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Votar también es mi derecho

No tienen más de 20 años y, por fin, su elección cuenta. Más de 100.000 personas con discapacidad intelectual participarán en los comicios de hoy. «Es nuestra obligación» dice Andrés, con síndrome de Down.

  • Fotos: Gonzalo Pérez
    Fotos: Gonzalo Pérez

Tiempo de lectura 8 min.

28 de abril de 2019. 03:44h

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Belén V. Conquero 28/4/2019

«Pase, pase... ¿viene a votar? ¿ha traído su DNI?». Adriana tiene 19 años y es de las pocas jóvenes mayores de edad que no podrá votar hoy. Tiene la incapacidad y, por tanto, no puede ejercer ese derecho. Es una excepción. «Sólo dos o tres de nuestros chicos no depositarán la papeleta. Es una decisión de los padres», explican las profesoras de primero y segundo de Programas Profesionales del colegio madrileño de educación especial María Corredentora, al que sobre todo acuden personas con síndrome de Down.. Ellas son las impulsoras de una actividad que ha involucrado a toda la escuela: han organizado su propio centro de votación. Esta actividad forma parte del modelo educativo de este tipo de colegios que busca no sólo formar a sus alumnos, sino darles las herramientas para enfrentarse a problemas del día a día, lograr la mayor autonomía que puedan, cada uno con sus capacidades. Así fue como, «decidimos plantear esta actividad, teniendo en cuenta que medio centenar de nuestros chicos tiene derecho a votar. Lo que buscamos también es fomentar su espíritu crítico, que conozcan las iniciativas de todos los partidos políticos», sostiene Paloma, una de las docentes.

Al entrar en el aula del segundo piso del centro esperan nerviosos una veintena de jóvenes. «Todos se han puesto guapos porque sabían que veníais», reconoce otra de las docentes. No dejan de sonreír. La clase bien podría ser una de las miles de salas abiertas hoy para las elecciones generales. No falta detalle. Adriana, la joven que animaba al voto, lleva sobre la solapa una pegatina del PSOE. Le acompañan otros compañeros de clase con siglas de diferentes partidos pegadas a su ropa. Son los que ejercen de interventores. «Estamos aquí para ayudar», dice uno de ellos. Detrás tienen un biombo que protege a los votantes porque, si en algo insisten los participantes de este ensayo, es en que «el voto es secreto». Lo llevan a rajatabla, aunque a alguno se le escapa por quién se decantará hoy. Protegida por el panel de madera y tela, en una mesa están colocadas las diferentes listas electorales y los sobres para elegir a los representantes al Congreso y al Senado.

«Después de elegir la papeleta y de meterla en el sobre, os acercáis a la mesa que os ha tocado con vuestro DNI», recuerda Belén, otra de las docentes. Mientras practican, llegan tres mujeres, acaloradas. Son las trabajadoras sociales del colegio. «Venimos a votar», dicen con una sonrisa. No se han quitado ni el bolso, «para que sea aún más real», dicen.

Al fondo del aula es donde está colocada la mesa electoral, con el presidente y dos vocales que custodian la caja donde se introduce el voto. No falta detalle. Le toca el turno a José María. Enseña su documento de identidad, mientras los vocales repiten su nombre y apellidos. Lo buscan en los listados. «¡Lo tengo!», dice uno de ellos. Coge el subrayador y marca su nombre. «Ya puede votar». El que ejerce de presidente levanta la hoja que protege la entrada del sobre.

¿Por qué hay que acudir a votar? Ellos lo tienen muy claro. No dudan. «Hay que ir porque elegimos al presidente del Gobierno», dice Lucía, algo tímida. Tiene 19 años, como otro de sus compañeros, Andrés. Él está especialmente emocionado con estas elecciones. «Todos debemos ir a votar porque es nuestro derecho y también nuestra obligación». Sabe bien qué papeleta va a escoger. «Tengo muy claro mi voto –dice pícaro–, pero no te lo voy a decir». Reconoce que lleva días hablando con sus padres de política, de las diferentes iniciativas de los partidos. Pero Andrés no sólo va a ser uno de los más de 36 millones de españoles que puede ejercer su derecho al voto en estos comicios, sino que él también participa como vocal en una de las mesas de su centro electoral en Tres Cantos.

