Padilla sigue en busca de solución a sus calambres y vértigos

El jerezano se está sometiendo a pruebas que podrían descartar una nueva operación

El torero jerezano, al que Pamplona despedía con honores en los Sanfermines 2018, sigue todavía hoy sufriendo las secuelas de la dramática cogida, en la que perdió un ojo, en la Feria del Pilar de 2011, ciclo en el que se retiró de los ruedos el pasado mes de octubre. El diestro, que era intervenido de nuevo hace unos días por el Doctor García Perla, padece fuertes calambres en la lengua y violentas sensaciones de vértigo que le dificultan mantener el equilibrio. Como ha podido saber La Razón, Padilla está pasando pruebas médicas y consultando con distintos neurocirujanos para decidir si pasar una vez más por el quirófano, o seguir algún tratamiento que le permita solventar los problemas en los nervios de la lengua y el oído, que le producen esa incómoda sensación de vértigo. Así, el torero está plenamente concentrado en poner fin a sus problemas de salud.

A pesar de que la última operación saliese según lo previsto, todavía persisten los dolores y la inflamación en la región ocular afectada, de la que se extrayó una prótesis a la que era intolerante. El jerezano asegura que «llevo varios meses sintiendo estos síntomas, que afortunadamente me han afectado una vez ya lejos de los ruedos». Todo apunta a que las dolencias se deben al maltrecho estado de algunos nervios del cerebro. El torero era sometido por el equipo de García Perla a una «cantopexia interna y externa de párpados izquierdos con fijación a tornillo de osteosíntesis para anclaje», y además, fue sustituida la prótesis orbitaria izquierda y se le practicó una «neurolisis y resección de neuroma traumático de nervio lingual».

Aunque son ya incontables las veces que Juan José Padilla ha tenido que pasar por quirófano desde 2011, él siempre se ha manifestado agradecido de haber sobrevivido a aquel percance y de que las secuelas le permitan seguir una vida normal más allá de las complicaciones que implican. Así, desde su retiro, continúa siendo el ejemplo de superación que siempre transmitió en el ruedo, reapareciendo en Olivenza tan solo unos meses después de perder un ojo en Zaragoza y vistiendo el parche, el pañuelo y la bandera pirata hasta sus últimos compromisos. El torero se resiste todavía a renunciar a la presente edición de Sanfermines, donde será homenajeado.