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El Día del Padre tras el «efecto 8-M»

La figura paterna tradicional está en vías de extinción. Su rol autoritario pierde fuerza: una oleada de hombres feministas, que asume el cuidado del hogar y de los hijos, se abre camino de forma lenta pero imparable en España.

  • Raúl Corrons cuenta que descubrió que era feminista cuando su mujer dio a luz y casi pierde la vida rehabilitación.
    Raúl Corrons cuenta que descubrió que era feminista cuando su mujer dio a luz y casi pierde la vida rehabilitación.
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

18 de marzo de 2018. 23:56h

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J.V. Echagüe Madrid. 18/3/2018

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Raúl es un «papá cavernícola». Así es como bautizó su blog. Ahí narra sus vivencias como padre, escribe cartas dirigidas a Saúl, su hijo de tres años y medio, y, sobre todo, habla de feminismo. Raúl no sabía que era feminista. Lo descubrió cuando tuvo a su hijo en brazos en el hospital. «Mi mujer no estaba, se la tenían que llevar a reanimación. Ahí me cambió la vida. Recibí un bofetón de sentimientos. Y dije: ''Tengo que estar con él''», relata Raúl Corrons, de 35 años, bloguero y reciente autor del libro «Papá cavernícola» (Ed. Alejandría). «No sabía que era feminista hasta que no entré en la comunidad de blogueros. Allí conocí a más gente que pensaba como yo. Y me dije: ''Vaya, entonces lo soy''», dice. El cuidado de los niños es equitativo: «Mi mujer sabe cocinar y yo no. Yo me encargo de las tareas de limpieza. Pero también puedo hacer la comida un día. El otro día hice una pasta que me salió... demasiado pastosa. Necesitaba menos cocción. Ya aprenderé».

Raúl es un ejemplo del nuevo rol de padre que, cómo él dice, «poquito a poco y muy despacito», se va haciendo un hueco. Son los llamados «padres igualitarios», que no sólo se limitan a repartirse equitativamente las tareas, también quieren trasmitir a sus hijos que en las familias no hay roles de género. Es una tendencia que va lenta: según la última encuesta del CIS, sólo el 5,6% de los padres se ocupa fundamentalmente de la atención de los niños durante los primeros tres años desde su nacimiento, frente a un 87,8% de las madres. El análisis anterior del CIS, de 2014, situaba esta cifra en un 4,8%. Ahora bien, tras el paso dado adelante por las mujeres el pasado 8 de marzo, ¿veremos más padres como Raúl en un futuro próximo?

«Los cambios sociales comienzan por una narrativa que sensibiliza y permite una transformación. Después, una masa crítica se va sumando y extendiendo. Ahora vivimos en un momento en el que la narrativa está cambiando», afirma Mireia Cabero, psicóloga y profesora de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC). «Las mujeres somos las primeras interesadas en estar concienciadas. Y ahora nos sentimos más legitimizadas para pedir este cambio con dignidad y empoderamiento. Y, mientras, nuestro interlocutor, nuestra pareja, recibe estímulos que hacen legítima esa petición. Y comprenden su importancia, no sólo para ellos y las mujeres, sino también para los hijos. Es posible que, de aquí a dos años, esas cifras del CIS comiencen a cambiar», añade.

Sergio Andrés Cabello, profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja, cree que se notará el efecto del 8 de marzo. «Es interesante por la transversalidad que ha tenido ese movimiento, superando las diferencias ideológicas y sociales. Y el colectivo masculino ha percibido un toque de atención muy fuerte. El rol del padre ha sufrido una transformación y ha cambiado. El empoderamiento es un hecho, y se va a notar en el hogar. Aunque sigue habiendo resistencias, escenarios donde estamos viendo situaciones que nos llaman la atención», explica. Uno de ellos está protagonizado por los adolescentes: «Los estudios muestran que tienen un sentido de la posesión de la pareja. Y no son chicos educados hace 40 o 50 años. Son personas educadas en la coeducación».

