Entrevista

Juan Pedro Cosano: «La amnistía es un disparate jurídico»

Letrado y escritor, lamenta que «ayer fue Companys, hoy Puigdemont» y pronostica que miembros del Tribunal Constitucional del bloque progresista «van a votar en contra» de esta ley

El letrado y escritor Juan Pedro Cosano
El letrado y escritor Juan Pedro CosanoLa RazónLa Razón

Cuando la dictadura entra por la puerta, la justicia sale por la ventana. Igual que la paz y la reconciliación en beneficio del odio y la venganza. Juan Pedro Cosano ofrece un retrato claro en «El abogado de rojos» (Espasa). Se centra en aquellos que ni ganaron ni perdieron la guerra, sino en los que la soportaron luego. De aquellos que no fueron víctimas en el frente pero sí de la paz. El autor alerta de las similitudes entre aquel 36 y este 2024.

Su novela se centra más en la parte «Civil» que en la «Guerra».

Si, efectivamente. Pongo el foco en cuando la pretendida paz llega a Madrid, y paradójicamente se vuelve tan dolorosa como la guerra. Hubo muchos civiles que no fueron víctima en el frente pero sí de la paz.

Habla también de la abogacía en los tiempos de la dictadura, donde «la justicia con sangre entra».

Se basa en una justicia sumarísima, basada en un código militar del siglo XIX, también muy utilizado durante la República para sus procesos, que también los hubo y mucho. No se permitía recurrir la sentencia condenatoria, las posibilidades de defensa del inculpado o la presunción de inocencia era una pura entelequia.

El juicio era casi un trámite.

Solamente te podía salvar una intermediación o ‘recomendación’, y ni eso a veces. Con el tiempo la justicia militar de Franco fue evolucionando hacia una justicia más compasiva, pero siguió siendo una justicia de represalia.

Cita usted algunos ejemplos en la novela de esa justicia que no era justicia.

Cuento por ejemplo el caso real de una señora de sesenta y dos años que en una verbena en Chamberí pretendía a otro viudo. Por hacerse valer ante él, sabiendo que era de la CNT, dijo que había dado el precio de gracia a tres fascistas. Era mentira, pero este desvarío se le condenó a muerte por matar a no se sabe quién. En muchos casos se persiguió una idea, el pensamiento y la adscripción política; no delitos de sangre.

La España de los dos bandos.

De los tres bandos, dos que lucharon y no hay que olvidar a la gran mayoría. Sí, aquellos que soportaron la Guerra, la victoria y las consecuencias de la paz. Se fue víctima o verdugo según el territorio que pisaras ese momento. Hubo barbaridades por todas partes, por eso centro la novela en lo que pasó, pasó. No podemos seguir manteniendo viva la idea de las dos Españas, enarbolando banderas antiguas, reconciliarnos de forma definitiva. Cimentar el futuro sin odio ni venganza.

Su propósito es noble en la novela, pero la realidad...

Hay gente muy joven que no sabe lo que fue la Guerra y perpetúa el discurso de los buenos y los malos. Y debemos dejar de resucitar las viejas trincheras. Es el momento de olvidar, al menos perdonar unos a otros porque pecados hubo en todas partes.

Hay otro tema recurrente en aquel tiempo y este. Los indultos, la amnistía… Además, como elemento de convivencia para unos y la traición para otros. Otra vez marcando distancia.

Ayer fue Companys, hoy Puigdemont. Hay paralelismos que efectivamente dan escalofríos. Como jurista, y esto no es fábula o novela, la amnistía es un disparate jurídico. Me lo parece a mí y también a miembros del Tribunal Constitucional del bloque progresista, que le adelanto van a votar en contra. Todo esto en el caso hipotético de que se apruebe porque el espectáculo vivido estos días también es lamentable.

De aquel tiempo también la frase célebre «no te vayas a meter en política». Hoy casi no hace falta advertirlo como está el patio.

Pertenezco a una generación que tiene como referentes fundamentales a los políticos de la transición española. Y creo que la principal diferencia entre esa clase política y la de estos momentos era la capacitación para dedicarte a la política. No están tan preparados, por mucha titulitis o carnés que enseñen. No hacen falta profesionales de la política sino políticos profesionales.