Internacional

El mundo en 2019

La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, será una de las grandes protagonistas de este 2019. Efe
La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, será una de las grandes protagonistas de este 2019. Efelarazon

Los primeros compases de 2019 nos confirman que va a ser un año en el que seguiremos viviendo peligrosamente. Para los europeos, la salida de Reino Unido de la Unión Europea va a continuar marcando la agenda, consumiendo recursos internos y evitando que los esfuerzos se dirijan a superar nuevos desafíos como la brecha tecnológica, la robotización de la fuerza de trabajo o la preparación para la próxima crisis económica.

El laberinto del Brexit sigue sin una salida clara. Theresa May no tiene apoyos parlamentarios para sacar adelante su acuerdo con la UE, tampoco hay una mayoría para afrontar una salida “a las bravas”, ni para un segundo referéndum. A estas alturas solo hay una verdad y varias certezas. La verdad es que todos los escenarios post Brexit dibujados por los organismos independientes -como el Banco de Inglaterra- recogen una caída de la actividad económica tras la salida de la Unión. Todas las instituciones coinciden en que Reino Unido estará peor fuera de la UE que dentro. La arcadia feliz de prosperidad y abundancia que prometían los brexiteers en la campaña de 2016 se ha disuelto como un azucarillo. También está cada vez más claro que tanto si se produce un Brexit “duro” como si es “blando”, Londres seguirá con un pie dentro del bloque comunitario. La interdependencia generada durante 45 años de convivencia entre Reino Unido y el bloque hacen literalmente imposible la ruptura total. También se empieza a reconocer en ambos lados del Canal de la Mancha que con el Brexit todos pierden y nadie gana. Reino Unido se encuentra profundamente dividido. El divorcio de la Unión Europea ha provocado un terremoto territorial -con Irlanda del Norte y Escocia como principales epicentros- pero también se dejan sentir los ecos en la falla generacional y la socio económica. Las consecuencias negativas de la ruptura también se trasladarán a los Veintisiete, sobre todo a los Estados con mayor relación con Londres como Irlanda, Países Bajos, Alemania, España o Polonia.

No es el único sobresalto. Las elecciones al Parlamento Europeo previstas para el 26 de mayo se van a convertir también en otra prueba de estrés para las instituciones europeas. Una nueva oleada de populismo transversal y profundamente corrosivo que aglutina a partidos políticos de extrema derecha (Le Pen, Salvini o Abascal) y de extrema izquierda (Mélenchon, Corbyn o Iglesias) amenaza con dejar un Parlamento profundamente fragmentado difícil de gestionar. Estos partidos comparten una misma letra con distinta música: el pueblo contra las élites. El nacional populismo ahora en boga se apoya en la identidad y la soberanía nacional para tratar de atraer a los olvidados por la globalización. Este fenómeno ha perdido su acento más euroescéptico, pero sí reivindica otra Europa. Menos solidaria y menos integrada que preserve el mercado común.

En esta encrucijada aparece como un enigma el presidente francés, Emmanuel Macron, y su partido, La Republica En Marcha. El ímpetu europeísta con el que llegó al Elíseo en 2016 se topó primero con el “impasse” de las elecciones alemanas en septiembre de 2017 y, después, con el desgaste de su propio ejercicio del poder. El final de 2018 estuvo marcado por la fuerza del movimiento de los “chalecos amarillos”, que podría reactivarse si el Gobierno avanza en su programa de reformas. Macron puede confirmarse en este año como un “pato cojo” -nominación que adquieren los presidentes norteamericanos cuando pierden el poder legislativo en la mitad de su mandato- o puede revelarse como un estratega capaz de convertir los desafíos en oportunidades. En este ejercicio de resiliencia necesitará contar con su homóloga alemana, una Angela Merkel de salida -pues no se presentará a un quinto mandato- pero segura de que se ha convertido en una suerte de guardiana del orden liberal -tras los vaivenes de Trump- para plantar cara a las fuerzas más retrógradas del continente.

