Último tren para Susana Díaz

“«No tiene un pase», ha dicho Emiliano García-Page sobre la coyunda etarro-gubernamental”

GRAFAND2563. SEVILLA, 25/09/2020.- La secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz (i), conversa con el vicepresidente segundo del Gobierno, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, a su llegada hoy a la Fundación Cajasol en Sevilla para asistir a la conferencia ofrecida por la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, que con motivo de los 40 años de la autonomía andaluza ha organizado la Cadena SER. EFE/Julio MuñozJulio MuñozEFE

Pedrista de primera hora y premiado por ello con una Vicepresidencia del Congreso, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis empezó a pastar del presupuesto el siglo pasado, concretamente en 1998, el año en el que Mikel Azurmendi asesinó a Alberto Jiménez-Becerril: «Cometí atentados porque ése era mi trabajo e intentaba hacerlo lo mejor posible», ha declarado el angelito a guisa de reivindicación autobiográfica antes de acogerse a los beneficios penitenciarios que le brinda el Gobierno, rendido a Bildu a cambio de cinco síes en la votación de los Presupuestos Generales del Estado. El municipalismo es el hilo que engarza en esta historia a la víctima, Jiménez-Becerril, con el benefactor de su verdugo, Gómez de Celis, pues ambos fueron delegados de Hacienda del Ayuntamiento de Sevilla entre milenios, en una época en la que tampoco abundaban las certezas, es verdad, pero cuando sí había algunas cuestiones meridianamente claras: los dos grandes partidos nacionales compartían con la ciudadanía el rechazo frontal hacia el terrorismo, verbigracia, asunto que hoy es dudoso a la vista de los esponjosos mimitos que la dirigencia del PSOE prodiga a los albaceas de ETA. Por fidelidad a Sánchez, traga el vicepresidente del Congreso con este sindiós y ofrece a la todavía secretaria general de los socialistas andaluces la oportunidad de resaltar su perfil, tan desvaído desde hace dos años. «No tiene un pase», ha dicho Emiliano García-Page sobre la coyunda etarro-gubernamental, y uno se pregunta por qué Castilla-La Mancha sí habría de disfrutar de una izquierda con vocación nacional, en lugar del engrudo intragable que ha resultado de mezclar la socialdemocracia con la hez bolivariana y el separatismo criminoso. Es la última oportunidad de Susana Díaz.