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Un buen Chaves, en la triste despedida de Cuadri

El torero salmantino saludó dos ovaciones y firmó la faena más entonada con el único toro con opciones del encierro de Cuadri en San Isidro

  • López Chaves, en un derechazo a un Cuadri en Las Ventas / Foto: Luis Díaz
    López Chaves, en un derechazo a un Cuadri en Las Ventas / Foto: Luis Díaz

Tiempo de lectura 4 min.

15 de junio de 2019. 19:57h

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Patricia Navarro 13/6/2019

Era la última corrida que lidiaba Fernando Cuadri antes de dejar la ganadería a las nuevas generaciones. Cuadri, como el rey, se retira. Y se le esperaba. Los toros de los míticos (y tenebrosos) pitones negros tienen cartel en la Monumental de Las Ventas. Se ovacionó al ganadero, que ocupaba una localidad del Tendido 9, después de que la Asociación «El toro de Madrid» luciera una pancarta en agradecimiento. Estaba todo por comenzar, el melón sin abrir, el sufrimiento sin sufrir, el misterio por desvelarse e igual hasta seguir con la incógnita que maneja los hilos de la bravura. ¡Quién la tuviera! Entre aciertos y errores se mueven las ganaderías mientras pasan los años. Decisiones a años vista. Los pasos en falso se pagan y resulta una aventura inacabable e inabarcable. Nunca se sabe, difícil centrar el tiro, puede que de pronto salga el toro y haga honor entre los honores, como ocurrió con aquel «Carasucia» de Valdellán, que fue icono de la bravura, a secas, sin más misticismo que aquella manera tan emocionante de embestir y puede ser también que las emociones queden en un auténtico souffle. Algo así pasaron a todos los toros de ayer. A todos menos a uno. El quinto fue otra cosa. Furia hubo en muchas salidas de toriles, en esa capa que no dejaba torear y acababa siendo más a la defensiva... No hubo buen trato en varas, como tantas tardes, y llegaban a la muleta abatidos. Huecos, vacíos y algunos orientados. Eso fue lo que hizo «Nadador», aquel toro que le tocó a Rafaelillo. Aquel toro que sabía más de lo que le habían contando, que recortaba el viaje y buscaba. Aquel Cuadri difícil con el que Rafaelillo cumplió con oficio.

El cuarto tuvo muchas cosas iguales, como si estuvieran definidos por el mismo patrón desde por la mañana. A menos el toro, desfondado, sin gas ni física ni química y orientado. No era fácil estar delante, pero encima es que daba un poco igual porque la trascendencia era mínima.

Expuso, quiso, buscó López Chaves con ese segundo que trepó en la capa del salmantino cuando se lo llevó al centro del ruedo corriéndolo hacia atrás, era como si el animal le fuera ganando la partida, como un león. Esa fiereza quedó ahí. En los albores. Se paró después a la espera de que pasara todo y poco podía ocurrir con estos mimbres. Por el derecho cantó el peligro desde el comienzo, pero dio igual, abundó más al natural y se pasó por ambos pitones, entre ellos, arreando al toro lo que no tenía dentro. Algo parecido a la frustración llevaba en su cara. El quinto tuvo el fuste justo, contenido, casi al límite, pero más claridad y largura en el viaje de lo que habían tenido todo los toros hasta ahora. Fue la faena de López Chaves una cuestión de tiempo, de ajustar el ritmo al toro y hasta lograr explotar ese pitón zurdo bueno que tuvo el de Cuadri, por el que desplegó su tauromaquia desde la cadencia. Concentró la faena por ese lado y desmoronó lo hecho con una espada con poco tino, que no merecía.

Si las etiquetas son malas cuando se defiende la bravura del toro solo por corresponder a una divisa dura, también lo son empeñarse en poner al toro en el caballo a distancia, a pesar de que ha huido despavorido después de la primera vara, como fue el caso del tercero. Octavio Chacón insistió y después anduvo centrado con un toro que era sosería pura. Un tren de 642 kilos fue el sexto y de poca historia, como la faena. Fernando Cuadri dejaba atrás una dilatada historia sostenida siempre por la búsqueda del toro bravo.

Ficha del festejo:

Las Ventas (Madrid). 31ª de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Celestino Cuadri, grandones y bien presentados en líneas generales. El 1º, orientado, mirón y complicado; 2º, parado y deslucido de juego; 3º, sosote, a la espera y con poca transmisión; 4º, orientado y soso; 5º, de buen pitón zurdo; 6º, soso, parado y orientado. Tres cuartos de entrada.

Rafaelillo, de grana y oro, pinchazo, estocada, descabello (silencio); estocada atravesada, tres descabellos (silencio).

Domingo López Chaves, de carmesí y oro, estocada, aviso, dos descabellos (saludos); media estocada baja, estocada, aviso, dos descabellos (saludos).

Octavio Chacón, de caña y azabache, estocada (silencio); tres pinchazos, media baja, tres descabellos (silencio).

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