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El violador «oportunista» de San Fermín

Psicólogos consultados por LA RAZÓN describen el perfil del agresor sexual que aprovecha estas fiestas multitudinarias.

  • Miles de personas se manifestaron el pasado lunes en repulsa por las 15 agresiones que se han cometido
    Miles de personas se manifestaron el pasado lunes en repulsa por las 15 agresiones que se han cometido

Tiempo de lectura 4 min.

13 de julio de 2016. 15:55h

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Belén V. Conquero 12/7/2016

El pasado jueves, el «chupinazo» marcaba el arranque de una de las fiestas más importantes de nuestro país. No sólo eso, también es una de las más multitudinarias. Una marea de pañuelos rojos reflejan la asistencia masiva de personas. Y es en este contexto, que los psicólogos califican de «facilitador», en el que se han registrado cuatro denuncias por violación y una de tentativa, a las que se suman siete más por tocamientos. ¿Qué ocurre en Pamplona horas antes de lanzarse a correr delante de los toros? LA RAZÓN consulta a varios psicólogos para que lo analicen.

«Muchas veces, en este tipo de acontecimientos de masas puede darse el pensamiento erróneo de que existe cierta permisividad. Una creencia que se incrementa por el consumo de alcohol y otras drogas que hacen que se instaure cierto descontrol», afirma la psicóloga sanitaria y forense, Timanfaya Hernández. Es el mismo ambiente que se vive en festivales de música como el BBK, que tiene lugar estos días en Bilbao y donde detuvieron ayer a un joven acusado de agredir a una joven en el recinto. El problema al que apunta esta experta es que «en este tipo de ambientes festivos a veces se generaliza el ‘‘todo vale’’ y la accesibilidad a las posibles víctimas es mayor». De acuerdo con Hernández, «las personas que cometen estos actos, fuera de un grupo, buscan la oportunidad que se plantean en estas situaciones. En la mayoría de los casos, es el primer acto de agresión sexual que cometen, pero muy probablemente les rondara en la cabeza previamente», sostiene.

El profesor Santiago Redondo, del departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Barcelona (UB) coincide con Hernández en la importancia del contexto, pero insiste en que «no son justificables estas actitudes, aunque los agresores puedan interpretar que se da una situación de liberalidad». Por su parte, Redondo cree que «este tipo de actos los realiza gente normal, sin antecedentes previos, porque el 50 por ciento de los delitos que se producen en España los cometen personas completamente ‘‘normales’’ que ven en estos contextos una oportunidad por la situación de desinhibición». Es por ello, que en la mayoría de los casos los jóvenes que cometen estos delitos no lo vuelven a repetir. «Antes o después aparece el cargo de conciencia, aunque en un primer momento ellos se intenten autoconvencer de que había una justificación para sus actos», apunta el profesor de universidad. El malestar personal y el rechazo social les acaba pasando factura.

Dentro de las cuatro presuntas violaciones, dos de ellas se pudieron cometer en grupo. En la primera agresión que se denunció actuaron cinco jóvenes de entre 26 y 28 años, ¿por qué? El experto en conducta asegura que, entre los jóvenes, «existe más propensión a cometer estos actos de forma gregaria porque el grupo ejerce de catalizador en el que se diluye la responsabilidad. Normalmente, es uno el que toma la iniciativa y el resto le secundan, así el cargo de conciencia es menor». Hernández, por su parte, añade que «el que lidera la agresión suele tener algún componente violento en su personalidad. Puede que éste fuera su primer acto, pero ya habría pensado en él en anteriores ocasiones».

La situación que se está dando en Sanfermines, como recalca Redondo, «no dejan de ser casos esporádicos, gracias a que cada vez hay más conciencia social». Pero aún queda mucho por hacer, «faltan programas de sensibilización desde la infancia porque sigue habiendo un enfoque machista», concluye Hernández. Como insistían las miles de personas que se manifestaron el lunes en repulsa por las agresiones: «Hay que cambiar el modelo cultural que protege al agresor justificándolo bajo la premisa de la fiesta y culpando a las mujeres».

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