Elecciones en el País Vasco: examen para la coalición entre PP y Ciudadanos en Cataluña

Un mal resultado en los comicios del 12 de julio puede alejar aún más la alianza entre ambos partidos para las autonómicas catalanas

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El líder del PP de Catalunya, Alejandro Fernández, en un pleno del Parlament PARLAMENT 03/06/2020 PARLAMENT

La fiebre por las coaliciones surgida en Cataluña a raíz del «procés» va perdiendo fuerza. El bloque independentista experimentó con JxSí (alianza entre ERC y Convergència) en las elecciones del 27 de septiembre de 2015, pero, visto el resultado –no consiguió el objetivo que se marcó de superar el 50 por ciento de los votos–, no se volvió a reeditar. El constitucionalismo, que ha explorado también esta vía con mayor timidez, tendrá su primera prueba de fuego en las elecciones del País Vasco del 12 de julio, aunque las perspectivas no son muy favorables: de hecho, de confirmarse el desplome que apuntan las encuestas, puede prácticamente sentenciar todas las opciones de una alianza en Cataluña, bajo la marca de Cataluña Suma.

Además de las proyecciones que arrojan los estudios demoscópicos, las relaciones entre PP y Ciudadanos tampoco atraviesan su mejor momento. El giro del partido naranja con Pedro Sánchez y Quim Torra ha alejado a ambas formaciones –el líder popular en Cataluña, Alejandro Fernández, hablaba el pasado lunes de falta de confianza–: los populares se han mostrado poco receptivos al acercamiento del partido naranja al presidente del Gobierno, pero menos aún al intento de abrir una vía de colaboración con el Govern –un ejemplo remarcable en este sentido es la mano tendida del partido liderado por Inés Arrimadas para modificar los presupuestos de la Generalitat del 2020 y para aprobar las cuentas de 2021, además de mostrar voluntad por alargar la legislatura pese a que está «agotada», como ha reconocido hasta el propio Quim Torra–.

Los naranjas han optado en Cataluña, como a nivel nacional, por la vía de la colaboración con el Govern en la gestión de los efectos de la crisis del coronavirus –mantiene, eso sí, una férrea oposición y rechazo al «procés» y las iniciativas en esta línea de Torra–. Este planteamiento, que en otras circunstancias sería bienvenido, ahora choca con la mayoría de grupos parlamentarios, que piden elecciones por el caos y el desgobierno que reina en la Generalitat fruto de la división entre JxCat y ERC. Justo lo contrario que Ciudadanos, que necesita ganar tiempo y alejar al máximo posible el escenario electoral para tratar de remontar en las encuestas.

Lo cierto es que en el PP tampoco se cierran a retomar una negociación tras los comicios vascos, aunque tampoco entusiasma la alianza con Ciudadanos –excepto a algunos dirigentes, como Cayetana Alvárez de Toledo, que continúa planteándola–. Las reticencias siempre han existido –en mayor o menor medida–, pero ahora se han intensificado a raíz del cambio de rumbo del partido naranja y, sobre todo, ante las malas perspectivas en las elecciones del 12 de julio. «Si sale mal en el País Vasco, será que al electorado no le convence la propuesta de coalición», explican en las filas populares.

Ciudadanos siempre había cerrado la puerta a una coalición con el PP: más aún cuando estaba en pleno apogeo tras su histórica victoria en las elecciones del 21 de diciembre de 2017. Sin embargo, ante las malas perspectivas electorales después de la debacle en las elecciones generales de noviembre de 2019, el discurso empezó a variar y el partido se empezó a abrir a explorar esta posibilidad.

El PP afronta las elecciones catalanas –todavía sin fecha, aunque previsiblemente se celebrarán hacia finales de año ante la probable inhabilitación de Torra como president entre septiembre y octubre– con grandes esperanzas en confirmar la tendencia que apuntan las encuestas y remontar el vuelo. El partido, en contraposición a Ciudadanos, se ha revalorizado en Cataluña durante los últimos tiempos gracias a Alejandro Fernández, que se ha convertido en uno de los mejores parlamentarios de la cámara catalana –ampliamente reconocido– y, junto a Miquel Iceta, ha tomado prácticamente el testigo de Inés Arrimadas como líder del constitucionalismo en Cataluña; y, a Xavier García Albiol, que ha logrado la alcaldía de Badalona –el cuarto municipio más importante de Cataluña (220.000 habitantes)–.

En ese objetivo de liderar el constitucionalismo, los populares han tomado la iniciativa desde hace meses y están trabajando en la preparación del «Libro Blanco para la libertad de Cataluña» –está ya casi listo–, que recoge medidas sobre diversos ámbitos para fortalecer al Estado en la autonomía y «revertir el proceso de construcción nacional» ideado por Jordi Pujol en los años 80. El PP tiene previsto presentar este plan en la antesala de las elecciones catalanas.