Arte

Arte en defensa del medio ambiente

El Thyssen y el Prado se suman a la Cumbre del Clima con iniciativas artísticas que buscan crear conciencia sobre la crisis climática

La reciente reapertura del MoMA de Nueva York es un buen ejemplo de cómo los museos están cambiando. Donde antes solo había espacio para ciertos artistas y ciertos temas, ahora se abren amplias puertas que dan la bienvenida a las realidades de creadores de todo tipo. La diversidad es cada vez más relevante. Y está presente en los museos porque el sector cultural vive hoy de la relevancia, como escribe Adrian Ellis en “The Art Newspaper”. Por eso es natural que la crisis climática entre también en las pinacotecas. Anticipando la llegada de Greta Thunberg a Madrid y el comienzo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza se han sumado al esfuerzo de crear conciencia sobre la crisis ambiental a través del arte.

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El Thyssen, como parte de su acuerdo con la fundación TBA21 de Francesca Thyssen-Bornemisza, lo ha hecho con la llegada a su patio de “Western Flag”, de John Gerrard. El artista irlandés la creó hace dos años para otorgar "una imagen política al dióxido de carbono”. Se trata de una simulación realista de una bandera “izada” en Spindletop, Texas, donde estuvo desde 1901 uno de los campos petroleros que impulsó el auge de esa industria en Estados Unidos (fue allí donde nacieron gigantes como Exxon y Texaco). Pero la bandera no está hecha de ningún tejido, sino de humo negro que emana constantemente de siete tubos.

“Quiero ser claro: esto no es una grabación, es un mundo virtual. Es la misma tecnología que la de los videojuegos; es una simulación", explica el artista. La obra fue realizada inicialmente para la televisión por encargo de Channel 4 de Reino Unido, “pero se volvió muy conocida a través de las redes sociales, porque cuando Trump se retiró del Acuerdo de París la gente comenzó a publicarla como una forma de protesta. Desde entonces, las personas la publican cuando están descontentas con la manera en que los gobiernos están manejando todo lo relacionado con el medio ambiente”.

Por su parte, el Prado ha elegido y modificado cuatro obras maestras para mostrar cómo viviríamos si la temperatura aumentara más de 1,5ºC, el punto de inflexión que establecen los científicos para evitar consecuencias catastróficas para el planeta y para nosotros. Así, el “Felipe IV a caballo” que Velázquez retrata sobre una colina se ve ahora, literalmente, con el agua al cuello. Y “Los niños en la playa” de Sorolla ya no juegan solos en la orilla, sino rodeados de peces muertos.

Soledad Gutiérrez, comisaria de la muestra del Thyssen y hasta el mes pasado directora de CentroCentro, explica que “ese humo negro que sale de la bandera es la combustión del dióxido de carbono que muchas veces es invisible y que también es la principal causa de la emergencia climática. Y lo que me parece interesante precisamente es cómo, a través de la práctica artística contemporánea, podemos abrir ventanas o generar un mundo paralelo que nos ayude a cuestionarnos a nosotros mismos y que visibilice los problemas de nuestra realidad actual".

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No solo de arte vive el hombre

Pero para muchos museos y galerías no se trata únicamente de exponer obras que traten esos temas de actualidad, sino de adoptar posiciones o medidas que les conviertan en instituciones más sostenibles. En Reino Unido, por ejemplo, la Tate dejó de recibir fondos de la petrolera BP después de 26 años de un acuerdo entre ambas. La decisión se produjo en 2016 tras una serie de protestas lideradas por el colectivo artístico Liberate Tate que reclamaba que la pinacoteca recibiera financiación de una compañía tan contaminante. Aunque la National Portrait Gallery de Londres no ha roto su colaboración con BP, el mes pasado las National Galleries de Escocia sí se desmarcaron de la petrolera.

En Alemania un gran número de directores de instituciones artísticas exigieron al gobierno la creación de un equipo especial dedicado a estudiar los retos a los que se enfrentan los museos para no continuar contribuyendo a la crisis climática. Susanne Pfeffer, directora del MMK de Frankfurt, fue una de las que firmó la petición, en la que se pide que se marquen objetivos específicos respecto a temas como los aires acondicionados, la iluminación y el préstamo de obras, entre otras actividades que dejan una profunda huella de carbono.

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