Sociedad

China enfurece contra Elon Musk al tener que esquivar su controvertida megaconstelación de satélites

Los Starlinks están llenos de problemas y este es solamente uno más, las amenazas hechas realidad, apuntando que hará falta legislar el lanzamiento de satélites más pronto que tarde.

FILE PHOTO: SpaceX owner and Tesla CEO Elon Musk listens during a conversation with legendary game designer Todd Howard (not pictured) at the E3 gaming convention in Los Angeles, California, U.S., June 13, 2019.  REUTERS/Mike Blake/File Photo
FILE PHOTO: SpaceX owner and Tesla CEO Elon Musk listens during a conversation with legendary game designer Todd Howard (not pictured) at the E3 gaming convention in Los Angeles, California, U.S., June 13, 2019. REUTERS/Mike Blake/File Photo FOTO: MIKE BLAKE REUTERS

Elon Musk ha puesto en peligro a la estación espacial china y no una vez, sino en dos ocasiones durante los últimos seis meses. Siendo precisos y omitiendo ese recurso de la parte por el todo, no ha sido directamente Elon Musk, sino uno de los proyectos más famosos de la empresa Space X, de la cual Elon Musk es fundador, CEO y CTO. Podríamos decir que el magnate es, junto con la presidenta Gwynne Shotwell, una de las dos figuras más importantes de la compañía. El proyecto en cuestión que ha puesto en riesgo a la estación espacial china y a sus tripulantes ha sido Starlink, una iniciativa conocida por no contar con demasiados apoyos entre la comunidad de astrónomos, que se han visto obligados a poner el grito en el cielo en más de una ocasión. En resumen, el proyecto persigue crear una megaconstelación de satélites para mejorar las comunicaciones terrestres. Y cuando hablamos de megaconstelación no estamos exagerando, sino que se planea poner en órbita varias decenas de miles de satélites durante los próximos años.

Los problemas de esta iniciativa son muchos. Por un lado, que a pesar de lo que Starlink suele comunicar a los medios, sus cálculos apuntan a que el coste del internet proporcionado por estos satélites será prohibitivo y, por lo tanto, no resolverá los problemas de cobertura en el tercer mundo. Por otro lado, afectan a la observación astronómica, lo cual no solo repercute en nuestro conocimiento del cosmos, sino en nuestra capacidad para mantener vigilados objetos potencialmente peligrosos, como asteroides y cometas. Finalmente, y este es el punto central que ha desencadenado el conflicto con China, el peligro que supone añadir más objetos a la órbita terrestre, aumentando la posibilidad de que se produzcan choques y que estos, a su vez, desencadenen una suerte de reacción en cadena que pueda terminar afectando a todas nuestras comunicaciones por satélite. Estamos hablando del síndrome de Kessler.

La ley del espacio

Hace unos años hablábamos con socarronería de aquellas iniciativas que perseguían aplicar políticas al espacio y legislar nuestra actividad en él. Lo que no entendimos es que, aunque fueran como pollo sin cabeza, el fondo no solo era bueno, sino que era de suma necesidad. Se preparaban para un momento en que la tecnología y el mercado nos permitiera democratizar el espacio, sacarlo de los gobiernos de Estados Unidos y Rusia y hacer que otros países fueran partícipes. China, Japón, Israel, Emiratos Árabes, todos ellos ya tienen un programa espacial sorprendentemente sólido.

Pero el progreso ha seguido y de los países el control del espacio ha pasado a las manos privadas. Durante los últimos meses, Space X, Virgin Galactic o Blue Origin han cosechado multitud de logros a base de talonario. Incluso nosotros contamos con una novísima empresa del sector espacial con base de lanzamiento en Huelva, la PDL space, con sus cohetes Miura.1 y Miura 5. Todavía está en desarrollo, pero la realidad es que empiezan a existir estas propuestas por doquier.

Y hablando de miuras, la realidad es que nos ha pillado el toro. Aquellas chanzas eran cortas de mira y ahora nos encontramos con un problema para que el que no hemos legislado. Porque a pesar de que desde 1967 existe un tratado sobre el espacio ultraterrestre (al cual se adscribe tanto EE.UU. como Rusia), este es bastante laxo y, en cuanto a estos aspectos, solo prohíbe el uso y almacenaje de armas nucleares por encima de los 100 kilómetros de altitud.

Responsabilidades a toda costa

Lo que China pide es que, mientras no se regule esto de una manera más estricta, sean los gobiernos bajo cuyo mandato se desarrollan esas actividades privadas (EE.UU. en caso de los Starlink) quienes asuman la responsabilidad de los posibles peligros ocasionados por estas tecnologías. De hecho, no podemos olvidar que la empresa de Musk cuenta con el permiso de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos para lanzar los más de 1600 satélites que ya ha puesto en órbita y que ya le ha concedido lanzar 12.000 más.

Por otro lado, cabe recordar que China no está libre de pecado. Y si bien no puede tirar la primera piedra, lleva décadas tirando otras cosas al espacio, contribuyendo notablemente a aumentar la cantidad de basura espacial que orbita a nuestro planeta. Los cálculos más recientes indican que, actualmente, hay unos 5400 objetos de un metro de diámetro orbitando a nuestro planeta, otros 34000 superan los 10 centímetros de largo, 900000 de más de un centímetro y más de 130 millones por encima del milímetro de envergadura.

La cantidad de basura y satélites está creciendo más vertiginosamente que nunca y, por amplios que sean los alrededores de nuestro planeta, todas estas piezas orbitando suponen un grave peligro, porque, inevitablemente, terminan frenando su velocidad, cambiando su trayectoria y aumentando la probabilidad de que colisionen entre sí o, como acabamos de ver, con una estación espacial como la China, donde no solo hay tecnología, sino personas. Tal vez sea hora de dejar el sarcasmo y legislar por nuestro futuro, pero, sobre todo, por nuestro presente.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • El espacio es tierra de nadie y, tal vez por eso, lo consideremos una tierra sin ley, pero ambas cosas son bastante diferentes. Lejos de tratarse de un lejano Oeste, el espacio cuenta con sus propios tratados y leyes que se remontan a 1967. Sin embargo, esto no significa que todo esté regulado. De hecho, se trata de una normativa bastante laxa y que, si algún estado o particular se propusiera evadirla, podría hacerlo sin demasiado problema. Lo cierto es que tenemos muy interiorizado que solo hemos empezado nuestra aventura espacial y que, por lo tanto, la tecnología de mañana dejará en ridículo a la que hoy tenemos por puntera. Eso mismo ocurrirá con todos los demás aspectos de este éxodo terráqueo: los aspectos sociológicos, artísticos y, por supuesto, legislativos.

REFERENCIAS (MLA):