Mary Toft, la mujer que engañó a la medicina dando a luz conejos

El mismo Rey de Inglaterra se creyó una de las historias más extrañas ocurridas en el siglo XVIII

Un grabado de la época ilustrando el extraño parto de Mary Toft
Un grabado de la época ilustrando el extraño parto de Mary ToftLa Razón

En 1726, Inglaterra quedó impactada por lo que muchos calificaron como el “Milagro de Guildford”. Fue en esa población donde tuvo lugar uno de los más extraños casos que se han conocido y que provocó el sonrojo de varios médicos. En esa fecha, una mujer de algo más de veinte años llamada Mary Toft sorprendió a todo el mundo por dar a luz conejos, muchos conejos, demasiados conejos. La ciencia, increíblemente, ratificó en un primer momento lo que parecía un cuento.

Antes de protagonizar el suceso que la hizo protagonista de no pocos rumores y leyendas, Toft era en 1726 una madre de tres hijos que se dedicaba, como muchos de sus vecinos en Guildford, a trabajar en el campo. Fue allí donde tuvo lugar un extrañísimo suceso: un día mientras se encontraba cultivando fue atacada por lo que ella calificó como un conejo gigante de seis pies de alto. El monstruoso animal, según su propio relato, la asaltó sexualmente, algo que contó a sus vecinas. Todo el pueblo la creyó y los maridos decidieron acompañar armados a sus mujeres por si volvía a ocurrir otra vez tan desagradable y extraño suceso.

Durante cinco meses, Mary fue contando su historia ante la sorpresa de todos. Pero el relato comenzó a tener un giro de guion inesperado. Un día, la muchacha sufrió un colapso en el campo a consecuencia de unos fuertísimos dolores que la impedían permanecer de pie. Joshua, el marido de Mary, preocupado por el estado de salud de su mujer, llamó a un médico quien le aseguró que su mujer se pondría pronto de parto. Así ocurrió un mes más tarde, pero con insólito resultado porque nuestra protagonista comenzó a expulsar lo que parecían restos de animales. Las crónicas varían a la hora de explicar lo sucedido: se dice que Mary Toft dio a luz trozos de animales mientras que otras hablan de conejos. Lo que estaba claro es que aquello no era normal. Las noticias de lo que sucedía en Guildford dieron la vuelta a toda Inglaterra y llamaron la atención de personalidades como Alexander Pope que creyó en lo que denominó como “milagro de Guildford”.

Los rumores llegaron incluso hasta la corte. Al Rey Jorge I le preocupó lo que estaba pasando con la campesina de Guildford, por lo que aceptó enviar hasta esas tierras a dos de sus mejores hombres para que investigaran concienzudamente esos sucesos. Hasta allí se dirigieron en una carroza real el cirujano de Su Majestad y el secretario personal del Príncipe de Gales. Los dos hombres no se creían nada de los rumores sobre una mujer que había dado a luz conejos. Era una historia que no tenía ningún sentido. Así que esperaban poder desmontar lo que consideraban una farsa en poco tiempo, el suficiente para levantar acta y volver a Londres para informar a Jorge I.

Sin embargo, las cosas al final no salen como uno desea. Ambas personalidades de la corte inglesa se quedaron atónitos al constatar que lo que pensaban era fábula había sucedido y pudieron ver los retoños, es decir animales, que había traído al mundo Mary Toft. El cirujano del Rey, Nathaniel St André, dejaría por escrito cómo había podido tener en sus manos algunos de los conejos y cómo había presenciado el nacimiento de hasta doce de estos animales llegando a la indudable decisión de que procedían del útero de Mary. No había fraude. Estaban ante algo parecido a un milagro, uno de los acontecimientos más asombrosos que se habían vivido en Inglaterra, si es que había sucedido con anterioridad algo que superara todo esto.

Pero no todos estaban de acuerdo con las investigaciones de los hombres de Jorge I. Algo olía raro en todo esto para un médico y comadrón llamado Sir Richard Manningham. El médico dispuso que Mary fuera ingresada en un hospital londinense donde él se encargaría de observarla con regularidad, controlando esos partos de conejos. De repente, todo acabó y dejaron de aparecer conejos. Poco a poco se fue desvelando lo que había sido un fraude perpetrado por los Tofts. De esta manera se supo que, antes de la llegada del cirujano real, habían cosido los ropajes de la cama para que pudieran esconder los animales que supuestamente salían del interior de Mary.

Los timadores abandonaron avergonzados Londres sin haber logrado ningún beneficio económico. Poco después, en 1727, dio a luz a una niña que llamaron Elizabeth. En el registro se indicaba que “es su primer hijo después de haber pretendido haber criado conejos”.