Así bombardearon la lava del Etna con siete toneladas de explosivos

Polémica ante la propuesta del presidente del Cabildo de La Gomera de usar aviones militares

Una calle cubierta de ceniza del Etna en Piedimonte el pasado día 23
Una calle cubierta de ceniza del Etna en Piedimonte el pasado día 23ANTONIO PARRINELLOREUTERS

El presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo, ha sugerido «bombardear» la lava desde aviones militares para modificar el trayecto de las coladas lávicas y minimizar así el daño a edificaciones, cultivos e infraestructuras.

La idea de utilizar bombas para frenar el avance de la lava no es nueva, como recuerda Lorenzo Pasqualini, geólogo de Meteored. En Sicilia, durante las erupciones del Etna de 1983 y 1991-1993, se utilizó esta técnica cuando la lava amenazó algunos centros habitados situados en las laderas del volcán. Sin embargo, los explosivos no se lanzaron desde aviones militares, fueron colocados desde tierra de forma precisa para modificar la morfología del terreno y desviar la lava, después de una atenta planificación. Cabe destacar que el entorno del Etna es muy distinto al de Cumbre Vieja; los pueblos italianos están situados a una distancia bastante mayor de las bocas eruptivas. Es importante también la diferencia de desnivel: en el Etna hay mucho recorrido, tanto en longitud como en altura, antes de que la lava alcance los centros habitados.

El 14 de mayo de 1983 los explosivos para cambiar la dirección de la lava, que amenazaba dos centros habitados, se utilizaron por primera vez en el volcán siciliano, y se considera la primera intervención de este tipo en Europa. Programada por volcanólogos italianos apoyados por expertos en explosivos originarios de Suecia, esta acción encontró muchas críticas, tanto por parte de otros vulcanólogos como de ambientalistas. Incluso sus resultados fueron considerados «insuficientes» por una parte importante de expertos, aunque también hay debate sobre este tema.

Con esta explosión se obligó la lava a fluir en un canal preparado previamente por el Ejército. La preparación se topó también con varios problemas técnicos, entre los cuales la colocación de material explosivo en una zona muy caliente.

Diez años más tarde, en la erupción del 1991-1993, los explosivos volvieron a ser utilizados. Inicialmente se intentó modificar la colada lávica –que amenazaba el pueblo de Zafferana– construyendo diques y lanzando bloques de hormigón desde los helicópteros. Al final, en el mes de mayo de 1992, los explosivos volvieron a ser utilizados –7.000 kilos de explosivo utilizados– para «obligar» a la lava a entrar en un nuevo canal previamente preparado. Tanto en este último caso como en el de 1983, el debate sobre el uso de explosivos para desviar las coladas lávicas y su eficacia ha sido muy intenso en Italia.

El Etna experimentó el sábado pasado una nueva erupción en su cráter sureste que provocó una lluvia de cenizas sobre campos y municipios de las inmediaciones. El Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología italiano (INGV) informó de que a primera hora de la mañana se registró un flujo adicional de material piroclástico procedente del cráter sureste del volcán. El flujo se dividió en dos tramos, el primero se dirigió hacia el sur, deteniéndose a unos cientos de metros, mientras que el segundo lo hizo hacia el Valle del Bove”

La emisión de lava generó una lluvia de cenizas que se extendió hacia la zona noreste y que cayó sobre las localidades de Piedimonte y Linguaglossa, pero también sobre un tramo de la autopista Catania-Messina.

El Etna volvió a despertar el pasado 16 de febrero y desde entonces ha entrado en erupción más de 52 veces este año. Es el volcán más alto y activo de Europa y sus erupciones son frecuentes.