Tapputi: ¿La primera química de la historia?

Los primeros pasos de la química pudieron empezar hace 3200 años en Mesopotamia, a manos de Tapputi y Ninu, dos de las perfumistas del Rey.

Posible busto de la diosa mesopotámica de la salud: Gula (2150-2100_a.C.)
Posible busto de la diosa mesopotámica de la salud: Gula (2150-2100_a.C.)Dominio Público

Nuestra historia ocurre en un mundo a medio camino entre la magia y la ciencia. En una tierra donde conocimiento y superstición crecían juntos, fundiéndose hasta hacerse indistinguibles. Por aquel entonces, Tukulti-Ninurta I, rey de reyes, gobernaba desde su palacio en la legendaria ciudad de Babilonia. Era el año 1.200 antes de Cristo y quedaban 600 años para que Nabucodonosor II embelleciera la ciudad, convirtiéndola en una maravilla de jardines colgantes y puertas legendarias. En aquella época, la medicina diagnosticaba demonios en lugar de enfermedades y los astrónomos navegaban el cielo en busca de señales divinas. Sin embargo, en uno de los palacios de esa Mesopotamia babilónica, había dos mujeres haciendo algo que cambiaría la historia de la ciencia. Porque allí y en aquel momento, Tapputi y Ninu estaban dando los primeros pasos que nos llevarían hasta la química moderna.

Casi todo lo que sabemos de ellas se reduce a una tablilla cuneiforme donde se nombra a Tapputi-Belatekallim y en la que se distinguen las últimas letras de un nombre perdido: -ninu. Cuenta la tabla que ambas se dedicaban a hacer perfumes para el Rey, de hecho “Balatekallim” hace referencia a una mujer supervisora de un palacio. Posiblemente Ninu fuera la ayudante de Tapputi aunque no por ello se trataba de una figura menor, pues se la nombra como autora de un texto sobre síntesis de perfumes. No obstante ¿puede considerarse esto como “los primeros pasos de la química”?

Los nacimientos de la química

Algunas personas apuntan que la química empezó mucho antes, con la teoría egipcia de la Ogdóada. Según ésta, existían ocho fuerzas primordiales llamadas “las almas de Thot” que daban forma a todo lo que había existido, existía y existiría, desde el principio de los tiempos hasta el último ocaso. Esto es absoluta y rotundamente falso, por supuesto. Pero lo cierto es que todo depende de cómo queramos trazar la frontera entre química y metafísica. Porque si bien podemos distinguir con total claridad una de otra, la ciencia ha nacido de proto-ciencias, poco a poco y de forma gradual, haciendo imposible decir con exactitud cuándo empieza una y termina la otra. Todo depende de cómo de estrictos seamos.

Hoy en día la teoría de la Ogdóada no tendría el menor valor, pero en aquel tiempo traslucía un primer intento de entender las sustancias que componían nuestro mundo, un pensamiento germinal de la química. Por otro lado, teóricos más estrictos defenderán con uñas y dientes que la química moderna empieza en 1.661 con la publicación de “El químico escéptico” de Robert Boyle o incluso más adelante, en el siglo XVIII con Antoine y Marie Lavoisier.

A veces queremos clasificar lo inclasificable y trazar fronteras imposibles en cosas que, realmente, se desarrollan de forma progresiva y sin grandes aspavientos. Por eso, pensar en Tapputi y Ninu como las primeras químicas es tan cierto y falso como cualquiera de las otras hipótesis. De hecho, es probable que no nos hayamos entendido, porque si bien la producción de cosméticos requiere de conocimientos científicos, en Mesopotamia el término “perfumes” era algo más amplio de lo que es ahora. Los perfumes que hacían Tapputi y Ninu eran sustancias de buen olor, sí, pero con propósitos medicinales y rituales. En otras palabras: eran una parte central de las culturas mesopotámicas.

Una receta para el Rey

Al tener un papel religioso, la producción de perfumes seguía un protocolo estricto en el que las medidas y los tiempos jugaban un papel fundamental. Flores, aceites y numerosas plantas aromáticas eran mezcladas con precisión y reverencia. De hecho, para extraer sus esencias, Tapputi y Ninu se valían (entre otros) de procedimientos químicos como la sublimación, que consiste en pasar una sustancia de sólida a gaseosa de forma directa, saltándose así la fase líquida.

Por suerte, parte de una de sus recetas ha conseguido llegar hasta nuestros días. En ella Tapputi nos conduce por todos los pasos necesarios para prepararle un ungüento al rey de Babilonia. Primero nos enumera los ingredientes, que son: agua, flores y aceite de cálamo. Estos elemento se dejaban hervir para que liberaran sus esencias, las cuales ascendían en forma de vapor para rápidamente condensarse en gotas sobre las paredes de lo que probablemente era uno de los primeros alambiques de la historia. Estas gotas concentradas eran utilizadas como una tintura y diluidas en una mezcla de agua y alcohol de un modo similar a como se preparan ahora los perfumes. De este modo, los aromas eran más ligeros, brillantes y duraderos. Aquello fue sin duda toda una revolución, sobre todo viniendo de tiempos en que la única fragancia provenía de machacar la resina del olíbano.

Un largo camino por delante

Por aquel entonces, la mayoría de los instrumentos que usaban Tapputi y Ninu se habían creado para cocinar, otra tarea donde la química reinaba. Sin embargo, a partir de esta época el material de laboratorio empezó a especializarse hasta volverse propio de la disciplina. La química moderna ya estaba en camino, aunque la distancia que quedaba por recorrer sería larga y estaría contaminada por la agridulce alquimia.

Poco más es lo que sabemos de estas dos figuras. De hecho, es probable que nunca llegaran a existir. Por desgracia, la información que tenemos de ellas es muy limitada y podría tratarse de un pseudónimo, el nombre dado a una comunidad de perfumistas o simplemente una fábula. No sería raro que, antes o después, figuras como estas se desvanecieran en la ficción. La egipcia Merit Ptah, por ejemplo, era considerada la primera médica de la historia. Ahora se cree que pudo ser originada pro un error al confundir a dos personas: Peseshet (que practicó la medicina tiempo después) y la esposa del visir Ramosé. Del día a la noche Merit Ptah podría esfumarse, y lo mismo podría ocurrirles a Tapputi y Ninu.

No obstante, existieran o no, es bastante seguro que en Babilonia ya había mujeres trabajando como científicas, practicando una suerte de química primitiva. Ellas jugaban un papel importante en la sanidad y en lo espiritual. Con sus procedimientos, pusieron un granito de arena más en el desarrollo de la química y, por lo tanto, del mundo que disfrutamos hoy.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Tapputi y Ninu pudieron no existir como tal. Se trata de una sospecha frecuente entre personajes antiguos de los cuales no tenemos demasiada información, como con Pitágoras o Hipócrates.
  • Que nos cueste decir cuándo empezó exactamente una disciplina científica no quiere decir que seamos incapaces de discernir qué es ciencia y qué no. La teoría de Ogdóada no es científica.
  • Lo más probable es que ninguno de estos perfumes tuviera efecto alguno. Recuerda que la aromaterapia no se ha demostrado útil para tratar enfermedades y que la fitoterapia es poco eficaz y peligrosa. Ante cualquier problema, consulta a un profesional sanitario y evita los tratamientos alternativos.
  • La tablilla cuneiforme con la que se suele ilustrar la historia de Tapputi es en realidad un documento del 3000 a.C. del periodo de Uruk III que nada tiene que ver con esta historia.

REFERENCIAS: