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Orden de Malta

Tiempo de lectura 2 min.

30 de enero de 2017. 00:24h

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Antonio Pelayo 30/1/2017

La grave crisis en las relaciones entre la Orden de Malta y la Santa Sede ha acabado como podía preverse: con la dimisión el 24 de enero del gran maestro Matthew Festing y la apertura de un proceso para elegir a su sucesor. Proceso que será supervisado por el delegado personal que el Papa nombrará con unos poderes que serán definidos en el momento de su nombramiento. La orden seguirá siendo soberana, pero se acentúa el control vaticano sobre ella. En una carta del secretario de estado cardenal Pietro Parolin, a los miembros del Soberano Consejo de la SMOM, con fecha 25 de enero, se afirma además que «todos los actos realizados por el gran maestro después del 6 de diciembre de 2016 son nulos e inválidos». Esto quiere decir que se anula el cese del gran canciller el «freiherr» alemán (barón) Albrecht Boeselager y su expulsión de la orden, así como el nombramiento de su sucesor «ad interim». Por ahora el gobierno queda en manos del gran comendador Ludwig Hoffmann von Rumerstein. El cardenal Parolin en la carta que mencionamos añade que el Papa reconoce «los grandes méritos de la orden en la realización de tantas obras para la difusión de la fe y al servicio de los pobres y de los enfermos». Y en el comunicado de la sala de prensa que anunciaba la dimisión de Festing se subrayaban sus «sentimientos de lealtad y devoción hacia el sucesor de Pedro y por la disponibilidad para servir humildemente al bien de la orden y de la Iglesia».

En efecto la orden es una muy eficiente organización que durante siglos ha asegurado la protección de los peregrinos a los santos lugares y, en la actualidad, demuestra una rara eficacia en la asistencia humanitaria. Es sabido, por ejemplo, que es la única institución del mundo capaz de abrir en 62 horas un hospital de campaña en cualquier lugar del mundo donde se haya registrado una catástrofe o una epidemia. En este complejo asunto queda por dilucidar el papel del cardenal Raymond L. Burke, patrón de la orden, que es conocido como el instigador número uno de la oposición al Papa Francisco. Sus poderes e influencia, en todo caso, quedarán prácticamente anulados cuando el Santo Padre nombre a su delegado personal ante la SMOM.

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