Hay quien no ve en esta transformación algo positivo. Es el caso del sociólogo italiano Luigi Zoja, que acaba de publicar en España «El gesto de Héctor» (Ed. Taurus), ensayo en el que analiza la evolución de la figura paterna desde la prehistoria hasta la actualidad, pasando por mitos como los de Ulises o Eneas. ¿La conclusión? Que la figura paterna, tal como la conocemos, se encuentra en vías de extinción. «El padre ha dedicado cada vez más dinero, pero también cada vez menos tiempo a sus hijos. Está habituado a contar el dinero para la vida de su hijo, pero a contar cada vez menos en su vida», afirma. Dicho de otra forma: el padre está ausente. Zoja lo ilustra con datos procedentes de EE UU. A finales del siglo XXI, «más de la mitad de los niños estadounidenses pasaba su infancia con uno solo de los progenitores», la mayoría de ocasiones la madre. Y ya en el siglo XX, en EE UU, sólo el 1% de los niños vive sólo con el padre, «sumando padres divorciados, separados, no casados y viudos». En cuanto al tiempo que pasan los padres con los hijos, las cifras también son elocuentes: en el país, los padres dedican unas siete horas de cuidados semanales a sus retoños; las mujeres dedican justo el doble, 14.

Zoja señala una nueva peculiaridad: en la sociedad patriarcal, la madre se reservaba las labores de la etapa primaria del hijo, mientras que el padre se ocupaba de la secundaria, cuando abrazaba la adolescencia. Ahora, los dos se ocupan de la primaria... pero ninguno de la adolescencia. «El padre desempeña un papel reservado tradicionalmente a la madre. Es muy bueno para la organización de la familia, además de que tranquiliza la conciencia masculina, tras siglos de abusos y de autoridad. Pero no es suficiente: los adolescentes, sobre todo varones, por hormonas y por cultura, se vuelven más agresivos. Y si falta la figura del padre, hay un elevado nivel de transgresión», señala Zoja a LA RAZÓN. Entre otras consecuencias, indica que, según la OCDE, los hijos que crecen sin un padre obtienen peores calificaciones. «Hay una decadencia simbólica de la figura del padre como símbolo de autoridad y como referencia», defiende. Aunque insiste en que «no se puede generalizar», Mireia Cabero cree que sí hay roles de género dentro la familia. «Por ejemplo, cuando hablamos de liderazgo en los negocios, el liderazgo femenino destaca por la empatía, la comprensión emocional del otro, por tender más a la interioridad. Cuando hablamos de liderazgo masculino, destaca más por la acción, por lograr metas más pragmáticas», explica. Es decir, las madres educarían más a sus hijos en las emociones, y los padres, en que alcancen sus objetivos.

«Esto no va a parar. No sabemos si ha sido un acelerón pero va a más. Cada vez hay más interés por ofrecer otra imagen de la paternidad», dice Santiago Moreno, miembro de Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (Ahige). «Algunos padres, como yo, sufrimos un proceso de cambio después del nacimiento de nuestros hijos. Otros lo tenían ya interiorizado y a otros les viene inmediatamente. El momento es tan emocionalmente intenso que, aunque no tuvieras contacto con ese movimiento, te empiezas a sentir feminista», explica Santiago, cuyos hijos ya tienen 14 y 17 años.

¿El nuevo caballo de batalla de los padres igualitarios? El permiso de paternidad. Se ha avanzado con las cuatro semanas (muy atrás quedan los apenas cuatro días que tuvo Santiago), lo que permitirá que las madres no estén tan desbordadas en el cuidado de los niños. Pero quieren permisos iguales entre hombres y mujeres: 16 semanas. Y sobre todo, que sean intransferibles. «Si son transferibles, los tiende a recibir la madre. Y así va alejándose cada vez más del mundo laboral, lo que explica la brecha salarial».

Lavarles, alimentarles y hacerles de chófer

¿Qué peso del cuidado de los hijos están ahora mismo soportando más los padres? Lo cierto es que la mujer sigue siendo la voz cantante. Con todo, el estudio «Las mujeres hoy», de la profesora de EAE Business School y Gender Studies Director de PRM Market Intelligence, Laura Sagnier Delgado, desvelaba el porcentaje de veces en las que el varón colabora en la crianza de los hijos. ¿En lo que más destacan? En jugar con los pequeños, algo que hacen en un 30% del total de ocasiones. Después, en «hacerles de taxista»: un 24%. Mientras, en el 23% de las veces que el niño se despierta a media noche, son ellos los que se levantan para volverlos a dormir. Sólo en el 22% de las ocasiones son ellos los que les ayudan a hacer los deberes, por el 73% de las madres. Y en cuanto a alimentarles y ocuparse de su higiene, lo hacen en el 21%. Las reuniones del colegio o acompañarles al médico es, con diferencia, el campo en el que menos destacan: un 19%.

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