Opinión

El neosultán

El tercer mandato de Erdogan terminará con las esperanzas de un socio más predecible en la OTAN

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a quien los sondeos situaban cinco puntos por detrás del candidato de la oposición unida, Kemal Kiliçdaroglu, logró el domingo una remontada inesperada y quedó cinco puntos por delante. Con el 49,5% de los votos, se le ha escurrido de las manos la mayoría en la primera vuelta, pero encara la segunda, prevista para el 28 de mayo, desde una posición de fuerza. La oposición democrática no puede contar los votos del tercer candidato, Sinan Ogan, una escisión ultranacionalista del AKP, que dio la campanada al obtener el 5% de los sufragios. Kiliçdaroglu, sin embargo, ha tratado de arrebatar a Ogan una de sus banderas al pedir la expulsión de los refugiados sirios acogidos por Erdogan. A pesar de esto, haría falta un golpe de efecto para impedir que el presidente turco obtenga un tercer mandato y frustre las esperanzas de la OTAN de tener un socio más amigable y predecible.

Las condiciones parecían propicias para poner fin a dos décadas de Gobierno autoritario de la AKP. Los analistas y las encuestas mostraban a un electorado furioso con el presidente turco por su mala gestión del doble terremoto de febrero, en el que murieron más de 50.000 civiles. Además, la inflación galopante (ronda el 44%), la crisis monetaria (la lira se ha desplomado un 76% respecto al dólar desde 2018), la pobreza, la corrupción generalizada y la erosión de los derechos humanos parecían haber puesto de manifiesto la incompetencia de Erdogan para seguir en el poder. Sin embargo, los votantes turcos tanto del interior como de las zonas urbanas, han dejado claro que prefieren al «hombre fuerte» que lidere el país entre las múltiples crisis antes que optar por un cambio. Erdogan se ha impuesto incluso en las zonas del sur en la que se produjo el devastador terremoto. En las principales ciudades en las que había perdido terreno en las municipales de 2019 ha conseguido mantener un honorable segundo puesto. El viento sopla a favor del neosultán. Es fácil navegar a velocidad de crucero cuando soplan a favor todos los medios de comunicación. Las críticas de la OSCE al sesgo partidista en las informaciones provocaron la expulsión de una delegación de diputados españoles. Kiliçdaroglu tuvo que recurrir a YouTube y a las redes sociales para transmitir sus mensajes, lo que le hizo un candidato prácticamente inexistente en las zonas más rurales. El clientelismo tejido por Erdogan durante los últimos 20 años se extiende también por la judicatura que no ha dudado en silenciar o encarcelar a sus críticos. No obstante, la movilización ha sido masiva (el 89% de participación) lo que enfatiza el triunfo del islamista.

Kiliçdaroglu ha prometido seguir luchando, pero tiene que escalar una escarpada montaña. Los mercados han sido su mejor aliado al reaccionar negativamente a la perspectiva de otros cinco años más de gobierno del AKP, el coste de los seguros contra el riesgo de impago de la deuda turca se disparó. Los efectos que estas turbulencias están por escribirse, pero Erdogan parece seguro de su victoria. El neosultán todavía necesita mantener una influencia internacional y eso puede servir a Occidente para obligarle a que levante el veto de Suecia en la OTAN. Más difícil tendrá frenar la huida de Turquía hacia la autocracia, pero hay que recordarle que en la Alianza solo caben democracias.