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Feria de Abril

Decepcionante broche de Miura para una gran Feria de Abril

Octavio Chacón destaca por su entrega mientras que Sebastián Castella queda inédito en su debut con los de Zahariche.

Octavio Chacón da un muletazo, ayer, en el cierre de la Feria de Abril. Foto: MANUEL OLMEDO
Octavio Chacón da un muletazo, ayer, en el cierre de la Feria de Abril. Foto: MANUEL OLMEDOlarazon

Octavio Chacón destaca por su entrega mientras que Sebastián Castella queda inédito en su debut con los de Zahariche.

La Feria de Abril echó el cierre con la tradicional corrida de Miura en la que se estrenó Sebastián Castella. Mal debut tuvo por cierto el francés, quien acabó el gesto -no hubo lugar para gestas- sin más pena ni más glorias. La de Miura fue un mal broche para una gran feria en la que han abundado toros de excelente juego -muchos arrastrados con las orejas colgando, todo hay que decirlo- y en la que el sevillano Pablo Aguado ha puesto al toreo entero a cavilar. Los dos primeros ejemplares venidos de Zahariche aportaron el envés de la moneda. Al menos impidieron que el público que ayer estaba de resaca se agarrara al asiento como en un mal aterrizaje. Salvando el manejable tercero, el resto fue una caída en picado que acabó con la presidenta Anabel Moreno enseñando el pañuelo verde en el sexto para retrasar la hora bendita en la que cae la cerveza helada en El Taquilla.

Pepe Moral no es ni el Pepe Moral que resucitó con la zurda hace unos años con un sobrero del Conde de la Maza, ni el Pepe Moral que rozó la Puerta del Príncipe con los de Miura hace un par de ferias. Lo intentó con el tercero, que fue el que más se dejó de toda la corrida, especialmente por el pitón izquierdo, pero aquello quedó en un “coitus interruptus”, en un querer y no acabar de poder porque faltó aplomo, confianza y esas gotas de torería que sí se notaron en otros tiempos de influencia de Manolo Cortés. Bien es cierto que ayer no era tarde para la lírica, pero todos nos entendemos. Tuvo el lote de menos apuro porque el sexto bis fue igualmente un toro desrazado pero que tampoco quiso comerse a nadie.

Octavio Chacón salió dispuesto a dar la batalla. Fue un milagro que se escapara de los navajazos que le lanzó el segundo de la tarde, que pudo crucificarlo en tablas con un arreón final cuando la alimaña sintió en el morrillo la hoja de la espada. Las miradas amenazadoras las sorteó Chacón con firmeza, atalonándose en el albero todo lo que le permitió el ejemplar de Zahariche. Faena de artillero en la que también apareció sorprendentemente la seda en un par de medias a un cárdeno que por su volumen bien podía emparentarse con la familia de los paquidermos. La embestida descompuesta del quinto, a base de siniestros tornillazos, no permitió ni el arte ni la lucha. Apenas nada.

Ha acabado la feria. Ha sido la feria en la que Pablo Aguado ha revolucionado el gallinero con el toreo clásico, el que tiene el aroma de todos los tiempos, el que nunca caduca porque tiene todas las edades. Acordémonos de eso porque la de Miura de ayer no pasará a la historia.

La Maestranza (Sevilla). Decimocuarta de abono. Tres cuartos de entrada. Se lidiaron seis toros de Miura, bien presentados. Primero y segundo desarrollaron peligro en la muleta, más manejable el tercero, muy desrazado el cuarto, de embestida muy descompuesta el quinto y el sexto (bis) desrazado.

Sebastián Castella. Grana y oro. Estocada caída (silencio). Media estocada (silencio)

Octavio Chacón. Tabaco y oro. Pinchazo, estocada y cuatro descabellos tras dos avisos (ovación). Estocada corta (ovación).

Pepe Moral. Grana y oro. Estocada enhebrada, media, dos pinchazos y cuatro descabellos tras aviso (silencio). Estocada (silencio).