Una carrera llena de obstáculos y sin relevo

El psicólogo granadino Alberto Megías se considera un privilegiado por desarrollar sus investigaciones en la universidad pública, ante un panorama con muy pocas oportunidades

Alberto Megías
Alberto Megías FOTO: La Razón Kiko Hurtado

La investigación científica en España es una carrera de fondo que el granadino Alberto Megías (Motril, Granada, 1982) comenzó sin tener claro si podría continuar mucho tiempo en ella. Después de graduarse en la Universidad de Málaga, se doctoró en Psicología Experimental y Neurociencias del Comportamiento en Granada y comenzó a encadenar contratos en universidades públicas, incluyendo tres estancias en el extranjero –en el University College de London; en Helsinki y en Polonia–. «Irse fuera es una cosa buena cuando tú lo decides y tienes posibilidad de elegir. El problema es que hay gente con mucho talento, con currículum bestiales y se queda fuera» del sistema, resume desde una situación que define como privilegiada porque, aunque no tiene plaza de titular, ha podido disfrutar de una trayectoria con cierta estabilidad, que le ha permitido desarrollar su línea de investigación.

En el Laboratorio de Emociones de la UMA trabaja en la creación de un programa de intervención emocional para generar mejores competencias en los conductores reincidentes y evitar así accidentes de tráfico. Su caso no representa a la mayoría de sus compañeros, especialmente a las generaciones que vienen por detrás y que ven cómo las oportunidades profesionales cada vez son menos. Las opciones pasan por dedicarse a la docencia, como asociados o sustitutos, u optar a las exclusivas ayudas para contratos postdoctorales Juan de la Cierva –500 de dos años en la convocatoria de 2022 para toda España– o Ramón y Cajal –cinco años y 647 plazas–.

Desde Andalucía se ha incorporado el Programa Emergia, con 60 contratos para cuatro años, uno de los cuales consiguió Megías, que no ve una solución a corto plazo para paliar las consecuencias de la reducción de la tasa de reposición cero impuesta durante seis ejercicios tras la crisis financiera de 2007. A partir de ese período, la dependencia del sector público ha crecido y financia el 90 % de la inversión en I+D en la enseñanza superior, según recoge el informe «La Universidad española en cifras 2017/2018». Todo ello está convirtiendo la investigación en una carrera llena de obstáculos y sin relevo generacional.