Cataluña recupera el pulso tras 100 días de estado de alarma

La fase de desescalada se alargará hasta Sant Joan, aunque la normalidad se va imponiendo poco a poco a lo largo de todo el territorio

Barcelona pasa a fase 2 de la desescalada
Aspecto de las Ramblas de Barcelona a principios de junio, con personas paseando. EFE/Quique GarcíaQuique GarcíaEFE

Las aguas vuelven poco a poco a su cauce en Cataluña 100 días después de que se decretara el estado de alarma. A un ritmo todavía lento, todo va tomando de nuevo el aspecto previo al 14 de marzo: la política bulle de nuevo; la economía se va reactivando; y, la vida social se va animando en la medida que la epidemia se va controlando. Aunque hay que mantener toda prudencia, ya que, a día de hoy, aún se registran fallecidos y contagios por Sars-Cov-2 y los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), que se han erigido en indicador de la evolución económica durante la emergencia sanitaria, siguen en cotas altas.

La «nueva normalidad» sí parece abrirse paso con el cambio de algunos hábitos sociales –como las mascarillas, la higiene de manos o las medidas de distanciamiento social-, pero no en la política catalana, que continúa atrapada en todas las derivadas que ha originado el «procés»: por un lado, el enfrentamiento –ahora ya a cara descubierta- entre los socios de Govern (JxCat y ERC), pese a que se dieron una tregua durante el pico de la pandemia; por otro lado, la dinámica de bloques –constitucionalistas y independentistas-, que no termina de romperse y acaba teniendo efectos adversos también sobre la política española, donde el Gobierno vive desconcertado ante los vaivenes de Esquerra, mientras soporta los permanentes ataques de Quim Torra -primero por la gestión sanitaria, y ahora por la económica–.

Este escenario de inestabilidad puede acabar convirtiéndose en un serio escollo para la recuperación. Y con las elecciones catalanas en un horizonte cada vez más cercano, se pueden acentuar aún más los problemas. Quim Torra, que será previsiblemente inhabilitado en octubre, puede dinamitar la política de nuevo.

En cualquier caso, toda la evolución política, como económica, estará condicionada por la crisis sanitaria. De momento, la desescalada, iniciada a finales de abril con los permisos para salir a pasear y concluirá pasado Sant Joan en Cataluña, parece haber espantado todos los temores a un repunte de casos, pese a que sí que se han detectado pequeños brotes, como en Lleida o en una residencia en Reus (Tarragona). En este sentido, el jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Clínic de Barcelona y presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, el doctor Jordi Vila, daba por hecho en una reciente entrevista con este diario que no se dará una segunda oleada como la primera por dos motivos: porque los casos ahora se pueden controlar mejor; y, porque la temperatura también dificulta la propagación del virus.

En este sentido, el balance de fallecidos ascendió ayer a 12.506 personas (11 más que el viernes) y el de contagiados a 70.333 (117 más que el viernes). Sigue creciendo, aunque a un ritmo menor y, sobre todo, permite aliviar a los centros hospitalarios, que tuvieron que multiplicar esfuerzos durante la fase crítica de la pandemia. La Generalitat, que con la ayuda del Ejército ha tenido que montar hospitales de campaña, siempre ha sostenido que tuvo que triplicar el número de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), hasta superar las 1.800 camas –la capacidad habitual en Cataluña es de 600-. Si bien, también es cierto que la autonomía encaró esta crisis con una de las ratios de UCI más bajas de la Unión Europea debido a los recortes sanitarios: 8 por cada 100.000 habitantes.

Ahora, los hospitales parece que ya respiran: el Hospital Clínic, por ejemplo, celebró el lunes que era su primer día con ninguna urgencia ni ningún ingreso desde marzo por coronavirus. En estos momentos, quedan aún en toda Cataluña 62 pacientes graves, aunque muy lejos de las cifras de mediados de abril (1.300).

Finalmente, en el ámbito económico, la crisis del coronavirus ha golpeado duramente a Cataluña, como el resto del mundo. La economía cayó un 4,2% en el primer trimestre del año (enero a marzo) y las previsiones macroeconómicas de la Generalitat, publicadas el 30 de abril, es que el PIB se contraerá este año un 7,6% y rebotará en 2021 con un crecimiento del 6,5%. Los ERTE, de momento, siguen sin reducirse pese a la reactivación de la actividad, aunque apenas aumenta diariamente: según los últimos datos del viernes, el cómputo global asciende a 725.809 personas afectadas.