Un «Leopardo» con mucha bravura

Doblón rodilla en tierra de Gonzalo Caballero al segundo novillo de Nazario Ibáñez
Doblón rodilla en tierra de Gonzalo Caballero al segundo novillo de Nazario Ibáñez

Las Ventas (Madrid). Duodécima de la Feria de San Isidro. Se lidiaron novillos de Nazario Ibáñez, bien presentados y de armónicas hechuras. El 1º, noblón y sin fuerza; 2º y 3º, encastados y exigentes; excelente y bravo, el 4º; 5º y 6º, mansos. Tres cuartos de entrada.

Álvaro Sanlúcar, de azul rey y oro, estocada baja (silencio); estocada corta y caída (silencio).

Gonzalo Caballero, de celeste y oro, pinchazo, estocada corta, aviso, dos descabellos (saludos); pinchazo, media atravesada (saludos).

César Valencia, de gris perla y azabache, estocada trasera (silencio); buena estocada (silencio).

Tras la ya casi habitual visita de la lluvia, fiel –y detestable– compañera de viaje este San Isidro, nos vino la calma. La paz de la bravura. En el cuarto, el cielo se abrió y de chiqueros salió un «Leopardo» para soñar el toreo, para cubrir de esperanza la joven carrera de su novillero. Excelente. Con clase metió la cabeza abajo, haciendo el avión en cada una de sus arrancadas. Llenas de entrega y armonía. Fue el premio mayor –también sirvieron los encastados segundo y tercero– de otra interesante novillada de Nazario Ibáñez, que debutó esta vez en San Isidro como premio a los méritos acumulados en los últimos años, en una tarde en la que sólo Gonzalo Caballero saludó sendas ovaciones.

El madrileño se supo entender con un exigente y enrazado segundo. Muy firme, lo pudo templar en la muleta y logró buenos derechazos sueltos en una primera tanda. Luego, su faena estuvo siempre bien ligada, aunque faltó quizás un puntito más de pausa. Muy toreros los doblones por bajo del final que hilvanó con unas bernadinas muy jaleadas. Ceñidas. El novillo se quedó colocado a la salida del pase de pecho y el madrileño se precipitó al realizar la suerte. Pinchazo muy trasero. No cayó en mejor sitio la estocada corta del segundo intento, también algo acelerado. Dos golpes de verduguillo no fueron óbice para saludar desde el tercio.

Poca colaboración le ofreció el ensillado quinto. Novillo muy alto y manso. Una eternidad nos duró el primer tercio. Capotazos y carreras sin sentido que no ayudaron a mejorar al novillo. Caballero era muy consciente de que si quería rascar algo, todo corría de su cuenta. Se fue a buscarlo a los terrenos del «7» y allí planteó la batalla. Valiente. Hizo el esfuerzo. Puso arrestos y ganas, muy cruzado, acortando las distancias logró una serie de más brillo con un animal muy distraído, que desparramó la vista y no descolgó hasta su muerte. El respetable lo comprendió y premió el desparpajo del madrileño. Ovación con saludos.

Álvaro Sanlúcar repetía tras pasar por este mismo escenario, aunque algo de puntillas, en el pasado certamen de novilladas de abril. Aquella tarde nos mostró que es torero con gusto. De buenas formas y cuidada composición. Ayer volvió a apuntarlo con su lote. Rompió plaza con un salpicado muy en tipo que recibió buen castigo en varas y tampoco recibió la mejor de las lidias. Pese a su bondad, llegó muy aplomado a la muleta del gaditano, que planteó un trasteo pulcro, con algún enganchón, y a media altura, pero sin someter más a una res que, pese a ello, perdió las manos en reiteradas ocasiones. Muy justito. Otro precioso salpicado le tocó en suerte en cuarto lugar. «Leopardo». Un torito de 518 kilos, pero de buenas hechuras, como el resto de la novillada murciana. Cumplió el trámite, sin terminar de cantar la gallina, en los primeros tercios. Lo hizo en la pañosa de Sanlúcar: bravura y humillación. Se lo pensaba en el cite, pero después, ya arrancado, el novillo hizo el avión en cada muletazo. Entrega por abajo, con mucha calidad. Sanlúcar puso afán, pero dos desarmes casi consecutivos cavaron prácticamente su tumba. La gente no tardó en decantarse por el animal y el andaluz tan sólo pudo cumplir el trámite con presteza. Silencio en su lote.

César Valencia, que apostó fuerte el julio pasado y quiso debutar con picadores en Madrid, trenzó ayer su segundo paseíllo en Las Ventas para sortear en tercer lugar un animal que salió suelto del peto del caballo. Despavorido. Buen tercio de Ángel Otero en banderillas. Exponiendo y dando facilidades al utrero. Luego, el venezolano lo intentó por la derecha, pitón por el que había largura y recorrido, aunque sin terminar de humillar, en las embestidas. Novillo manejable. Eolo quiso sumarse a la tarde y desató un vendaval que molestó mucho al novillero. Imposible ponérsela al natural. La faena, que nunca tomó vuelo, acabó por diluirse. Y así, entre probaturas e incomodidades, Valencia terminó yendo a por la espada.

Casi de refilón le pegó la larga cambiada al sexto. Se había ido a portagayola el venezolano. Muy en lo de Núñez, abanto y suelto, el de Nazario marcó mucho las querencias y manseó durante toda su lidia. Buena labor de los hermanos Otero nuevamente. José, con los garapullos, y Ángel, en la brega. Valencia lo intentó en los medios. Le ofreció su muleta, pero el utrero protestó con violentos gañafones y una inquietante embestida a arreones. El sudamericano, contrariado, lo liquidó de estocada en buen sitio.