Geoingeniería

¿Y si “apagamos” el Sol? Tecnología contra el cambio climático

Son numerosos los científicos que están contemplando la opción, pero puede tratarse del típico “peor el remedio que la enfermedad”.

La modificación de la radiación solar como respuesta al cambio climático.NATURE ASTRONOMY, CHITTA ET AL.25/11/2022
La modificación de la radiación solar como respuesta al cambio climático.NATURE ASTRONOMY, CHITTA ET AL.25/11/2022 NATURE ASTRONOMY, CHITTA ET AL. NATURE ASTRONOMY, CHITTA ET AL.

La modificación del clima no es algo reciente. Ya se ha hablado de este tipo de tecnología durante los Juegos Olímpicos de 2008 en China, pero cada vez se menciona más a la hora de abordar el cambio climático y ahora llegamos hasta una de las opciones más drásticas: una tecnología para atenuar la luz solar en el planeta.

Se trata de lo que podríamos llamar “geoingeniería solar”: rociar partículas altamente reflectantes (azufre o plata por ejemplo) en la estratosfera para desviar la luz solar y así enfriar el planeta. La idea no es nueva y de hecho se inspira en la naturaleza ya que ese efecto se produce naturalmente cuando los volcanes lanzan partículas a la atmósfera. La erupción del Pinatubo (Filipinas) en 1992 produjo un descenso de las temperaturas durante dos años.

Actualmente hay tres equipos que están trabajando para implementar o al menos evaluar muy seriamente, la opción de la gestión de la radiación solar, o SRM por sus siglas en inglés. Se trata del Foro de la Paz de París, el Consejo Carnegie y Degrees Initiative.

Todos los científicos (expertos en climatología, geología y astrofísica entre otras disciplinas vinculadas) que trabajan en las tres iniciativas están de acuerdo en dos cosas. La primera es que siempre sería mejor lograr disminuir las temperaturas reduciendo las emisiones de dióxido de carbono y metano. Pero al ritmo al que vamos, esto puede ser muy complejo, de ahí la búsqueda de otras soluciones como SRM.

El otro punto en el que están de acuerdo es que implementar la modificación de la radiación solar sería una solución extrema… Y con resultados impredecibles. El primer obstáculo es quién decidiría tomar esta medida. ¿Puede ser local o debe ser internacional o aún global?

Un reciente artículo publicado en Harvard Environmental Law Review estima que los “costes directos del despliegue de esta tecnología no sería extremo: “apenas” miles de millones de dólares al año”. Cualquier país con una fuerza aérea seria probablemente podría liberar azufre de los aviones en la atmósfera superior. Es posible que ni siquiera sea necesario un país: Elon Musk o Bill Gates podrían hacerlo.

Si se implementara se lograría, según el artículo, un “enfriamiento rápido y sustancial en todo el mundo, se podrían reducir la pérdida de hielo marino, las olas de calor y otras anomalías asociadas al cambio climático”. Pero… ¿qué más cambiaría? En principio cambiaría por completo la vida vegetal ya que la luz solar que recibirían sería bastante menor. Un ejemplo es lo que ocurrió después de la erupción volcánica más grande jamás registrada, la del Monte Tambora, en 1815. La nube de partículas que produjo hizo que la temperatura descendiera temporalmente un grado centígrado. Ese cambio produjo, en 1816, “un año sin verano” en gran parte del hemisferio norte y las cosechas de cereales cayeron de forma extrema.

Esto podría considerarse un efecto a gran escala, pero también habría otros, como el aumento del caudal medio de los ríos. Algo bueno porque habría más agua para energía hidroeléctrica, siempre que haya centrales en la zona. De lo contrario, produciría inundaciones importantes. En ciertas regiones aumentaría la malaria debido a esto.

Pero también habría consecuencias políticas: si un país lleva a cabo esta tecnología de modo unilateral, sin duda afectará a sus vecinos y en la comunidad global el patio no está para llevar a cabo estas iniciativas tecnológicas de gran impacto. Los países con el potencial para llevar a cabo esta modificación (China, Rusia, Estados Unidos…) son precisamente lo que pueden generar más conflictos en sus vecinos.

Para Frank Biermann, experto en ciencias políticas de la Universidad de Utrecht, desarrollar esta tecnología antes de hablar de sus consecuencias no es bueno: “si no sabemos qué hacer con esa tecnología, quién tomará las decisiones y cómo nos afectará, no deberíamos desarrollarla”.