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Con Argentina, con la vida

Tiempo de lectura 4 min.

11 de agosto de 2018. 21:34h

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11/8/2018

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El Senado argentino ha rechazado esta semana el proyecto legislativo que pretendía ampliar los supuestos de despenalización del aborto por 38 votos frente a 31. La votación vino precedida de una enorme presión en la calle liderada por grupos feministas y de izquierdas que, pese a todo, no lograron impedir que la Cámara Alta se pusiera del lado de los más débiles. Ha sido un respaldo a la vida con mayúsculas que habla bien alto de la ética y la moral de los legisladores argentinos, que no han claudicado y se han mantenido firmes en su defensa frente a la muerte. Una batalla que trasciende fronteras, razas, tendencias políticas y luchas de género y que está enraizada en lo más profundo del ser humano. Porque, ¿qué hay más importante que la protección de los que no pueden hablar por sí mismos?

Vivimos momentos de grandes incertidumbres en los que parece que nos hemos quedado sin verdades absolutas, que todo vale y que el individualismo es la nueva religión. Los valores tradicionales se ponen en duda a cada paso y las convicciones éticas son livianas, de usar y tirar. Por eso mismo ningún momento como el actual para recordar que hay principios inmutables, líneas rojas que no se deben cruzar. Y el derecho a la vida debe ser la primera de ellas.

Debemos dejar de asociar el aborto con el ejercicio de un «derecho» de la mujer, cuando se trata de todo lo contrario. Matar a otro ser humano nunca puede calificarse como tal. Como mucho, un delito despenalizado en algunos supuestos. Nuestro ordenamiento constitucional reconoce la protección del nasciturus pese a que cada año se practican en nuestro país unos 100.000 abortos. Aún estamos esperando que el Tribunal Constitucional se pronuncie desde que en 2010 el Partido Popular impugnara la ley aprobada por el PSOE. Es una dilación completamente incomprensible que debe tener cuanto antes un punto y final. Nuestro país se merece una reforma de aquella ley socialista que el Gobierno del PP dejó inconclusa debido a su proceder ambiguo. Es una reforma que queda pendiente y que no ha de asociarse a una coyuntura política determinada, es una cuestión mollar. Se trata de restablecer la legalidad constitucional alterada y de honrar nuestros compromisos internacionales. España firmó el 21 de abril de 2008 el convenio de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en cuyo artículo 10 puede leerse que los Estados firmantes «adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo del derecho a la vida por todos los países con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás».

El aborto es un fracaso, no una necesidad que pida a gritos ninguna sociedad. Muchas de las argumentaciones a su favor son falaces e interesadas, también desde el punto de vista económico. Una de ellas es la gran cantidad de mujeres que mueren cada año por intervenciones clandestinas. Hay todo un negocio en torno a la interrupción del embarazo que no se debe ignorar. Hemos de combatir todas estas mentiras con un plan estratégico de educación que forme a nuestros jóvenes en el respeto a la mujer, en la igualdad y en la responsabilidad de los actos cometidos. Las medidas anticonceptivas existen y tienen la finalidad precisamente de no llegar al callejón sin salida del aborto.

Demos la cara por los que aún no han llegado a este mundo. No hay una cruzada que defina más nuestro nivel de desarrollo como civilización y, en este sentido, Argentina ha dado una lección al mundo entero.

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