Las fronteras del sistema solar: ¿el futuro hogar de la humanidad?

Los miles de mundos congelados que existen más allá de la órbita de Neptuno podrían llegar a convertirse en nuestro hogar… En un futuro muy distante.

Ultima ThuleNASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute/Steve Gribben

Después de sobrevolar Plutón y obtener imágenes de su superficie con un nivel de detalle sin precedentes, la sonda New Horizons continúa su viaje hacia los confines del sistema solar con el objetivo de estudiar otros objetos transneptunianos, referidos con frecuencia como TNOs, por sus siglas en inglés.

Se consideran TNOs los cuerpos celestes que orbitan el Sol a más de 30 unidades astronómicas (UA), la distancia media que separa al Sol de Neptuno y equivale a 4.500 millones de kilómetros. Los objetos que se han descubierto hasta el momento en esta región del sistema solar tienen tamaños muy dispares. Unos pocos son similares a Plutón y superan el millar de kilómetros de diámetro, como los planetas enanos Eris, Makemake o Haumea, pero la inmensa mayoría de los más de 2.500 TNOs que se han catalogado tienen diámetros que rondan entre algunas decenas de kilómetros y varios centenares.

Mundos lejanos de hielo y roca

Aunque la existencia de miles de cuerpos celestes así de grandes en los confines del sistema solar puede resultar impactante, lo cierto es que los TNOs conocidos representan una fracción minúscula de todos los que podrían existir en esta región. Estos objetos forman dos «anillos» de alrededor del Sol: el llamado «cinturón de Kuiper», que se extiende desde las 30 hasta las 50 UA de nuestra estrella, y el «disco disperso», que abarca la región comprendida entre 30 a 100 UA. Para dar una idea del número de TNOs que existen, se estima que sólo el cinturón de Kuiper podría albergar más de 100.000 objetos con un diámetro superior a los 100 kilómetros y millones de cuerpos más pequeños.

Los TNOs son muy distintos a los planetas rocosos interiores, que poseen un núcleo metálico denso rodeado de un manto de roca. El motivo es que, al haberse formado tan lejos de nuestra estrella, estos objetos están compuestos principalmente por roca y sustancias volátiles congeladas, como el agua, el nitrógeno, el amoniaco y una gran variedad de compuestos orgánicos. Los cuerpos más grandes de esta región poseen un núcleo rocoso cubierto por un manto de material congelado, pero los más pequeños no tienen un campo gravitatorio lo bastante intenso como para que su interior se haya diferenciado y su estructura es una mezcla más uniforme de hielo y roca.

Ultima Thule, un objeto transeptuniano fotografiado por la sonda New HorizonsNASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute/Roman Tkachenko

Este alto contenido en compuestos volátiles impide que existan cuerpos similares a los TNOs en el sistema solar interior, donde el calor de nuestra estrella los vaporizaría. De hecho, los cometas ejemplifican muy bien cuál sería el destino de un TNO que se acercara demasiado al Sol, ya que muchos cometas son objetos del disco disperso que se adentran hacia el sistema solar interior después de que su órbita se vea perturbada. A medida que estas masas de hielo y roca se acercan a nuestra estrella, las sustancias volátiles de su superficie se calientan, se vaporizan y escapan al espacio formando una característica «cola» de gas. De esta manera, los cometas van perdiendo masa hasta que se desintegran.

¿El futuro hogar de la humanidad?

Dado que los TNOs sólo pueden existir en los fríos confines del sistema solar, a primera vista no parece que estos cuerpos helados sean un buen lugar donde establecer una colonia humana... Pero esa impresión podría estar equivocada.

Al fin y al cabo, estos objetos poseen grandes cantidades de sustancias volátiles congeladas (como agua, nitrógeno o diferentes compuestos orgánicos) que son muy útiles tanto para la vida como para fabricar combustible y se cree que algunos planetas enanos de esta región incluso podrían llegar a albergar océanos de agua líquida bajo su superficie. Además, excavar una base subterránea en la que resguardarse de las inclemencias del espacio sería una tarea mucho más sencilla en el suelo helado de uno de estos objetos congelados que en un planeta rocoso. De hecho, Kenneth I. Roy et al llegaron a la conclusión de que sería posible «vaciar» estos pequeños cuerpos celestes, llenar su espacio interior de gas y colonizar sus paredes internas.

Por supuesto, colonizar el cinturón de Kuiper o el disco disperso a estas escalas requeriría cantidades de energía a unas magnitudes que no se pueden obtener en el oscuro extrarradio del sistema solar. Este problema se podría resolver de forma temporal transportando generadores de fisión nuclear desde el sistema solar interior, pero, con el tiempo, el desarrollo de dispositivos que produzcan energía a través de la fusión nuclear del hidrógeno, un elemento muy abundante en esta región del espacio, debería proporcionar energía más que suficiente a estas colonias hipotéticas para convertir los millones de objetos congelados de los confines del sistema solar en hogares relativamente acogedores… O, mejor aún, en las bases que nos permitirán dar el salto hacia las estrellas.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Plutón no se catalogó como «planeta enano» por capricho. Tras el descubrimiento de otros objetos con órbitas, composiciones y tamaños similares a los de Plutón en los confines del sistema solar, todo indicaba que se trataba de otra clase de cuerpos celestes que compartían características comunes.

BIBLOGRAFÍA: