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«La vida ha de ser tenida como sagrada»

Aunque el Papa no se haya pronunciado de forma explícita, la Iglesia mantiene su postura de un «sí» rotundo a la vida, sostenido por la certeza de que Francisco quiere una Argentina en la que se respete a los no nacidos y no se descarten más personas

  • Francisco bendice a un niño, a su llegada a la audiencia general prevista en el aula Pablo IV
    Francisco bendice a un niño, a su llegada a la audiencia general prevista en el aula Pablo IV
C. del Vaticano.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de agosto de 2018. 23:49h

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Álvaro de Juana.  C. del Vaticano. 11/8/2018

Una de las máximas del Papa Francisco es la de no inmiscuirse en ciertos procesos políticos, como el de hace pocos días en Argentina en el que el Senado del país votó la nueva ley del aborto. En sus cinco años de pontificado, sí ha sido fundamental en cuestiones como la mejora de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, su labor diplomática frente a la crisis de Venezuela, o su lucha por ayudar a los rohinyá en Myanmar y denunciar la persecución de la que son objeto, por citar solo algunos. Sin olvidar uno de los pilares de su «gobierno»: la defensa de los cristianos perseguidos en Oriente Medio.

Pero Francisco, y por lo tanto el Vaticano, no se entromete en otras cuestiones para no ser acusado de injerencia, aunque, eso sí, de alguna u otra manera recuerda la postura de la Iglesia frente a esa cuestión. Por ejemplo, con el aborto. Una actitud reforzada en esta ocasión porque él mismo es argentino. Además, es conocido que algunos políticos del país han querido aprovecharse de su compatriota más de una vez con fines muy alejados de los eclesiales.

Pero el Papa no ha estado callado. Apenas dos días después de que la Cámara de los Diputados de Argentina aprobase la legalización del aborto, criticó esta «moda», a la que comparó con las prácticas de los nazis. En una audiencia en el Vaticano a los miembros de una asociación de familias, dijo que «el siglo pasado todo el mundo estaba escandalizado por lo que hacían los nazis para cuidar la pureza de la raza». Sin embargo, «hoy hacemos lo mismo, pero con guantes blancos».

Subrayó así que el aborto «está de moda» y «es habitual». «Cuando en el embarazo se ve que quizás el niño no está bien o viene con cualquier cosa: la primera oferta es ''¿lo rechazamos?''. El homicidio de los chicos. Para resolver una vida tranquila, se rechaza un inocente», manifestó entonces.

Incluso puso un ejemplo concreto: «¿Por qué no se ven enanos por la calle? Porque el protocolo de muchos médicos dice: viene mal, fuera». Como respuesta, Francisco planteó que «los hijos se reciban como vienen, como Dios los manda, como Dios permite».

El Papa ofreció así su opinión sobre el debate que ha dividido a Argentina y que se prevé duradero a pesar del rechazo final de los políticos a la ley.

En esta ocasión, Francisco tampoco se ha librado de ser utilizado: hace apenas unos días, en la audiencia general del 1 de agosto en el Aula Pablo VI del Vaticano, en el tiempo en el que saludaba a algunos de los asistentes, un joven argentino le puso entre las manos un pañuelo verde, símbolo del movimiento de los que se han mostrado a favor de la despenalización del aborto. Un regalo «trampa» del que el Papa era totalmente ajeno –también a su significado concreto contra la vida– ya que es normal que en esos encuentros los peregrinos llegados de todo el mundo le entreguen cartas, rosarios, imágenes u otros obsequios sin ningún doble sentido.

Para Bergoglio, la mujer es la que «custodia más la vida, porque la lleva adentro». «La mujer es la que enseña ''a defender la cría''». En el libro-entrevista «Latinoamérica», del periodista argentino afincado en Roma Hernán Reyes Alcaide y editado por Planeta, el Papa habla de la mujer. «Hay estudios que confirman que, apenas concibe, algunas células madre del feto y la placenta pasan a la circulación de la mujer, donde anidan en la médula ósea, y viceversa, según me explicó una científica argentina en Buenos Aires (el denominado «microquimerismo fetal»). Por eso, cuando la mujer aborta, en el momento dice ''soluciono un problema, siento un dolor, pero no tenía más remedio'' o ''me lo saqué de encima''. Pero con los años siente algo hasta físico». «Y los científicos –según estas investigaciones– descubrieron que es esta memoria medular, una especie de parte del niño que le queda adentro. Este dato científico es más complejo y aquí lo digo muy simplificado», le explica en el libro al periodista.

El Catecismo de la Iglesia señala que «la vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin». Por tanto, «sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente».

Más aún, «la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción». «Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida». En definitiva, «el aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral», establece la doctrina católica.

Es normal que los obispos del país alzasen la voz contra la ley que se intentó aprobar. Los católicos respondieron con fuerza saliendo a las calles y haciendo escuchar su rotundo «no» al aborto.

Aunque Francisco no se haya pronunciado de forma explícita sobre lo que ocurría en su país, sí ha sido informado estos meses. A primeros de junio, recibió en privado en la residencia Santa Marta, en la que él mismo vive, a la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal, su jefe de gabinete Federico Salvai y la ministra Carolina Stanley. Todos ellos, según medios en Argentina, contrarios al aborto.

Sea como fuere, lo cierto es que en este caso la Iglesia ha mantenido su postura de un «sí» rotundo a la vida sostenido al menos por la certeza de que Francisco quiere una Argentina en la que se respete a los no nacidos y no se descarten más personas.

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