Salud

Dr. Álvaro Rodríguez-Lescure: “Escuchemos a las pacientes. Escúchenlas”

Vicepresidente de SEOM: “Nuestro país está en el liderazgo mundial en investigación y en generación y publicación científica de resultados. Grupos cooperativos en España como Geicam y Solti, han contribuido a cambiar el conocimiento y los estándares de tratamiento a nivel mundial”

Los grupos cooperativos reciben más ayuda de las asociaciones de pacientes que de la administración, y dependen de la industria | Gonzalo Pérez Mata
Los grupos cooperativos reciben más ayuda de las asociaciones de pacientes que de la administración, y dependen de la industria | Gonzalo Pérez Matalarazon

Vicepresidente de SEOM: “Nuestro país está en el liderazgo mundial en investigación y en generación y publicación científica de resultados. Grupos cooperativos en España como Geicam y Solti, han contribuido a cambiar el conocimiento y los estándares de tratamiento a nivel mundial”

En el acervo cultural de nuestra sociedad solía asociarse el concepto de cáncer con el de muerte, con una connotación claramente fatídica. Ese maridaje de ideas respondía a una realidad palmaria que la historia reciente de la Medicina ha condicionado hasta devenir en un extremo antagónico, ahora presidido por un optimismo con frecuencia desmedido. En esa asociación, se ha cultivado la historia del cáncer como una superación frente a una adversidad que golpea la existencia de un ser humano en un momento dado.

El cáncer de mama responde paradigmáticamente a este esquema. En su imbricación en nuestro bagaje cultural ha influido de modo decisivo la acción de las asociaciones de pacientes que, desde hace años, pelean por visibilizar la realidad de la enfermedad. En España, todos los años se diagnostican más de 30.000 casos nuevos de cáncer de mama, cifra creciente por muchos y diversos motivos. Los cambios en el conocimiento de la enfermedad, de su diversidad clínica y molecular, los avances esenciales en el manejo terapéutico con la cirugía, la radioterapia y el tratamiento sistémico y las mejoras en el diagnóstico han contribuido a pasar desde un 65% a un 90% de supervivientes a cinco años en apenas 15-20 años. Por un lado, el control local con la cirugía conservadora y la radioterapia, la oncoplástica y la biopsia selectiva del ganglio centinela se acompañan de resultados estéticos y funcionales menos mutilantes y más eficaces. Por otro, la reducción del riesgo de recaída y de muerte con tratamientos sistémicos (quimioterapia, hormonoterapia y terapia dirigida) más eficaces se suma a este cambio a la hora de afrontar el escenario pronóstico. Sin embargo, esta realidad se ha empapado de ese optimismo relativizador que, teñido de rosa, ha dado menos protagonismo a la otra cara de la moneda en el escenario de la visibilización: el tumor con metástasis. En el momento del diagnóstico inicial, el cáncer de mama se diagnostica con metástasis en menos del 8% de los casos. Sin embargo, a lo largo del tiempo de muchos años, en ocasiones, podrán aparecer hasta en el 25% de los casos tratados. Este hecho nos enfrenta a la otra realidad, la de las más de 6.000 mujeres (y algunos varones) que mueren en España cada año por cáncer de mama metastásico. Una realidad, para quienes una historia de superación significa vivir cada día, arañando tiempo a la enfermedad con una mejor calidad de vida. Quienes trabajamos con pacientes nadamos entre las aguas de conseguir en la enfermedad inicial más supervivientes y que vivan con mejor calidad de vida con atención a sus problemas específicos y entre otras aguas, las de las pacientes con metástasis, para las que buscando en un futuro su curación, hoy muy poco probable, peleamos porque vivan más y mejor. Es un hecho que el abordaje multidisciplinar en el comité de tumores de mama ha contribuido a las mejoras en la supervivencia, al aplicar de forma eficaz una aproximación diagnóstica y terapéutica multidisciplinar y personalizada. Y que todas esas mejoras en la prevención, diagnóstico y tratamiento, derivan de la investigación. Sin ella no hay futuro. Sin ella, el presente de las pacientes con cáncer de mama sería claramente peor. Por eso, las asociaciones demandan, exigen, reclaman más y mejor investigación. De forma activa, entregada e incondicional, son las que promueven actividades y recaudan fondos que donan para investigar en cáncer de mama, se informan y promueven la divulgación de ensayos clínicos y programas de investigación en cáncer de mama. Nuestro país está en el liderazgo mundial en investigación y en generación y publicación científica de resultados. Grupos cooperativos en España como Geicam, desde hace 25 años, y Solti, han contribuido a cambiar el conocimiento y los estándares de tratamiento a nivel mundial. Y estos reciben más ayuda de las asociaciones que de la administración pública, dependiendo mayoritariamente de la financiación de la industria farmacéutica para el desarrollo de la investigación clínica y traslacional. Las pacientes deben ser el centro de nuestro esfuerzo y dedicación, y son ellas las que nos dan las claves con su ejemplo y su testimonio: investigar, investigar e investigar. Para ellas, nunca mejor dicho, es cuestión de supervivencia.

Si en España muere una paciente cada hora y media a causa del cáncer de mama, convendremos todos, como sociedad, que tenemos mucho que mejorar. Sin menospreciar los logros de una atención de alta calidad en nuestro sistema nacional de salud, no podemos olvidar que sólo la investigación en cáncer de mama es la que mejora los resultados. Tan obvio como la realidad de que en España el acceso a financiación de los grupos cooperativos es prácticamente inexistente desde la Administración pública y que desde la iniciativa privada se centra en la industria farmacéutica.

Son buenos tiempos para que los partidos políticos se planteen seriamente algún plan sólido en este sentido. Ya es hora de cambiar este panorama en nuestro país, no con tintes electoralistas, sino con vocación de conseguir un escenario distinto en nuestro país para la investigación en cáncer en general y en mama en particular. Sólo así cambiaremos el sentido del péndulo y podremos ser realmente más optimistas, cuando cambiemos los números actuales y podamos curar el cáncer de mama metastásico o, al menos, cronificarlo más de lo que ya conseguimos.