Donald Trump se mantiene como un personaje clave en esta singladura. Inicia su tercer año de mandato con una Cámara de Representantes dominada por los demócratas que están decididos a ser un contrapeso de la Casa Blanca. Trump puede quedar limitado por el poder legislativo, sin embargo, en la rama ejecutiva se ha quitado el lastre de los elementos más moderados de su Gabinete. El último en saltar del barco fue el secretado de Defensa y jefe del Pentágono, el general James Mattis. Puede esperarse un Trump en estado puro, más caótico e imprevisible, si cabe. En el exterior, el presidente de EE UU mantendrá su lucha por la hegemonía global con una China cada vez más asertiva. Tras la tregua de los aranceles, está por ver si EE UU y China optan por el acuerdo y la cooperación o mantienen la confrontación. Es posible que el magnate neoyorquino siga desafiando las reglas de la diplomacia clásica norteamericana y apueste por nuevas vías y nuevos aliados. En este escenario surge con fuerza el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, con el que ha sellado una nueva alianza contra las “dictaduras” de América Latina, esto es: Venezuela, Cuba y Nicaragua. Los dos comparten un discurso nacionalista que desprecia el multilateralismo y sus beneficios. Por su parte, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, tratará de contrarrestar el creciente aislamiento regional con los apoyos de Xi Jinping y Vladimir Putin. La capacidad de aguante del bolivariano es formidable y parece dispuesto a “morir matando”. No le importa reinar en la miseria. Ni el éxodo masivo de sus compatriotas y ni el colapso de la economía le han doblegado en su voluntad de perpetuarse en el poder y el día 10 se dispone a tomar posesión para su segundo mandato. La llegada del izquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a México podría suponer un balón de oxígeno para el venezolano. AMLO es el otro extremo a Bolsonaro pero con las mismas dosis de demagogia.

El pulso en Oriente Medio va a estar marcado por la salida de EE UU de Siria. Una decisión que pone a prueba el bloque anti iraní formado por Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí. Trump ha optado por una retirada del avispero sirio y si se consuma dejará vía libre a una Rusia ansiosa de nuevas áreas de influencia. Israel teme la aproximación del cinturón chií (de Irán hasta Líbano) a sus fronteras y el factor desestabilizador del régimen teocrático. Irán se enfrenta al décimo aniversario de la revuelta verde, de carácter democrático, con un fortalecimiento de las facciones más conservadoras de la república islámica. Una combinación que podría resultar explosiva.

Arabia Saudí, por su parte, sigue atrapado en el descrédito de su propio liderazgo tras el asesinato salvaje del periodista Jamal Khashoggi. El príncipe heredero y ministro de Defensa, Mohamed Bin Salman, puede caer en la tentación de activar las acciones en el exterior para distraer la atención interna sobre su persona. De ahí puede surgir una nueva fuente de conflicto. El “caso Khashoggi” ha dejado una gran lección para España. La imperiosa necesidad de fomentar desde la cosa pública una economía fuerte y de pleno empleo que no quede a expensas de regímenes poco fiables.

En Extremo Oriente se espera una abdicación inédita del Emperador Akihito en su hijo, el príncipe heredero Naruhito, que se convertirá en el 126 emperador de Japón. Un acontecimiento que podría simbolizar la apertura y modernización de la potencia asiática que se plantea, además, la necesidad de atraer inmigración y talento para mantener su pulso económico.

En este 2019 convulso se revela nuevamente esencial la labor del periodismo tradicional que ofrece información rigurosa y veraz a los ciudadanos. En esta época de proliferación de las nuevas plataformas digitales y redes sociales, se hace más necesario que nunca el establecimiento de sinergias entre los medios tradicionales y los recién llegados, que tras escándalos como Cambridge Analytica o las “fake news”, se han dado cuenta de que el mundo es más complejo de lo que habían soñado y requieren de los profesionales de la comunicación para no caer en la telaraña de la propaganda política.