Cuando Sherlock Holmes perseguía fantasmas

Wunderkammer recupera un libro desconocido de Sir Arthur Conan Doyle, padre del célebre detective

El escritor aplicó en el libro las mismas técnicas que su detective Sherlock Holmes
El escritor aplicó en el libro las mismas técnicas que su detective Sherlock HolmesLa Razón

Sherlock Holmes siempre triunfaba. Pocas, muy pocas veces falló, probablemente con la excepción de su enfrentamiento con el doctor Moriarty en las suizas cataratas Reichenbach y acabó con los dos cayendo al vacío. Sir Arthur Conan Doyle, el padre del detective, tuvo su Moriarty particular por su obsesión con el mundo paranormal. A ello le dedicó un libro que increíblemente no estaba al alcance del lector de nuestro país. Se trata de «El caso de la fotografía de espíritus», una fascinante obra que el próximo 2 de noviembre llega a las librerías de la mano de Wunderkammer.

Doyle siempre sospechó que había algo más al otro lado, que no todo se acababa con la muerte. En ello puso no poco empeño como lo demuestra su devoción por las sesiones de espiritismo, algo que acabó costándole su amistad con el ilusionista Harry Houdini. También pensó que era posible la existencia de las hadas hasta que fue engañada por dos niñas llamadas Elsie Wright y Frances Griffith que le hicieron creer que incluso podían fotografiarse estos seres mágicos.

Pero el Moriarty de Conan Doyle se llamó William Hope, un carpintero que aseguraba que había creado una técnica con la que poder captar el espíritu de un fallecido. El poder atrapar con la fotografía el más allá convenció a muchos, incluso a alguien que se movía por el racionamiento más inteligente, igual que Sherlock Holmes, su criatura de ficción más famosa. El escritor no solo quedó sorprendido ante los logros de William Hope sino que le dedicó a su trabajo un libro que es el que se edita en unos días.

En 1919 el autor de «El sabueso de los Baskerville» quedó plenamente convencido. Con su esposa posó ante William Hope surgiendo una imagen, la de un niño. «Esta es la cabeza de mi hijo, con un aspecto siete años más joven que el que tenía cuando murió. Se tomaron todas las precauciones y, en la medida en que pude observar, ninguna otra mano salvo la mía tocó la placa», aseguró Doyle en 1919. Tres años más tarde, cuando ya era un escritor reconocido en todo el mundo gracias a la fama de sus novelas y relatos con Holmes y Watson como protagonistas, decidió escribir «El caso de la fotografía de espíritus». De esta manera quería defender a Hope de quienes lo calificaban como un estafador. Había motivo: la Sociedad de Investigación Psíquica Británica había puesto en el punto de mira tanto a Hope como al círculo espiritista de Crewe. Doyle se enfundó las ropas de Holmes, se encendió su pipa de detective y empezó una investigación que no tenía nada que envidiar a los casos que aceptaba su héroe.

Conan Doyle fotografiado con un supuesto espíritu
Conan Doyle fotografiado con un supuesto espíritu FOTO: La Razón

El autor se dedicó a buscar testimonios que pudieran corroborar que sí, que los espíritus se podían retratar. Por ejemplo, el señor y la señora H. East, en una visita sorpresa al círculo de Crewe, obtuvieron una imagen de alguien que se parecía a su hijo. Lo mismo le ocurrió a la señora Buxton que tras fotografiarse con su hija, obtuvo una imagen del rostro psíquico de su fallecido padre.

En el libro, Doyle sostiene que «me congratulo en poder añadir que la inocencia de Hope ha quedado clara y completamente restablecida, y que este hombre se muestra ante el mundo como alguien que ha sido muy cruelmente difamado, víctima de un complot de larguísimas y singulares ramificaciones». El autor estaba convencido que las pruebas y las deducciones a las que había llegado «se han revelado ahora absolutamente justificadas, y está claro que las placas marcadas fueron extraídas antes de que el paquete llegara al Instituto de Ciencias Psíquicas».

Pero, ¿había acertado con sus investigaciones aquel que seguía la estela de Sherlock Holmes aunque fuera en esta ocasión persiguiendo fantasmas? Todo era una estafa y Sir Arthur Conan Doyle se vio obligado a retirar un libro que hoy, por fortuna, podemos leer.