«NoVac YoCovid»

FOTO: LOREN ELLIOTT REUTERS

Las ingeniosas redes sociales, convertidas en el areópago del mundo, han viralizado que llamarse Novak Djokovic –leyendo su nombre como «NoVac YoCovid»– parece haber destinado al tenista serbio a que le suceda lo que le está pasando en Australia a cuenta de su rechazo a la vacunación.

Cuando vamos camino de dos años sometidos a una «nueva normalidad» que, al parecer, consiste en pasar de variante en variante rompiente de ola en ola, vacuna tras vacuna, dosis a dosis, con la amenaza de nuevas permutaciones y combinaciones, la situación empieza a sobrepasar a una población a la que continuamente se martillea con la cifra de contagiados –sintomáticos o no–, los test de antígenos, los pasaportes Covid, los ingresados en planta y en UCI, y los fallecidos.

Si sobrevivir al maldito virus exige soportar indefinidamente este martirio, es normal que no pocos se debatan en convertirse en negacionistas, conspiranoicos o dudacionistas sobrevenidos, concretado a la postre en plantarse para decir «¡Basta ya!, hasta aquí hemos llegado». Y es que tenemos aún muy reciente la consigna global «De ésta salimos unidos y más fuertes», anunciando el final de la pandemia con la anhelada vacuna, cual si fuera el elixir de la vida, de la eterna juventud o de la inmortalidad.

Por ello, no sé si puede ser exagerado convertir a Djokovic en un nuevo Espartaco –lo de Jesucristo ya es demasiado– liderando un combate mundial por la libertad. Sin habérselo propuesto, puede llegar a verse así si la situación no cambia. El presidente Macron, candidato a la reelección, se ha permitido decir que está dispuesto a hacer la vida imposible a los que se niegan a vacunarse –en realidad, la expresión fue demasiado vulgar para reproducirla aquí–, lo que ha creado una tensa polémica en el país vecino, con un clima social cada vez más caldeado, como es palpable.

Ya he comentado que pertenezco al numeroso grupo que ya va por la tercera vacuna o dosis de refuerzo –dos de Pfizer y mitad de Moderna en mi caso– y, aún así debemos ir amordazados al aire libre, con pasaporte Covid según locales y territorios, y con test negativo de antígenos, planteándonos cuándo habrá una vacuna esterilizante que impida contagiarte y contagiar. Los presuntos epidemiólogos dicen ahora que Ómicron es menos letal gracias a la vacunación, pero resulta que en Sudáfrica, de donde los «sabios» aseguran partió la variante, se ha conseguido el control del virus con apenas un 26% de la población vacunada.

Que esto acabe pronto, o los que sobrevivan al Coronabicho morirán víctimas del que ya aparece como un endémico enfrentamiento fratricida.