Netflix insulta a Francia: la serie “Emily in Paris” indigna al país vecino

La crítica y el público galos denuncian que la serie reduce a sus habitantes a «vagos, sucios, groseros y viles “snobs”»

Ni las sevillanas visten diariamente con volantes, lunares y una flor en la cabeza después de la siesta, ni los franceses van siempre con boina y una bague-tte bajo el brazo tras tomar una copa de vino. Los estereotipos divierten en la sátira, en la comedia o durante las conversaciones entre amigos. Sin embargo, no llegan a encajar si el mensaje no tiene una intención paródica. Es más, pueden llegar incluso a ofender.

Y este detalle se le ha escapado a Netflix. La plataforma no distingue a la hora de incluir contenidos en su catálogo. A diferencia de la cuidada potencia estilística de Atresplayer, demostrada con la aplaudida «Veneno», o de la pausada calidad de HBO, que, como con «Patria», lo poco que ofrece es de categoría, Netflix crea, produce y estrena sin ton ni son. Esto genera tanto indecisión a la hora de elegir qué ver como batacazos con ciertos contenidos. Ejemplo de lo segundo es la serie «Emily en París».

Creada y producida por Darren Star, la ficción de 10 capítulos se estrenó el 2 de octubre. Narra la aventura de Emily (Lily Collins), una americana que viaja a Francia para dar lecciones de cómo EE UU supera a Europa. Un choque de puntos de vista donde las costumbres francesas se llevan hasta el extremo, de tal manera que la crítica y el público galos se han sentido insultados. Los medios de comunicación lanzan una negativa unánime a la ficción, tachándola de «deplorable» y censurando la «injusta caricatura» que se hace de Francia y los franceses.

«Sexistas y retrógrados»

«Reduce a los habitantes de la capital en viles “snobs” que lucen bolsos Birkin y encienden un cigarrillo en el momento en que salen del gimnasio», escribe «MadmoiZelle». Por su parte, Charles Martin, crítico de «Première», añade que, según Netflix, «los franceses son todos malos, vagos, nunca llegan a la oficina antes de que acabe la mañana, son insinuantes y no están ligados al concepto de la lealtad». Martin denuncia además que con «Emily en París» «aprendemos que son sexistas y retrógrados y que, por supuesto, tienen una relación cuestionable con la ducha. No se ha perdonado ni un cliché, ni los más leves».

En la misma línea, «Sens Critique» publica que «tienes que adorar con fuerza la ciencia ficción para ver esta serie, sabiendo que los parisinos son mayormente amistosos, que hablan un inglés irreprochable y hacen el amor durante horas». Añade que «los guionistas deben haber dudado durante dos o tres minutos sobre si poner una baguette bajo el brazo de cada francés o incluso una boina para distinguirlos. Además, todos fuman y flirtean a muerte».

Con esto, a las críticas de los profesionales se suman las del público: los espectadores franceses rechazan la forma en que se ven retratados por la ficción. Comentan que «no todos somos malos y groseros» y reclaman que «la serie exagera mucho». Por último, los usuarios de AlloCiné explican, esta vez sí, con tono bastante irónico, que «los galos son descritos como arrogantes, sucios, vagos, amargados, miserables... Pero, por suerte, esta joven americana llega para explicarnos cómo funciona la vida».

17.000 euros de multa por contenido lascivo

Para más polémica, he ahí «Cuties» («Guapis»). Un jurado de Tyler County (Texas) acusa a Netflix de promover en el filme «material visual que describe la exhibición lasciva de genitales o de zona púbica vestida o parcialmente de una niña menor de 18 años», y denuncia que ello «apela al interés lascivo en el sexo sin tener serio valor literario, artístico, político o científico». La plataforma podría enfrentarse a una multa de 17.000 euros, cantidad que se doblaría de haber obtenido beneficios con la película.