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El bulldog inglés, en grave peligro

Por culpa de siglos de selección genética, basada sólo en buscar los rasgos físicos más demandados, ha adquirido irremediables enfermedades

  • El bulldog inglés, en grave peligro

Tiempo de lectura 4 min.

05 de agosto de 2016. 22:51h

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5/8/2016

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Es uno de los perros más reconocidos y que genera por partes iguales ternura y cierta desazón, con su cara a medio camino entre el abuelo bonachón y el mafioso de principios del siglo XX. Y ahora, la ciencia alerta de que se encuentra en un serio peligro. Por culpa de siglos de selección genética basada sólo en la búsqueda de los rasgos físicos más demandados, el bulldog inglés ha adquirido una serie ya irremediable de enfermedades. Al menos, irremediables si no se encuentra pronto un primo genético con el que hibridarle y recuperar la esencia original de su ADN.

La causa del problema es la presión del mercado. Los compradores de este tipo de perro han preferido secularmente aquellos que muestran más destacados los rasgos que le hacen tan peculiar; los pliegues de la piel, la cara chata, las orejas caídas y los ojos lánguidos. Pero estas peculiaridades físicas, llevadas al extremo, producen algunos problemas de salud al animal.

La estructura de su cráneo dificulta la respiración, lo que puede provocar que el perro sufra hipertermias en periodos de mucho calor ambiental y además perjudica su capacidad para hacer ejercicio. El esqueleto del Bulldog también es peculiar, está algo descompensado y tiene forma de triángulo, lo que entorpece el momento de la concepción y el parto.

Uno de los rasgos más típicos del can, los pliegues de su piel en cara y lomo, son en realidad una fuente de problemas dérmicos como inflamaciones y dermatitis. Los ojos también están desprotegidos del impacto del entorno. Para colmo, la propia genética del perro le predispone a enfermedades autoinmunes.

Todos estos factores son el producto de cientos de años de hibridación. Los criadores han elegido los animales que más se ajustan al aspecto prototípico de la especie para cruzarlos selectivamente. Generación tras generación, las características menos deseadas se han ido perdiendo. Pero el proceso se ha acelerado en las últimas décadas, quizás por el triste auge de los centros de cría masiva de perros de compañía.

En un reciente estudio publicado ayer la revista «Canine Genetics and Epidemiology» por autores de la Universidad de California en Davis, los investigadores trataban de determinar si existen aún en el genoma del bulldog suficientes genes originales como para recuperar las características perdidas y devolver a la especie su aspecto original más saludable. Para ello analizaron el ADN de 102 bulldogs ingleses. Entre ellos había 37 que sufrían problemas de salud. El análisis confirmó que la población de estos animales tiene una diversidad genética muy pobre. La pérdida de diversidad es especialmente evidente en las regiones del genoma que regulan la respuesta inmune.

La única manera de devolver a la especie su genoma más rico es tratar de hibridarla con otros tipos de perros. Pero, evidentemente, no sirve cualquier especie para esta función.

Algunos criadores han empezado a cruzar bulldogs ingleses con otra raza americana llamada Olde English Bulldogge para crear una variedad continental con la esperanza de lograr un «pool» de genes más variado.

El problema es que cualquier intento de modificar la raza podría conducir a una nueva especie que no fuera considerada realmente bulldog inglés y no gozara del aprecio de los compradores.

El viejo y entrañable animal, que ha dado imágenes para la historia como aquellos paseos con Winston Churchill (al que tanto se parecía), se encuentra en una difícil encrucijada.

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