Referente literario

La necesaria recuperación de Ana María Moix

Trampa Ediciones publica «Detrás del telón» con los textos de un curso que la reconocida escritora barcelonesa impartió en la Universidad Menéndez Pelayo en 2012

Ana María Moix: «Los niños quieren la fama como oficio»
Una imagen de Ana María Moixlarazon

El tiempo a veces es injusto y obliga, cuando un creador fallece, a que tenga que pasar por una suerte de un purgatorio. Eso es lo que han vivido nombres como Francisco Umbral, Camilo José Cela o los hermanos Terenci y Ana María Moix. La presencia de esta última en librerías, pese a ser reconocida como una de las mejores escritoras de su generación, ha disminuido de manera notable y cuesta actualmente encontrar algunos de sus títulos más destacados. Hablamos de quien fue la única mujer que incluyó Josep Maria Castellet en su antología «Nueve novísimos», además de una magnífica traductora de Beckett o Duras, y una editora con gran olfato. Por fortuna, poco a poco, parece que Ana María Moix vuelve y, en ocasiones, ese retorno viene de la mano de alguna sorpresa muy significativa.

Esa pequeña gran editorial que es Trampa Ediciones acaba de publicar «Detrás del telón», un volumen en el que podemos leer por primera vez el curso que Moix impartió en julio de 2012 en la Universidad Menéndez Pelayo, en Santander con el mismo título que da nombre al libro. A ello se le suma una serie de crónicas, hasta ahora inéditas y escritas originalmente en catalán, centradas en una de las grandes pasiones –nada oculta– de la narradora y poeta: el fútbol.

En la introducción de esta obra nos explica Nora Catelli, que tanto y tan bien conoció a Ana María Moix, que el curso de 2012 «le permitió una revisión de su talante de escritora, y le exigió un exquisito esfuerzo pata explicar y explicarse los mecanismos de la creación». A este respecto, la autora de «Vals negro» no dudó en volver a usar, como apunta Catelli, «distintos textos previos, semblanzas y relatos» pero que ahora actualizó para quienes se acercaron a la Menéndez Pelayo. Cabe apuntar que en «Detrás del telón» también tenemos, a la manera de presentación/prólogo, el poema «Teatro de sombras» que su autor Pere Gimferrer dedicó a la memoria de Ana María Moix.

El curso arrancaba con toda una declaración de principios por parte de nuestra protagonista, al afirmar con rotundidad que ella pertenecía a esa clase autores que mentía cuando se encontraba en la tesitura de explicar los motivos que le habían llevado a escribir un determinado libro. Por eso, Moix quería dejar claro que «la obra de un escritor es lo que piensa e imagina, pero también lo que ha leído, lo que ha oído, lo que ha visto en la calle o en el cine, lo que ha vivido y lo que le han contado. La experiencia vicaria es tan importante o más que la personal».

La autora de «Las virtudes peligrosas» habla también del tiempo que estuvo sin llevar a imprenta ningún texto literario, aunque eso no significara forzosamente que fuera a abandonar la literatura. Aquello era algo que «nunca se cruzó por la mente, nunca tuve la sensación de no escribir. Escribir es una manera de estar en el mundo, aunque no publique una línea; es una manera de pensar, de sentir, de ver el mundo».

Resulta divertido leer la anécdota en la que cuenta lo que le ocurrió tras publicar «Walter, ¿por qué te fuiste?» en Barral Editores. Una de las colaboradoras extranjeras de aquel sello dirigido por Carlos Barral le comentó, tras entregarle el primer ejemplar de ese libro, que «una carrera profesional, de escritor, requiere que nos entregues una novela cada dos años, de lo contrario, te quedarás colgada. La crítica, el periodismo cultural y el lector olvidan muy fácilmente». Una sorprendida Moix, ante aquella advertencia, replicó a «aquella lumbrera», como la define, que ella no estaba en condiciones de cumplir semejante papel.

En «Detrás del telón» podemos encontrar información sobre el nacimiento de su vocación de escritora, «imitando descaradamente», como ella misma afirma, a Gustavo Adolfo Bécquer, Ana María Matute y Azorín. Uno de esos relatos acabó publicado en las páginas de la revista «Destino» casi por casualidad porque su propietario y editor, Josep Vergés, pensaba que su autor era originalmente Terenci Moix. Ana María resalta la importancia que tuvo para ella leer literatura contemporánea gracias a Terenci y a Pere Gimferrer, «una fuente de información cultural y literaria». Gracias a este último descubrió a una escritora importantísima en su vida como fue Rosa Chacel.

El curso contiene algunos pasajes con Ana María Matute como protagonista. A este respecto, resulta curioso el paralelismo que traza entre la autora de «Olvidado rey Gudú» y Leo Messi, algo que cierra con esta pregunta: «¿Tendrá Messi, como otros creadores de distintos ámbitos de la cultura y de las artes hoy jóvenes, la valentía de Matute para mantenerse en sus por lo menos doscientos cincuenta mil años de edad? Ojalá».