Apostar por la farmacia es fortalecer el Sistema Nacional de Salud

El pasado 22 de julio, el Pleno del Congreso de los Diputados aprobaba con una amplia mayoría –que incluía el apoyo del PSOE, PP, Unidas Podemos y Ciudadanos–, el Dictamen de la Comisión de Reconstrucción Social y Económica en materia de Sanidad y Salud Pública. En la profesión farmacéutica consideramos que estamos ante un buen punto de partida.

Es verdad que no compartimos todas las propuestas que forman parte de dicho documento; y que, incluso, algunas pueden llegar a poner en peligro el que, ya sin duda y después de lo vivido durante los 100 días de Estado de Alarma, ha confirmado con hechos que es uno de los mejores modelos de farmacia del mundo. De ahí que cuando se habla de reconstruir el Sistema Nacional de Salud (SNS), lo más inteligente es aprovechar y potenciar aquello que ha demostrado ser tan útil como eficaz.

Es el caso de la red de 22.104 farmacias que hay en España, que incluso en los peores momentos de la emergencia sanitaria, estuvo operativa al 99,8% haciendo realidad el lema «La cruz de la farmacia no se apaga». Pero no sólo hemos garantizado el acceso a los medicamentos a todos los españoles con independencia de su código postal; hemos ido más allá. Daré un dato: hemos presentado a las autoridades sanitarias hasta 35 propuestas durante el confinamiento y la desescalada para garantizar el abastecimiento de medicamentos, poner fin a la especulación respecto al precio de las mascarillas, llevar la medicación a personas mayores o dependientes, colaborar con los hospitales en la dispensación de medicamentos o, incluso, iniciativas sociales como ofrecer ayuda a las mujeres que sufrían violencia de genero durante el confinamiento a través de la iniciativa Mascarilla-19. Y, ahora, en la fase de rebrotes, también estamos dispuestos a colaborar en la detección precoz de posibles contagiados. Es reacción propia de una profesión sanitaria movida por la vocación de servicio y la continua mejora de la salud y bienestar de todos los ciudadanos.

Proyectos pilotos en los que estábamos trabajando en el ámbito de la receta electrónica, de la prestación farmacéutica domiciliaria o de atención a colectivos más vulnerables han demostrado su eficacia. El resultado, además de que nueve de cada diez españoles valore positivamente la labor de la farmacia frente a la Covid-19, es que toda esa labor se ha transformado en una valiosa experiencia que despeja cualquier duda sobre la necesidad de mejorar la coordinación entre la farmacia comunitaria y el conjunto del SNS, especialmente la atención primaria.

No es casualidad. Somos una profesión sanitaria que llevamos mucho tiempo preparándonos para el futuro. Por eso, además de estar a la altura de las circunstancias ante los ciudadanos, el pasado 8 de junio, presentamos en el Congreso de los Diputados una de serie de iniciativas destinadas a fortalecer el Sistema Nacional de Salud.

Algunas de ellas se han incluido en el Dictamen definitivo. Es el caso del punto 47.8, que apuesta por «Impulsar buenas prácticas en farmacia comunitaria y el desarrollo del papel asistencial y sanitario del farmacéutico, en coordinación con los profesionales de Atención Primaria»; del punto 49, que se refiere a la necesidad de «asegurar la accesibilidad de los pacientes a los medicamentos prescritos de forma adecuada (…) y llevar a cabo el seguimiento de los ‘«desabastecimientos», analizar sus causas y resolver progresivamente este problema que afecta a pacientes y profesionales sanitarios»; o el punto 71, que recoge expresamente «garantizar la sostenibilidad de las redes de farmacias, para su labor sanitaria social y de cohesión territorial».

Pero sería ingenuo pensar que ya está todo hecho. Somos conscientes de que ahora queda por delante un largo proceso político y legislativo que requerirá coherencia entre texto aprobado y las medidas legislativas que se aprueban durante los próximos meses, de forma que no estemos sólo ante un listado de buenas intenciones. Y la mejor garantía e instrumento para avanzar por el camino correcto es apostar por el consenso entre todos los actores implicados como garantía e instrumento para avanzar en la buena dirección. 

En nuestro caso, el hecho de que el 98% de los ciudadanos confíe en su farmacéutico es, ante todo, un estímulo que nos impulsa a seguir mejorando. Esa confianza se transforma en el compromiso colectivo de toda la profesión farmacéutica –tanto de los 75.000 farmacéuticos colegiados como de toda la Organización Farmacéutica Colegial– de trabajar conjuntamente con todos para ser parte de la solución a los desafíos a los que se enfrenta nuestro Sistema Nacional de Salud.

Porque si hay una certeza, esta es que no se podrá reconstruir la sanidad sin contar con la farmacia y los farmacéuticos. De ahí, que nuestra actitud sea siempre constructiva y abierta al diálogo y al trabajo con el Gobierno, con todas las fuerzas políticas, con las autoridades sanitarias, con otras profesiones sanitarias, y con ciudadanos y pacientes. Porque estamos convencidos que el camino del futuro –el que nos lleve hacia un SNS más eficiente, humanizado y sostenible– es un camino que queremos y debemos recorrer juntos.