«En marzo llegó una carta a casa que no esperaba. Pensaba que había hecho algo malo y que me iban a detener», afirma el joven. Pero no. La misiva le indicaba que, por sorteo, le había tocado formar parte de la mesa electoral. Y cuando lo comprendió, al contrario que la mayoría de españoles que reniegan de esta responsabilidad, se emocionó. «Tengo muchas ganas. He estado estudiando con una profesora las tareas que voy a tener que realizar. Sobre todo voy a tener que buscar los nombres y apellidos de cada votante», explica Andrés. Su familia le ha apoyado desde el primer momento. «Nunca nos planteamos que renunciara a esta tarea. Es más, cuando acudimos a la junta electoral, nos dijeron que podíamos aludir a su incapacidad para que no tuviera que hacer de vocal, pero nos negamos. Él quiere hacerlo y puede», asegura su madre, Rosa, muy orgullosa. «Su hermano mayor temía que le pudiera tocar a él y, mira por donde, al final ha sido a Andrés».

Para este joven de 19 años, el hecho de participar tan activamente en las elecciones es una lección más. Poco a poco va aprendiendo a ser autónomo. «Con Prodis –fundación que ayuda a la inserción laboral de personas con discapacidad intelectual– estoy aprendiendo un oficio». Y acude solo cada mañana a sus prácticas. «Voy en autobús hasta plaza de Castilla y allí cojo el metro hasta Valdebernardo», narra.

Gracias a la modificación de la ley electoral el pasado mes de octubre en el Congreso, este año las elecciones van a ser más democráticas que nunca, ya que se incorporan 100.000 nuevos votantes con discapacidad intelectual que antes no podían ejercer este derecho. Y es que, con la derogación del artículo 3 de la norma, ya no se contempla la posibilidad de retirar el voto a las personas, que por sentencia judicial, hayan sido incapacitadas. «Es una duda que siempre hemos tenido porque muchas veces juzgamos si estos chicos están preparados o no para votar y, sin embargo, no ponemos en duda la capacidad de otras personas, o de ancianos que se ven presionados por sus familias», reflexionan las profesoras. Por ello, creen que lo mejor que pueden hacer es ayudar a estos nuevos votantes, explicarles la importancia de las elecciones «y que ellos mismos puedan decidir quién quieren que gobierne el país», aunque saben que en esta tarea también deben ayudarles las familias y su influencia es clave. «Voy a votar al partido que no cierre mi colegio, que nos apoye», dice Carmen.

«Vas a tener que estar todo el día en la mesa», le recuerda una profesora a Andrés. «No me importa», dice tajante. «Además, me van a dar 60 euros», añade mientras se queda pensando en qué se los va a gastar.

Votar también es mi derecho

RAQUEL, 21 AÑOS

Está muy ilusionada con las votaciones de hoy. Quiere participar y sus profesoras le han ayudado a entender mejor el proceso.

Votar también es mi derecho

FERNANDO, 19 AÑOS

«Me ha tocado buscar los nombres de los que vienen a votar», dice Fernando. Ha ejercido de vocal en el simulacro que han hecho en el María Corredentora

Votar también es mi derecho

ANDRÉS, 19 AÑOS

Este joven participará como vocal en una de las mesas electorales de Tres Cantos. «Tengo muy claro lo que tengo que hacer. Me apetece mucho», afirma.

Votar también es mi derecho

JOSÉ MARÍA, 20 AÑOS

«El domingo también me voy a poner chaqueta porque toca ir a votar», afirma orgulloso. Como sus compañeros, tiene muchas ganas de depositar su voto.

Votar también es mi derecho

CARMEN Y MÓNICA, 19 AÑOS

Las dos tienen muy claro que el partido que recibirá su confianza es el que «no quiera cerrar los centros de educación especial. Aquí somos felices».

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