El Parlament rechaza la investidura de Aragonès

JxCat consuma su abstención y se activa la cuenta atrás de dos meses para escoger a un president antes de que Cataluña se vea abocada a una repetición electoral

Carles Puigdemont ha conducido a la política catalana a un bloqueo «sine die». JxCat ha certificado este viernes su rechazo a Pere Aragonès y ha tumbado la investidura absteniéndose. Aragonès ha contado con 42 votos a favor (ERC y CUP) y 61 en contra (PSC, Vox, Podemos, Ciudadanos y PP). Además, ha ido más allá y ha pedido que el presidenciable renunciara a la segunda votación prevista para el martes, dando por hecho que mantendrá el mismo sentido del voto. JxCat reclama más tiempo para alcanzar un acuerdo. El candidato de Esquerra, lejos de asumir el dardo, ha respondido que por «respeto» a los electores y al independentismo se presentará al debate y ha asegurado que se volcará en las próximas horas por tratar de lograr un pacto.

No obstante, por ahora, el talante de JxCat invita a pensar que será imposible una investidura de forma inmediata. El partido de Carles Puigdemont ha endurecido sobremanera las negociaciones (imponiendo ciertas exigencias alejadas de los intereses de Esquerra y ralentizando el ritmo de los contactos) desde el 14 de febrero y ya advierte de antemano contra las presiones. «El ‘pressing’ Junts no funcionará, tomen conciencia», ha asegurado el portavoz de los posconvergentes, Albert Batet. Lo cierto es que JxCat también plantea quejas contra Esquerra, por cómo ha encarado las negociaciones desde el 14-F, tratando de atar primero un acuerdo con la CUP, y señala que hay diferencias aún de fondo que impiden cerrar un acuerdo de legislatura.

De entrada, JxCat reclama «concreción» a Aragonès. «Le pedimos pasar de la retórica a la concreción», ha asegurado Batet. Y, ¿qué concreciones echa en falta JxCat? Aunque hay divergencias de ámbito competencial (de conselleries, entre las cuales sobresalen Salud y Economía –gestión de los fondos europeos–), destacan las diferencias del ámbito del «procés». En el partido de Puigdemont consideran que hay que atar un «buen acuerdo» que permita especificar cómo responder ante cada actuación del Estado y cómo avanzar en el «procés». Y, en concreto, plantean construir una «bifurcación» que pase por la gestión del día a día a través de la Generalitat mientras que la dirección del proyecto rupturista quede en manos del Consell per la República liderado por Puigdemont.

A través de esta entidad, la intención es dar pasos hacia la independencia alejados del alcance del Estado ya que el timón estaría en Bruselas. «Todas las victorias que hemos conseguido durante los últimos tres años llevan el sello del exilio», ha espetado Batet, reivindicando la figura de Puigdemont, tan en el punto de mira de ciertos sectores del independentismo por estar detrás del fracaso de las negociaciones –señalan sus imposiciones y su voluntad de protagonismo como principal escollo–.

Aragonès asume y reconoce el trabajo en el exterior del expresident de la Generalitat, pero también ha advertido de que esa proyección internacional solo avanzará si cuenta con la «fuerza» de la vía del diálogo en España. El presidenciable republicano ha hecho énfasis en la mesa de diálogo, ha defendido su reactivación de inmediato y ha atribuido la demora a la pandemia y el «clima preelectoral» del último año. Pero más allá de eso, Aragonès, sobre todo, ha reclamado a JxCat aparcar posiciones «maximalistas» y ha urgido a desbloquear la formación de un Govern para atender las necesidades desencadenadas por la crisis del coronavirus. En este punto, ha asegurado que las diferencias «no son insalvables» y, de hecho, ha afirmado que son «más pequeñas» que las que ha habido en procedimientos de investidura anteriores.

Aragonès, en cualquier caso, ha podido contar con los nueve apoyos de la CUP y ha sumado 42 escaños, insuficientes para ser investido. Los 32 parlamentarios de JxCat se abstenido y 61 han votado en contra. Los cuperos han recriminado a JxCat que no haya respondido a sus propuestas ni se haya reunido con ellos.

La sesión parlamentaria ha dejado de manifiesto las diferencias entre Esquerra y JxCat, que auguran una legislatura igual o peor que la anterior: de fondo, han ido apareciendo reproches del pasado –entre ellos, la frustrada investidura telemática de Puigdemont–. Pero también ha emergido la figura de Jéssica Albiach (Podemos) para tender la mano a Aragonès y tratar de tejer una alternativa: se ha ofrecido al candidato de Esquerra para fraguar un Govern de coalición sin JxCat.