Sucesos

El Caso Alcàsser, el crimen del pavor más oscuro

Miriam García, Desirée Hernández y Antonia Gómez desaparecieron el 13 de noviembre de 1992. Nunca se les volvió a ver con vida

Miriam García, Desirée Hernández y Antonia Gómez desaparecieron el 13 de noviembre de 1992. Nunca se les volvió a ver con vida
Miriam García, Desirée Hernández y Antonia Gómez desaparecieron el 13 de noviembre de 1992. Nunca se les volvió a ver con vida La Razón

Miriam García, Desirée Hernández y Antonia Gómez eran tres jóvenes que la noche del jueves 12 de noviembre de 1992 querían salir de fiesta, como cualquier joven. Las dos primeras tenían 14 años y la tercera había cumplido la quincena de edad, y ya en la madrugada del viernes 13, las tres salieron de Alcàsser, un municipio de la provincia de Valencia (al suroeste de la capital), y se dirigían a una discoteca de un pueblo cercano llamado Picassent. Nunca llegaron.

Camino a la zona, fueron secuestradas, torturadas, violadas y asesinadas. El suceso se transformó en un escaparate para todas las televisiones, del morbo que generaba y que se alimentaba de las horas que pasaban, sin saber nada relevante que acercara a las jóvenes. La "telebasura", como fue llamado al seguimiento del crimen y sus posteriores referencias, exaltaban y sensabilizaban más al suceso. Un espectáculo. Sus cuerpos no se encontraron hasta más de dos meses después. Era el 27 de enero del año siguiente. Los responsables de la búsqueda ya tenían pocas esperanzas de encontrar los cuerpos, pero fueron encontrados de forma casual por una pareja de apicultores que se dirigían a unas colmenas y encontraron los cadáveres de las tres niñas.

Horas más tarde, fueron detenidos varios sospechosos, siendo delincuentes con antecedentes que ya estaban fichados por la Policía. Miguel Ricart era el nombre de uno. Otro se llamaba Antonio Anglés. Entre los detenidos también se encontraba Enrique Anglés, hermano de este último, que quedaría en libertad pocos días después de su detención. Los dos fueron reconocidos como culpables del suceso. Sin embargo, la suerte estuvo del lado de ambos. Hubo que esperar hasta 1999 para que se condenara a Ricart, que le cayeron 170 años de cárcel por tres delitos de asesinato y cuatro de violación en concurso con tres delitos de rapto.

Pero la denominada "doctrina Parot" haría que pudiera estar en la calle en 2023, así como una rebaja de casi 150 años. Solo estuvo veintiún años en la cárcel. “Soy una puta cabeza de turco. Tengo que demostrar que yo no fui. Lo que hicieron con esas chicas no tiene perdón de Dios”, declaró ese 29 de noviembre de 2013, cuando fue puesto en libertad. Desapareció. Se refugió en el anonimato. Desde su salida de la cárcel, lo último que se ha sabido es que cruzó la frontera con Francia, pero no se ha vuelto a saber nada más.

Por otro lado, se encuentra la figura de Antonio Anglés, fugado de la cárcel de Picassent tras un permiso, que cumplía condena por un caso de maltrato a su novia y cuya participación en los hechos quedó probada gracias a unos papeles encontrados junto a los restos de las tres niñas. Anglés desapareció, convirtiéndose en la gran incógnita del caso. Algunas de las teorías aseguran que se cambió su rostro, otras que se encuentra escondido en algún lugar del mundo... Pero, tras varios años de búsqueda en España, Brasil e Irlanda, se le dio por muerto. Aunque desde entonces encabezó la lista de los fugitivos españoles más buscados por la Fuerza de Seguridad de todo el mundo.

Aquel suceso se convirtió en uno de los capítulos más siniestros de la crónica negra de España. Un icónico episodio oscuro. Ni al escritor más desalmado se le hubiera ocurrido una historia así. Hoy esas niñas tendrían 41 y 42 años respectivamente. Hoy seguirían vivas, si hubieran llegado a esa discoteca como tenían previsto y si los acusados no hubieran tenido opción de secuestrarlas. El pueblo de Alcácer quedó marcado para siempre. Y España también.