Sociedad

La superluna no existe, es márquetin

De vez en cuando las noticias se llenan con anuncios de un sonoro evento astronómico: las superlunas. Sin embargo, no se trata de un concepto científico y en ellas hay más bulo que realidad.

Superluna fotografiada sobre Cerro Armazones (Chile)
Superluna fotografiada sobre Cerro Armazones (Chile) J. Mencisom

A todos nos gustan las cosas especiales. Las que destacan por encima de la media en cualquier aspecto. Nos vuelven locos los récords y los rankings y hay quien se aprovecha de ello. Por eso, cuando escuchamos algo así como “superluna” no podemos evitar que un poco de emoción recorra nuestros cerebros. La describen como más grande, más brillante y ya puestos, hasta mágica. Sin embargo, vez tras vez, quienes caen en el embrujo de los titulares vuelven de ver la Luna con indiferencia o incluso decepción. El motivo es sencillo, las superlunas no existen, pero llaman la atención.

Una superluna, según nos cuentan, ocurre cuando nuestro satélite está en fase llena y especialmente cerca de nosotros. Poco más nos dicen sobre ello, en todo caso se adereza el llamativo nombre con algo más de poesía, como “superluna de sangre” o “superluna de nieve”. Enfrentados a esta moda se encuentran los astrónomos profesionales y aficionados, aquellos que realmente conocen al astro y le rinden culto cada noche que pueden, tomando los telescopios y desplegándolos bajo su tenue brillo. Ellos tienen un nombre mucho menos místico que darle a este fenómeno: perigeo-sizigia. Pero lo que diferencia ambos conceptos va mucho más allá del propio nombre.

Astrología y otros bulos

El origen del concepto de superluna se remonta a la astrología, una pseudociencia que pretende leer el futuro y conocer el presente a través de la posición que muestran los astros en el firmamento. Todo parecido con la ciencia es puro espejismo. Se trata de una antigua hermana de la astronomía, la verdadera ciencia capaz de desentrañar las respuestas del cosmos y que ha conseguido llevarnos más allá de nuestra pequeña roca, trayéndonos imágenes de los propios confines de nuestro Sistema Solar. Mientras tanto, la astrología se restringe a horóscopos, tarotistas y adivinos. Ninguno de ellos ha demostrado que sus supuestos saberes sean capaces de hacer lo que afirman: ni adivinar, ni predecir el futuro, ni siquiera conocer el pasado.

Texto astrológico del pueblo Ersu escrito en la lengua pictórica "Shaba"
Texto astrológico del pueblo Ersu escrito en la lengua pictórica "Shaba" Creative Commons

No obstante, estas pseudociencias siguen proliferando y muchos de sus términos se han hecho hueco en nuestro día a día. La creencia de que la Luna llena desencadena el parto, accidentes o incluso brotes psicóticos es pura fantasía más que desmentida por miles de datos de cruda realidad. En cualquier caso, es posible que esto ya lo sepas y que dieras por hecho que la superluna no trae consigo ningún tipo de profecía o poder místico, pero, si describe un fenómeno real ¿qué más da cómo le llamemos?

El aumento es inapreciable

Hay que reconocer que la Luna sí se ve más grande durante este fenómeno. El hecho de estar llena ya nos hace percibirla en todo su esplendor, como un ave que ahueca su plumaje e hincha su pecho para parecer más grande. Pero, a fin de cuentas, no es tan especial. Cada 29,53 días la Luna completa un ciclo entero, lo cual significa que casi todos los meses tenemos (al menos) una Luna llena pavoneando su blancura desde la negra noche. Dicho de otro modo, una Luna llena es lo que ocurre cuando los tres astros se sitúan en una línea recta (a lo que llamamos sizigia) estando nosotros en el medio. Los rayos del Sol bañan un lado de la Tierra y pasan de largo, rebotando contra la superficie de nuestro satélite y volviendo a la superficie por el lado contrario, en el cual es de noche. La Luna nueva ocurre cuando es nuestro satélite el que se interpone entre el Sol y nosotros, y el resto de las fases lunares son puntos intermedios.

La gran diferencia es que estos ciclos no lo son todo, porque la órbita de la Luna no es circular, sino alargada, elíptica. Como nosotros no estamos en el centro de la elipse, sino en uno de sus focos, hay ocasiones en que la Luna está más cerca (perigeo) y otros en que se encuentra más lejos (apogeo). Entre un perigeo y otro pasan unos 27,32 días, y esa es la clave. De vez en cuando, el apogeo y la Luna llena, el ciclo de 29,53 y 27,32 coinciden, dándonos una Luna aparentemente más grande. Al menos esa es la teoría y no debería importarnos si le llamamos superluna o perigeo-sizigia, si no fuera por otro pequeño detalle. Porque que sea más grande no significa que tú la percibas más grande.

Esquema de la órbita elíptica de la luna como una elipse con la Tierra (3) en uno de sus focos. El perigeo es el punto más cercano de su órbita (2), y el apogeo la (1)
Esquema de la órbita elíptica de la luna como una elipse con la Tierra (3) en uno de sus focos. El perigeo es el punto más cercano de su órbita (2), y el apogeo la (1)

Perfecto, pero ¿cómo de grande?

