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La rosa roja más tecnológica se cultiva en Soria

El invernadero más grande del mundo de esta variedad de flor producirá 40 millones de unidades en 2018

  • Le especie Red Naomi tiene del doble de pétalos que cualquier otra variedad
    Le especie Red Naomi tiene del doble de pétalos que cualquier otra variedad

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12 de febrero de 2018. 18:49h

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Eva Martínez Rull 12/2/2018

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Faltan sólo tres días para San Valentín y el mercado de las flores se viste de gala para aprovechar uno de los momentos comerciales más potentes del año. De Garray, a 8 km de la ciudad de Soria, saldrán estos días con destino a los mercados europeos el mayor volumen de rosa roja de 80 pétalos que se comercializa en el mundo. La especie Red Naomí se creó en 2006 por el genetista Schreurs y es la única diseñada para crecer en invernadero. Se ha convertido en la más cotizada de las variedades también porque aguanta hasta quince días, tiene un tallo de hasta 90 centímetros y el doble de pétalos que otras rosas. «La mayoría de la producción de rosa roja se hace a cielo abierto en países como Kenia, Etiopía, Colombia y Ecuador, pero la calidad es diferente», explica Luis Corella, director general de Aleia Roses.

La Red Naomi cuenta con la certificación A1, la máxima en la categoría de las flores. Unos estándares que se han definido en los mercados internacionales, en subastas como la Royal Floral Holland, donde se venden hasta 20 millones de flores todos los días. «El mercado de flores en la Unión Europea asciende a los 8.000 millones de unidades. Entre 6.000-6.500 salen de Holanda y de ellas alrededor de 4.500 de esta subasta», detalla Corella. Sólo por hacerse una idea del valor de esta rosa, baste pensar que de media en el mercado internacional una flor de África o América se paga unos 25 céntimos y una Red Naomi se vende por 80.

Hasta hace tan sólo un año, este tipo de rosa sólo se producía en Holanda, pero desde 2017 la empresa Aleia ha instalado el mayor invernadero del mundo de esta variedad en tierras sorianas. En estas 14 hectáreas se producen entre 100.000 y 170.000 rosas rojas al día, es decir 40 millones de flores al año desde este 2018. Lo que se consigue cultivándola en invernadero es no sólo dotar a las plantas de las mejores condiciones de agua y temperatura para su crecimiento, sino que también prescindir casi por completo del uso de productos fitosanitarios para el control de plagas, sustituyéndolo lo por un control integado cuya base es la prevención y el seguimiento. «Para evitar la entrada de insectos se han instalado unas banderas cromáticas adhesivas. Se hace limpieza diferenciando entre zonas sucias y no, de esta forma los empleados tienen que recorrer un circuito antes y después de trabajar para evitar que entren virus. Los visitantes tampoco tienen contacto directo con las zonas de trabajo. Es una forma de que no haya accidentes y de que no entren plagas. Durante todo el año un equipo va vigilando la cantidad de insectos que hay antes de proceder con las intevenciones. Se introducen depredadores naturales en sueltas periódicas para cada una de las principales plagas, araña roja o mosca blanca entre otras, antes de que se expanda. También se aplica un fertilizante foliar inocuo que engaña a los hongos que colonizan las hojas para que piensen que ya se han extendido y detener su propagación», explica Sergio Moreno, director de operaciones de la compañía.

Regar con lluvia

El invernadero cuenta con tecnología punta para reducir los consumos de agua, calefacción y luz. Su apuesta más potente es el sistema de recogida de pluviales, que permite que entre el 45-55% de las necesidades de agua de las plantas se cubra sin abrir el grifo. Se recoge toda la lluvia en dos embalses; de esta forma, se pueden almacenar hasta 80.000 m3 de agua anuales. Además, se utiliza un sistema hodropónio de riego para minimizar el gasto. Por un lado, gracias a una serie de sensores y goteo por precisión sólo se riega la cantidad que necesita cada planta y por otro, al usar estrato y no tierra se consigue drenar y reutilizar el excedente. «En estos últimos meses y gracias al sistema de almacenamiento nuestra factura de agua ha sido de 4 euros totales», detalla Corella.

En cuanto al consumo energético, desde la empresa se plantean apostar por las renovables en el medio plazo. Sin embargo, ya desde el diseño, la instalación está pensada para reducir consumos. La cubierta es de vídrio difuso antirreflejo que aumenta la radiación solar y cuenta con pantallas de ahorro de energía para evitar las pérdidas de calor. Una de las ventajas que ofrece la ubicación de Soria, frente a las de los invernaderos holandeses donde se cultiva esta flor, es el número de horas de luz. «Estas rosas necesitan entre 6.000-6.500 horas de luz anuales, del total de 7.500 más o menos que hay en doce meses. En Holanda necesitan complementar la luz natural encendiendo las lámparas durante 4.500 horas. En España sólo se necesita luz artificial la mitad del tiempo», detalla Corella.

Las rosas necesitan mantenerse a una temperatura mínima de 16 grados, algo que se consigue con calderas de gas natural. Eso sí, el CO2 producido por la combustión de dicho gas se aprovecha a modo de fertilizante reintroduciéndolo en el invernadero para ayudar a las plantas a mejorar su proceso de fotosíntesis. De esa manera se evita su salida a la atmósfera.

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