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Ana Belén, la fantasía de Vargas Llosa

  • Ana Belén y Ginés García Millán, en la obra, en la que la actriz es una dama que paga a un escritor para que escriba sobre sus viajes
    Ana Belén y Ginés García Millán, en la obra, en la que la actriz es una dama que paga a un escritor para que escriba sobre sus viajes
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de noviembre de 2013. 00:14h

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Madrid. 15/11/2013

Toda la vida es sueño, y los sueños... ¿sueños son? Hace ya décadas que un joven dramaturgo llamado Mario Vargas Llosa, un escritor en ciernes enamorado del teatro –fue su vía de entrada a la literatura–, empezó a construir casi sin darse cuenta un discurso que giraba sobre un tema recurrente: las frágiles membranas que separan la realidad de la ficción. Para el escritor peruano, los hechos imaginados constituyen una parte esencial de toda biografía, pues sin las fantasías y los deseos no se puede completar el retrato de cualquier ser humano. Todos soñamos. Todos aspiramos a otras vidas. Como la protagonista de «Kathie y el hipopótamo», una adinerada dama de París que, dos horas al día, se encierra en un cuarto con un escritor para que éste redacte sus viajes por África y Oriente. «Se trata de una obra que, en apariencia, es una comedia en la que los personajes se ponen de acuerdo para jugar a un juego serio que responde a una necesidad que compartimos los seres humanos: en todos hay el anhelo de vivir no sólo nuestra vida, sino otras, romper ese círculo cerrado de nuestras existencias, protagonizar aventuras apasionadas, feroces...», explica el escritor.

Otro tanto pasaba en las diferentes versiones de un mismo hecho, de las que nunca acabábamos de conocer cuál era la cierta, que sucedían en «La Chunga», la anterior obra del Nobel estrenada, a comienzos de año, en Madrid. «Kathie y el hipopótamo» levanta ahora el telón en el Matadero cumpliendo con el anuncio que el año pasado realizó Natalio Grueso de montar en los espacios municipales la obra dramática completa del autor hispano-peruano. En Madrid se habían visto ya en los últimos años las nuevas aventuras dramáticas de Vargas Llosa, como en «La verdad de las mentiras» (2007), casi una suerte de lectura dramatizada a partir de textos del autor sobre literatura, y «Las mil noches y una noche» (2008), reinvención, ésta sí plenamente dramatúrgica, del clásico oriental. En ambas el autor fue también actor al lado de Aitana Sánchez-Gijón y una vez más con el mismo tema de fondo: la permeabilidad entre lo real y lo imaginado. En este nuevo ciclo prometido por el Ayuntamiento de Madrid ya van dos de sus piezas, las más significativas, así que es previsible que les siga «La señorita de Tacna» o «El loco de los balcones». Ya se verá.

«Kathie y el hipopótamo» supone además el estreno en España de una pieza emblemática en la obra de un dramaturgo que a menudo ha sido eclipsado por el novelista. Norma Aleandro la estrenó en Argentina en 1983, pero hasta ahora nunca se había visto en nuestro país. Magüi Mira se ha puesto al mando de esta nave, en la que cuenta con Ana Belén y Ginés García Millán como protagonistas, además de Eva Rufo y David San José, compositor este último de la partitura de la obra, músico en escena y, lo han supuesto bien por el apellido, hijo de la protagonista y de Víctor Manuel. «Es una obra que requiere una gran versatilidad por parte de los actores –asegura Vargas Llosa–. Todos ellos encarnan papeles diferentes y a veces los cambios son muy bruscos. Estoy contento con las ideas que ha aportado Magüi a este montaje: creo que ha enriquecido mucho el texto añadiéndole música y humor. Había algo de humor, pero el montaje lo ha potenciado». La directora le devuelve los cumplidos: «Lo que ha escrito es teatro puro, porque habla de la necesidad que tenemos todos de hacer teatro: es decir, de vivir otras vidas. Nuestro cerebro es una máquina que no para nunca, y no siempre lo percibe. Pero Mario sí, y ha dado palabra a todas esas fantasías, esos deseos e ilusiones. Al final el instante es la suma de todo eso». Ese ir y volver de lo real a lo imaginado supuso, según contó Ana Belén, «un reto, porque no ha sido nada fácil para ninguno de nosotros estar trabajando en un plano real, en uno imaginario, haciendo unos y otros personajes... Todo eso nos ha requerido mucha concentración». Y asegura la actriz sobre su dama de la alta sociedad parisiense: «Me lo paso muy bien con ella, la entiendo, pero también la detesto por momentos. Es una mujer que es muchas, como cualquiera de nosotros podríamos ser».

Lo próximo, «El Decamerón»

En esa línea, el ideario del Nobel hispano-peruano aparece construido con claridad: «Somos no sólo lo que actuamos, lo que hacemos, sino también lo que soñamos y lo que sentimos. Esa dimensión de la vida constituye un ingrediente esencial de nuestra existencia. En mis novelas, pero sobre todo en mis obras de teatro, yo he tratado de mostrar esas dos caras de la existencia humana». Por eso, se muestra convencido de que «no podemos vivir sin ficciones: están en el origen de la civilización. Lo humano comienza cuando nuestros antepasados encuentran un lenguaje para comunicarse, dejan de gruñir... y empiezan a contarse cuentos». Para Vargas Llosa, «la ficción es el motor de la civilización, del progreso».

Y si alguien aún duda de que en la obra teatral de Vargas Llosa existe un tema central, escuchen al escritor hablar sobre su nuevo proyecto: «Estoy escribiendo justamente ahora una obra de teatro basada en los cuentos de Boccaccio, ''El Decamerón''. Siempre me fascinó la situacion inicial de esas historias. Boccaccio estuvo en Florencia en 1348, cuando la terrible peste negra devastó Europa, y escribió su obra inmediatamente después. La idea es que diez personas se encierran en una villa para escapar de la muerte de la única manera posible: a través de los cuentos. A través de la ficción».

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