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Descubierta el agua más antigua del planeta

Un manantial bajo el suelo de Canadá lleva brotando desde hace 2.000 millones de años. Se halla bajo una vieja mina de Ontario

  • Conocer el origen del agua es un viejo empeño de la ciencia. La búsqueda de agua fuera de nuestro mundo es el objetivo más preciado
    Conocer el origen del agua es un viejo empeño de la ciencia. La búsqueda de agua fuera de nuestro mundo es el objetivo más preciado

Tiempo de lectura 4 min.

19 de diciembre de 2016. 01:59h

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19/12/2016

El agua es uno de los santos griales de la geología. Se trata del elemento más destructivo y erosionador, pero también el que alberga la vida. Sabemos que la mayor peculiaridad de nuestro planeta, lo que realmente lo hace único y privilegiado es la cantidad de agua que atesora. Hasta el punto de que más que Tierra, deberíamos haberlo llamado planeta Agua.

Conocer el origen de esta fuente de vida y energía es un empeño antiguo de la ciencia. De hecho, la búsqueda de agua fuera de nuestro mundo es el objetivo más preciado de la astrobiología.

Ahora, un equipo de científicos ha descubierto la que puede ser la fuente de agua más antigua conocida: un pequeño manantial escondido bajo tierra en Ontario (Canadá) que lleva allí confinado desde hace 2.000 millones de años.

El hallazgo pulveriza el récord anteriormente establecido en el mismo terreno canadiense donde en 2013 se halló agua de hace 1.500 millones de años.

El escenario del hallazgo es una vieja mina de Ontario donde los geólogos han podido perforar túneles de gran profundidad en busca de restos de agua cada vez más añejos.

Las galerías de la mina tienen 3 kilómetros y se trata del complejo de extracción de metal más profundo del mundo.

La nueva reserva de agua (a más de 2.000 metros de profundidad) puede que no sea la última. Los expertos creen que bajo esa capa de terreno puede haber acuíferos aún más antiguos.

La fuente mana líquido a razón de 2 litros por minuto. Los geólogos implicados en su descubrimiento han analizado sus componentes gaseosos (helio, argón, neón y xenón) para poder datar el origen del líquido en cerca de 2.000 millones de años. Es decir, se trata de agua que lleva en el planeta casi tanto tiempo como los primeros organismos vivos. Estudiar sus propiedades es como viajar al pasado y poder entender mejor cómo era el ambiente en el que vivieron los antecesores microscópicos de todos los animales actuales. De hecho, un detalle de su perfil químico ha llamado la atención: su contenido en sulfato demostraba que este elemento se produce directamente en el agua como consecuencia del contacto del líquido con la roca y no es arrastrado desde la superficie como se creía.

Este dato podría corroborar que las condiciones geoquímicas del agua de estas fuentes de agua antiguas que no tienen contacto con la superficie terrestre son, por sí solas, suficientes para albergar vida microbiana. Es decir, que podrían existir enterrados ecosistemas de microorganismos que lleven vivos, sin contacto con el exterior, miles de millones de años. Ellos serían los hermanos de la primera vida que hubo en la Tierra.

Si esto es así, el número de áreas potencialmente habitables en la Tierra y quizás en otros planetas aumentaría considerablemente. En teoría, meros procesos geológicos como el contacto del agua con determinadas rocas en el subsuelo son capaces de generar la energía y el alimento necesarios para que surjan bacterias.

El misterio de cómo surgió la vida en nuestro planeta sigue sin resolverse. La procedencia del agua que lo inundó en algún momento de su historia geológica no es muy clara.Y las condiciones exactas por las que en ese agua se produjeron cambios químicos que generaron los primeros ladrillos de seres vivos simples tampoco se conocen.

Por eso es tan importante encontrar fuentes de agua que existieran en aquellos momentos y que hayan permanecido más o menos intactas desde entonces.

Además, si se descubre cómo ese agua se convirtió en un elemento amable para la vida podríamos extrapolar ese conocimiento a otros planetas, porque los mismos procesos que se dieron en la Tierra hace 2.000 millones de años bien pudieron darse en Marte, por ejemplo.

Por desgracia, en estas fuentes de agua antiguas aún no se han hallado restos de ningún tipo de vida. Pero cuanto más sepamos sobre la distribución real del agua en el subsuelo terrestre, más cerca estaremos de encontrarlos.

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