Pon el impuesto y corre

El PP inicia el movimiento y el PSOE reacciona. Los papeles están invertidos y esa es la peor noticia para Sánchez.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante su intervención en el pleno celebrado este jueves en el Congreso
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante su intervención en el pleno celebrado este jueves en el Congreso FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Lo peor que le podía pasar al sanchismo es que el debate público sean los impuestos. Es una buena muestra de que el Ejecutivo está en su fase terminal, porque cuando un Gobierno pierde la iniciativa en la agenda de discusión es un Gobierno acabado. Así, el PP inicia el movimiento y el PSOE reacciona. Los papeles están invertidos y esa es la peor noticia para Sánchez.

Además, los vientos foráneos van por otro lado. Bruselas ya ha llamado la atención varias veces al Gobierno de España por no ejecutar los fondos europeos. No sorprende. Estamos casi en octubre y Sánchez solo ha ejecutado un 16% del dinero europeo para este año. El asunto es grave, porque ese dinero está pensado para reactivar la economía, lo que supone que el retraso sanchista, o su negligencia, están perjudicando a España.

En el Reino Unido, la sexta economía mundial, el Gobierno ha anunciado una rebaja masiva de impuestos para incentivar el mercado, el consumo y los sectores productivos. Hablamos de unos 51.000 millones. Lo mismo ha hecho el socialdemócrata Scholz: guardarse la ideología para que la gente mantenga su poder adquisitivo. Es lo mismo que está haciendo el PP donde gobierna.

Esto demuestra que las cosas se pueden hacer de otra manera. Es posible poner en marcha soluciones imaginativas que devuelvan la confianza a la gente y mantengan su propio dinero en sus mismos bolsillos. No es obligatorio poner en marcha un Estado confiscatorio, ni pronunciar discursos contra «los enemigos del pueblo». No somos niños pequeños a los que confiscar la paga porque no sabemos administrarnos y mucho menos idiotas que no veamos la intención manipuladora de la izquierda.

El protocolo sanchista es siempre el mismo cuando el PP se adelanta y lo deja en evidencia. Primero lanzan a políticos y a sus terminales mediáticas a insultar a la oposición. Luego, presos del nerviosismo, lanzan cualquier cosa, en plan tinta de calamar.

Esta semana nos ha brindado un buen ejemplo. Socialistas y podemitas se han puesto furiosos porque Moreno Bonilla ha suprimido el Impuesto de Patrimonio. Dicen que con el dinero que se pierde ya no habrá ni sanidad ni educación públicas en Andalucía, lo que es una falsedad.

La reacción del Gobierno, siempre por detrás de la oposición, ha sido anunciar un impuesto a las grandes fortunas. La noticia la dio la ministra de Hacienda, confesando a la vez que todavía los técnicos no lo habían estudiado a fondo. El objetivo, dijo, era contrarrestar la decisión autonómica.

Es una pena, pero detrás de las medidas económicas del Gobierno no hay un cálculo general ni siquiera la búsqueda del interés general. Cada vez es más transparente que los decretazos fiscales del sanchismo solo tienen el propósito de reforzar el relato fantasioso que presenta al presidente como un defensor de los pobres frente a la malvada derecha económica, política y mediática.

Bajar impuestos, no, porque se dejan de ingresar en Andalucía unos 110 millones de euros, que no llega al 0,66% de la recaudación tributaría total de la Junta. Es curioso, porque Sánchez ha estado en EEUU y se ha gastado 573 millones en donaciones. Regala cientos de millones que salen de nuestros impuestos para su imagen personal en lugar de dedicarlos a la sanidad o la educación, como diría su Gobierno.

Sánchez está centrado en su afán de tener un perfil de «actor global» que le procure un empleo para cuando pierda las elecciones. Es un maestro en esto. De ahí su obsesión por la presión fiscal, porque regalar dinero abre muchas puertas. Y ahora lo mollar son esas instituciones que manejan pasta pública para cumplir la Agenda 2030 que nos aplican sin habernos consultado. Luego dirán que la gente desconfía de los políticos.