La sonrisa de Ione Belarra

Doña Ione esquiva la realidad, o se la inventa, afirmando que «ha reinado la ley de la selva en España en materia de vivienda»

Jesús Hellín Europa Press

La señora Ione Belarra, secretaria general de Podemos y actual ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, entrevistada en la Cadena Ser, sonrió amablemente. Dirá usted: mucha gente sonríe, gracias a Dios, con perdón. Pero lo interesante no fue la sonrisa sino lo que decía mientras se le iluminaba la cara (la puede usted ver aquí).

Afirmó que habrá una protección contra los desahucios «muy importante», y que, en todas las promociones de viviendas, públicas y privadas, habrá una reserva del 30 % para viviendas protegidas, y la mitad de ese 30 % será para alquiler social, lo que zanjó diciendo con una amplia sonrisa: «es la mejor medida para construir sociedades más igualitarias, más libres y más felices, que es nuestro objetivo».

Es un ejemplo de las deficiencias del populismo, que siempre ignora los costes de sus medidas. Cuanto más bloqueados estén los desahucios, más aumentarán los precios de venta y de alquiler de viviendas, castigando así a los que pagan en beneficio de los que no pagan. Si el 30 % de las viviendas tendrá un precio de venta o de alquiler inferior al de mercado, esto significa que la señora Belarra está celebrando que el 70 % de las viviendas se encarecerá o que las personas pagarán más impuestos. En ambos casos los populistas proponen y aplauden que la gran mayoría de los trabajadores se empobrezca. La sociedad no será más igualitaria, no será más libre, y desde luego en esas condiciones no parece convincente afirmar que la mayoría del pueblo será más feliz.

Doña Ione esquiva la realidad, o se la inventa, afirmando que «ha reinado la ley de la selva en España en materia de vivienda». Esto nunca ha sido verdad, y desde luego no lo fue en el franquismo, que ella aprovechó para criticar, olvidando que las medidas de control de alquileres fueron promovidas por la dictadura, con el resultado esperable de que se cargó el mercado del alquiler y el cuidado de las viviendas de «renta antigua». La ministra ignoró que la vivienda ha sido profunda y profusamente regulada en nuestro país, antes y después de Franco. Con los resultados conocidos.

Llegó a concluir que las burbujas son culpa de los propietarios de vivienda, como si no hubiera intervención pública en la moneda y el crédito.

Sigo sin saber por qué la señora ministra sonreía.