Se trata de un tema de cantidades. Pensemos en Pau Gasol, es realmente grande con sus 2 metros 16 centímetros, pero, si encogiera mañana un centímetro, ¿crees que podrías notar la diferencia a simple vista? La Luna mide 3474 kilómetros de lado a lado y la diferencia de distancia entre su apogeo y su perigeo es de 50.000 kilómetros. Parece intuitivo pensar que, por enorme que sea la Luna, con este cambio tan radical de distancias tendríamos que notar una diferencia. Todos nos enteraríamos si Pau Gasol encogiera 20 centímetros de golpe, ¿no?. Sin embargo, hay otro punto a tener en cuenta, porque, ¿a qué distancia está de nosotros? Es curioso lo fácil que es subestimar esa distancia, de hecho, te propongo que trates de adivinarlo antes de seguir leyendo.

¿Lo tienes? Perfecto. Es posible que me equivoque, pero estoy bastante seguro de que te has quedado por debajo de la realidad, porque el perigeo, el punto en que más cerca está de nosotros, está a unos 362.600 kilómetros. Comparado con esto, un cambio de 40.000 comienza a parecer poco importante. Tal vez esos 20 centímetros que ha encogido Gasol no sean tan evidentes si le estamos viendo a 500 metros de distancia. Pero hay más, porque como comprenderás, es casi imposible que una Luna llena, con su frecuencia de 29,53 coincida exactamente con el punto exacto en que el satélite está más cerca de nosotros. La verdad es que cuando se habla de superlunas o Lunas en perigeo sizigia estamos hablando de forma aproximada, por lo que esa diferencia de 40.000 kilómetros es incluso menor.

Y aquí viene el dato, la diferencia de tamaño entre la Luna en su perigeo y la media del resto del año es, aprovechando la comparación popularizada por el astrofísico Neil deGrasse Tyson, es como recortar medio centímetro al borde de una pizza familiar. Una diferencia que, desde luego, la inmensa mayoría de personas no podría reconocer a simple vista.

Y si esto no te convence, sigue leyendo, porque hay un argumento mejor. Aunque la Luna en su perigeo estuviera realmente a 365.000 kilómetros, el día anterior no habría estado muy lejos de esa distancia. La Luna avanza de forma progresiva, no a trompicones, por lo que para notar la diferencia de un día para otro deberías tener un ojo realmente agudo y una memoria colosal.

Comparación de una superluna del 19 de marzo de 2011 (derecha) y una Luna de tamaño medio tomada el 20 de diciembre de 2010 (izquierda).
Comparación de una superluna del 19 de marzo de 2011 (derecha) y una Luna de tamaño medio tomada el 20 de diciembre de 2010 (izquierda). Marco Langbroek

Tú, tu cerebro y sus inconvenientes limitaciones

Sin embargo, hay algo que no se puede negar, y es que muchas personas dicen haber visto una superluna, haber notado la diferencia e incluso tienen fotografías que lo demuestran. ¿Cómo explica esto la ciencia?

Lo cierto es que las limitaciones de nuestro cerebro están muy bien estudiadas y sabemos cómo las expectativas pueden influir en nuestra percepción alterando nuestros sentidos. La expectación generada por los medios y vivir la experiencia en grupo pueden alimentar este tipo de sesgos, haciendo que juremos y perjuremos haber visto una Luna mucho mayor de lo habitual, porque, en realidad, así la hemos visto, solo que no por el perigeo, sino por haber estado “condicionados” a verla así.

En cuanto a las fotos, es sencillo. Internet selecciona las imágenes más impactantes, aquellas que consiguen suficientes likes para abrirse camino hasta tus recomendaciones. Para conseguirlo existen tres formas, la primera es el factor aleatorio, la suerte, pero eso no nos interesa. El segundo es editar la imagen aumentando artificialmente el la Luna, pero esa parece bastante obvia y engorrosa. La más frecuente, es la tercera vía, la más inocente. Y es que, si fotografiamos a la Luna justo sobre el horizonte, como suele ocurrir con las superlunas, esta parecerá mucho más grande que en las alturas debido a un efecto óptico llamado “ilusión de Ebbinghaus”.

Así que, ahora ya lo sabes, la superluna no existe. Al menos no como nos la presentan. Lo que sí se ha vuelto realidad es la superluna como fenómeno que toma cuerpo solo en nuestras cabezas. La superluna como una profecía autocumplida que una y otra vez se vuelve viral y consigue que, al menos, levantemos la vista de nuestras pantallas para mirar el cielo, con suerte picándole a alguien la curiosidad por el universo.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La superluna no es un concepto científico y la diferencia de tamaño es casi imperceptible por el ojo humano.
  • La Luna llena no tiene ningún efecto sobre nosotros. No importa cuánto se busque, todos los bulos al respecto han sido sistemáticamente desmontados.

REFERENCIAS (MLA):

  • Carroll, Bradley W., and Dale A. Ostlie. An Introduction To Modern Astrophysics.