Sociedad

Más de 50 000 años de arte en estas cuevas de Málaga

Investigadores de varios países han estudiado restos de diferentes cuevas andaluzas y sus resultados muestran la presencia de humanos modernos hace más de 50 000 años

Reconstrucción artística de 1920 de neandertales de Le Moustier
Reconstrucción artística de 1920 de neandertales de Le Moustier FOTO: Le Moustier Dominio Público

La región que ahora comprende Andalucía fue una zona prolífica en poblaciones de homínidos durante la prehistoria. No es difícil imaginar sus tierras bañadas por numerosos ríos y bosques que ofrecían el cobijo y el sustento perfecto para nuestros antepasados. En consonancia con este paisaje idílico, los yacimientos de la época muestran cómo la cultura florecía y cambiaba según iban sucediéndose las generaciones e iban pasando los siglos. Dichos yacimientos se encuentran protegidos de las inclemencias del tiempo por formaciones naturales, como cuevas y abrigos, aunque estas defensas muchas veces no han sido suficientes ante vándalos que han querido dejar su marca, destrozando, así, una obra de valor incalculable. Entre los ejemplos de arte rupestre más notables destacamos la cueva de la Pasiega, donde se encuentran trazos de hace al menos 64 800 años, o la silueta de una mano que podemos encontrar en la cueva de Maltravieso y que se estima que un homínido apoyó ahí hace 66 700 años.

20 000 años antes que el resto

La importancia de estos restos de humanos modernos radica en que son 20 000 años más antiguos que los que encontramos en otras partes de Europa, por lo que han supuesto una nueva forma de entender cómo el humano moderno se expandió por el continente y llegó a conquistar todas las regiones del globo. Para tratar de comprender estos movimientos, un equipo de investigadores de diferentes países liderado por miembros de la Universidad de Cádiz y del Neanderthal Museum de Mettmann (Alemania) ha realizado excavaciones por Andalucía para datar y contextualizar los diferentes restos de la zona.

Las últimas noticias provienen de la cueva de los Ardales, un yacimiento paleolítico de gran importancia con un rico inventario de arte rupestre. En 2011 comenzaron las excavaciones en la entrada de esta cueva, donde se encuentra un gran número de pinturas rojas y restos de ocre que no representan figuras reconocibles. Tras esto, se fueron explorando otras zonas que aportaron más información sobre la vida prehistórica del lugar. Lo más interesante de las dataciones de las pruebas es que muestran que la cueva no fue habitada durante largos periodos de tiempo, si no que su ocupación ha sido discontinua y abarca desde hace unos 65 000 años durante el Paleolítico Medio hasta el Neolítico.

Se trata de un trabajo titánico donde artefactos y pinturas se han de analizar minuciosamente y datar mediante técnicas radiométricas que permitan acotar la edad en un rango razonablemente certero.

Localización de la Cueva Ardales en Andalucía
Localización de la Cueva Ardales en Andalucía FOTO: José Ramos Muñoz Creative Commons

Lo que cuenta la radiación

Para averiguar cuándo se realizaron las pinturas la radiación es nuestra aliada; un claro ejemplo de esto es la prueba del carbono-14. Los seres vivos están constantemente tomando carbono, bien sea mediante fotosíntesis en las plantas o mediante consumo de otros seres vivos. Este carbono puede ser 12, 13, o 14 según la cantidad de neutrones que tenga el átomo en su núcleo (6, 7 u 8 respectivamente). El carbono-14 actúa químicamente igual que el 12, pero es radiactivo y tiene una vida media de 5730 años, es decir, que si tenemos 1kg de carbono-14 y lo guardamos durante 5730 años, al volver a medirlo tendremos 0,5kg de carbono-12 y 0,5kg de carbono-14. Este carbono radiactivo se habría acabado hace mucho en La Tierra si no fuese porque se crea constantemente gracias al bombardeo de rayos cósmicos que se producen entre 9 y 15 km de altura en la atmósfera. Según se forma, se reparte por todo el planeta en forma de CO₂ y es absorbido por los seres vivos.

Una vez esos seres vivos dejan estarlo y, por tanto, dejan de consumir carbono, el carbono-14 que hay en sus tejidos comienza a desintegrarse y convertirse en carbono-12. Por tanto, si sabemos cuál debería de ser la concentración de carbono-14 en el tejido si estuviese vivo, cuál es la concentración actual del tejido y que la vida media es de 5730 años, podemos averiguar la edad de los restos. Si tiene la mitad de lo que debería, la muestra tendrá 5730, si tiene un cuarto, 11460 años y así hasta el límite de detección, que es aproximadamente 60 000 años.

Pero estos restos no son orgánicos

En este caso, el método utilizado ha sido el del uranio/torio, que se basa en dos propiedades de estos elementos. La primera es que el torio no es soluble en agua, sin embargo, el uranio sí. Esto hace que, en las cuevas, las gotas que se filtran y forman formaciones calcáreas como estalactitas y estalagmitas vayan acumulando cierta cantidad de uranio, pero nada de torio. La segunda propiedad es que tanto el uranio como el torio son radiactivos; lo que significa que se desintegran espontáneamente con el tiempo. El uranio-234 decae en torio-230 y a su vez este torio decae en radio-226. Por tanto, se va formando y destruyendo torio constantemente hasta encontrar el denominado “equilibrio secular”, que es que se forma la misma cantidad de torio que se destruye. En definitiva, esto permite a los científicos acotar la edad que tiene una muestra de una cueva sabiendo la cantidad de uranio y torio que hay en ella.

Hace mucho, mucho tiempo en una cueva

Lo interesante y lo que nos cuentan los restos analizados es que probablemente los Neandertales entraron en la cueva hace 65 000 años y dejaron muescas relacionadas con el mantenimiento de herramientas tanto en las paredes como en otras superficies. Tras esto, la cueva se iba ocupando y posteriormente abandonando durante largos períodos de tiempo, incluso cientos o miles de años. Este ir y venir de gente continuó hasta el periodo Neolítico, cuando, según demuestran los restos humanos encontrados, se comenzó a utilizar como lugar para practicar ritos funerarios. Otra prueba que soporta esta hipótesis es la calidad y la naturaleza de otros materiales datados en las mismas fechas, porque difieren bastante con los utilizados en las actividades domésticas del día a día.

En definitiva, todas las pruebas indican a que la cueva de los Ardales era un lugar en el que no se realizaba vida diaria, pero sí que se utilizaba para esculpir roca, realizar actividades artísticas y, finalmente, para practicar sus cultos funerarios. En palabras de los propios autores: “Nuestra investigación presenta una serie de más de 50 fechas radiométricas en la Cueva de Ardales que confirman la antigüedad del arte paleolítico desde hace más de 58 000 años. También confirma que la cueva fue un lugar de actividades especiales vinculadas al arte, ya que se descubrieron numerosos fragmentos de ocre en los niveles del Paleolítico Medio”. Y es que hay que ver... ¡Qué arte tenían los andaluces hace ya 50 000 años!

QUE NO TE LA CUELEN

  • Antes se daba por hecho que el Homo neanderthalensis era nuestro antepasado y que evolucionó hasta el Homo sapiens, después se averiguó que ambas especies convivieron durante el mismo tiempo, pero se pensaba que no compartieron territorio. Ahora sabemos que sí que compartieron territorio y que incluso hubo intercambios culturales y de genes entre nuestros antepasados y estos homínidos, lo que se refleja en nuestro ADN, que incluye entre un 1% y un 4% de neandertal.

REFERENCIAS (MLA)