¡Qué lástima!

Una cosa es reivindicar la localización de los cadáveres de personas fusiladas en la Guerra Civil y otra pretender el cambio de la Historia. La actuación de los responsables de la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica está demostrando que, además de lo primero, también están empeñados en lo segundo. Así se desprende, al menos, de algunas iniciativas como la última de retirar de los cuarteles de la Guardia Civil el cartel que, como santo y seña, preside la puerta de todos ellos: «Todo por la Patria».

La calificación de franquista no pasa una mínima auditoría cultural. Como bien recordó la Unión de Oficiales de la Guardia Civil, el lema surgió durante la Guerra de la Independencia Española contra el Ejército napoleónico entre los años 1808 y 1814, fechas en las que Franco ni siquiera había sido concebido. Entiendo el dolor de los descendientes de las víctimas del bando republicano. No comprendo que no tengan el mismo derecho los asesinados del denominado como bando nacional. Conozco personas con antepasados ejecutados por los vencedores. También algunas cuyo abuelo y su hermano fueron apresados y la última vez que la familia pudo verlos fue en una checa de la valenciana calle Martínez Cubells. O disparado en su dormitorio por tener imágenes católicas. Por no hablar de Paracuellos. Me apena lo uno y lo otro.

Vistos los acontecimientos tras la creación de la Ley de la Memoria Histórica, no dudo del propósito avieso de Rodríguez Zapatero. Con la norma se dinamitó el espíritu de la Transición y resucitó el fantasma de las dos Españas, removiendo el odio de la una contra la otra. La llegada de Podemos al escenario político, agravó la situación. ¡Qué lástima! Hagamos justicia, pero para todos. Y sobre todo, por más que algunos quieran dinamitarlo, aprovechemos el espíritu de la reconciliación y el consenso que instauró la Transición. Así es la vida.