí tienen la prueba: con esta nueva ley unilateral que pretende manejar el alma, la sexualidad y el corazón de los niños educándolos moral y cívicamente según la doctrina laicista y la ideología de género, el conflicto está garantizado.